EL PARCHE
Ocurrió en una noche típica de viernes, cuando menos, común para quienes están acostumbrados a "juerguear", "rumbear", "parchar", pasó en una ciudad cualquiera, en una discoteca cualquiera...
Un grupo de muchachos, comunes y corrientes, estudiantes algunos, otros sin profesión, otros con los bolsillos llenos de ideas, más que de dinero, otros con la boca llena de mentiras y tonterías, más que con inteligencia en su masa encefálica.
Todos reunidos alrededor de unas cervezas, que pierden su frío y sabor en las manos, unos cuantos cigarros, y la tradicional y trillada tertulia, de autos, fútbol, trabajos académicos, rutina masculina, e historias de sexo casual con chicas que no alcanzaron a conocer, sino en ese aspecto.
Todos con el propósito de darle rienda suelta a la lujuria, y el deseo libidinoso de encontrar pareja aquella noche, para "rematar" la faena y el diálogo sexual constante de sus mentes masculinas, alimentado por el constante paso de mujeres hermosas, que se cruzan por entre el tumulto que forman a la salida de la disco.
Parecían indecisos al principio, prolongando la espera, como a la expectativa de algo extraordinario, o simplemente esperando que el frío lograra persuadirlos de entrar finalmente al antro.
De repente, un grupo de hermosas chicas, perfectamente maquilladas y sexys, se aproximó a aquella discoteca, conversaban entre sí, se reían, se miraban y se acicalaban, buscando estar presentables para ingresar al sitio, se preguntaban mutuamente, por el estado de sus ropas, la combinación de su calzado con el atuendo, si aún conservaban los zarcillos en sus orejas, si el labial no se había derruido, si el lápiz de pestañas había cumplido su cometido, en fin, la típica conversación femenina, en la que sobresalen muchas cosas del aspecto y no de la esencia, conversación carente en apariencia de interés por los "masculinos", pero que cuyo final objeto en últimas es llegar a impresionar al sexo opuesto.
Las chicas desfilaron una a una, como en una pasarela al interior de la disco, los muchachos las escanearon de pie a cabeza, y hasta tomaron atenta nota mental, de los atuendos, pero por sobre todo, de las curvas de cada una de ellas.
Fué entonces cuando casi mecánicamente, despertaron del letargo, arrojaron los cigarrillos y las botellas vacías de cerveza, y por inercia hipnótica, entraron también detrás de las chicas.
Allí estaba Juan, el típico muchacho con más testosterona en sus cojones que neuronas en el cerebro, el típico "galán de vereda" que a la que no mata deja boba, impregnado hasta el cabello, con el aroma de la loción del papá o del mejor amigo, dependiendo quien haya dado papaya primero, con la típica camisa que se abre mostrando la vellosidad del pecho, para demostrar que esa proteína si se comió desde la infancia, y que garantiza a la interesada, la masculinidad absoluta del ser que la exhibe con orgullo, el rostro de Juan, nada mal, con una barba de varios días, le hacía atractivo ante la chica promedio, no había grasa abdominal de la cual sentirse acomplejado, mas su mayor orgullo, pensaba él yacía aletargado, a la espera de una "presa", en el interior de su "bóxer" rojo.
En aquel grupo también estaba Estéban, un tipo más o menos silente, estaba con ellos más por no estar solo que por compatibilidad de caracteres, si bien, participaba de las charlas insulsas de sus compinches, sentía en su interior, que aquella vida de juerga, de fines de semana embriagado, no hacía más que distraerle sin propósito, sin recompensa para la mente, o el alma, así hubiese recompensa para el cuerpo.
Se deleitaba en observar a las chicas, a los "parceros" y sus intentos desesperados por "ligar" a la primera, era el testigo de jocosas faenas de conquista y flirteo, algunas con aparente éxito, otras con fracasos rotundos, Estéban solo observaba, parecería que estaba a la espera de alguna oportunidad, la música envolvía el ambiente, el humo artificial, las luces, y la algarabía de las chicas, le parecían un espectáculo encantador.
