"Caminé por varias horas anoche, me acompañaste a cada paso, imaginé que estabas allá en aquel país de ensueño al que te fuiste, y en el que decidiste permanecer para siempre, imaginé que hablabas por largas horas con tus nuevos amigos, imaginé que quizá conociste a alguien de quien te puedas enamorar, quien le puedas besar, abrazar y acariciar, alguien que comparta contigo un atardecer, y un millón de albas...
Caminé hasta cansarme, para que el cansancio venza mi ansiedad, y el sueño suspenda mis pensamientos, que mi corazón ya no lata tan deprisa y deje de bombear este amor que parece consumirme...
Llegué tarde a casa, me tumbé sobre la cama, ésa que nunca usé contigo, abracé la almohada, como un naufrago abraza un trozo de madera, recosté mi cabeza, pensando que así recostaba también los recuerdos, que los dejaba abajo, pero es imposible luchar con ésta casa embrujada en la que habita tu hechicería...
Lo cierto es que tal vez ni siquiera pienses un poquito en mí, que hago parte de un lejano recuerdo imperceptible para el corazón anquilosado de orgullo que ahora ocupa tu pecho...
Y yo, seguiré muriendo, poco a poco al amor que te tengo, le dejaré agonizar, lenta y profundamente, de la manera más cruel imaginable, a ver si ésta muerte lenta, paga el karma de haberte dado tanto de mí...a cambió de un adiós frío y silente...