miércoles, 11 de febrero de 2015

"-Finalmente pasó, lo que me dije tantas veces que no pasaría.
Se han dormido en mi las emociones, estoy en la caducidad de los sentidos.
Permanezco aletargado, aturdido por la realidad que pasa sobre mi cabeza como un pesado tren, en cuyos vagones van de pasajeros los recuerdos y las memorias, de aquel triste y doloroso pasado.
Las arrugas en mi rostro, no son otra cosa que las huellas que deja a su paso el tiempo, el tiempo que pisa con pie de hierro.
El sol ya no calcina mi piel, pues mi refugio es la casa de donde no salgo sino para comprar lo que necesito para sobrevivir, al hambre, la peste, la gente y la estupidez colectiva.
Me he vuelto un ermitaño, he decidido huir del mundo y su película barata, de guerra, odio generalizado, causado por una ignorancia generalizada y una idiotez generalizada, todo en este mundo que me rodea y asfixia está generalizado; menos el sentido común y la caridad por el más débil.
Así que he dejado de repasar mis propias heridas y de apuntar con el dedo en la "paja" ajena.
He preferido esculcar mis entrañas y hallar allí la hediondez de existir como todos los que bailan como marionetas en este carnaval de máscaras y apariencia, que llaman vida.
Entonces acá estoy desconociéndome con el paso de los días, mirándome al microscopio de la autocrítica, ésa que me desmantela y me deja al desnudo y en la vergüenza de mi naturaleza.
Digamos que carezco de total autoridad moral para juzgar a mis congéneres, por más asesinos y violadores que sean, por más ladrones e infames, por más mezquinos e hipócritas.
Me dejo entonces llevar por el momento, uno con un sabor amargo y eterno, uno adobado con sal de olvido y pimienta de memoria.
Estoy encartado conmigo, con todo lo que fui y ahora soy, no se de donde vengo ni para donde voy.
En el extravío sigo los pasos que me marcan los días y veo el sol salir y desaparecer y con el los respiros, los sueños en mis bolsillos y las ganas de volver a sonreír.
Mas así están las cosas, sin la perspectiva racional de un afortunado desenlace.
Por lo que el azar es como es, incierto e impredecible.
Solo hay algo cierto, mi vacío, lo hueco y estéril de mi ser, un espacio que no lo ocupa nada.
Me voy a la cama, como yendo a la tumba y el sueño no es el descanso de la muerte, es el purgatorio de mi alma en pena, de un fantasma irredento, es mi pesada carga, el fardo que llevo a cuestas, el karma de andar incompleto, con la sensación permanente de que me hace falta algo, y ése algo soy yo mismo.-"