De vez en cuando vencía su timidez y bailaba con alguna chica, un "hola, ¿como te llamas? y un "gracias, hasta pronto", lo que dura una canción, y de nuevo a su roll de espectador.
Juan, había quedado prendado de una de las chicas que vió al entrar a la disco, y ya había urgido un plan para "caerle", la había estado observando cerca de 30 minutos y parecía adivinar el tipo de canciones que le gustaba bailar, no lo pensó mucho, y cuando empezó a sonar la siguiente canción, se le acercó, extendió su mano, con una extraña venia, la chica sonrió y aceptó su invitación, fué allí donde la música poseyó sus sentidos, ambos se dejaron llevar y lo que comenzó como un baile de reconocimiento, llevado con cierta timidez, se torno en algo voluptuoso y sensual, la música les drogó los sentidos y ambos convulsionaron en una danza sensual, en la pista de aquella disco.
Bailaron por cerca de 20 minutos, luego cuando el cansancio y el dolor en los pies de la chica le hicieron salir de la danza para buscar la comodidad de una silla de la disco, el la siguió y se presentó con el resto de sus amigas, ellas le observaron con curiosidad y algo de picardía, pero pronto comprendieron en sus aires chabacanos su sobradez sobre actuada y sus ademanes de macho cabrío, que aquél hombre andaba en busca de un "desliz" y no de nada "serio", he aquí la falacia de quienes buscan su media naranja en discotecas, y sitios de placeres tan efímeros, como los cigarros que suelen fumar.
Sin embargo engañarse sería creer que ninguna de ellas sintió deseo de "pasarla bien", solo "pasarla bien", con aquel prospecto, no así María, que le resultó bastante incómoda la actitud "chicanera" de Juan, si bien disfrutó de los 20 minutos de baile, casi erótico, ello no le daba pié a Juan para suponer que se iría con el a la cama esa noche, una vez terminada la "rumba".
Ella fingió necesitar ir al baño y así lo hizo, Juan por su parte se quedó un rato más sentado, hablando de sus múltiples y dudosas cualidades, con el grupo de chicas que le observaban con cierta curiosidad.
Esteban por su parte, estaba de pié, haciendo la típica fila, frente al baño de los hombres, fué entonces que logró percatarse que María le observaba, mientras ella hacía la fila en el de las mujeres, sus miradas se cruzaron brevemente, pero se "escanearon", completa y disimuladamente, el avanzaba a paso de tortuga y ella parecía impacientarse con el tumulto de risas, y murmullos que brotaban del baño de las chicas.
Ella, logró desaparecer por la pequeña puerta de acceso, y él tuvo que contener su vejiga como por 10 minutos más.
El logró llegar finalmente al "orinal" y vaciar sus incómodas ganas, mientras se preguntaba, si su compinche Juan, habría logrado su objetivo de llevarse a la cama, a semejante "bombón"
Ella entre tanto, a dos paredes de allí, se acicalaba de nuevo, se miraba la falda, el escote, los zarcillos, el maquillaje del rostro, se repasaba el labial, se ungía nuevamente en perfume de flores, hasta que reconoció una voz detrás suyo que le preguntaba:-¿Qué onda con el chico este?, ¿ah?, ¿Maria?-, Ella le miró a través del espejo y respondió sin titubear,-¿Yo?, ¡nada!, está lindo ¡no más!-, se giró miro fijamente a su amiga y le dijo-Me cae gordo, me parece ¡fastidioso!, se cree la gran cosa, y no me agradan los tipos así-, su amiga insistió,-¿pero que cuento con él?, por que apuesto si está, ella guardó silencio un rato, pero repitió,-no es mi tipo, me chocan los tipos que se creen mucho-.
Salieron juntas del baño, y la "rumba" en la pista de baile estaba encendida, ambas pudieron comprobar que Juan, estaba en lo suyo, con otra de las chicas del grupo, la abrazaba, y bailaba muy pegado a ella, María, miró a su amiga y afirmando con un ademán de sus manos y su cabeza, dijo:-¡ves lo que te digo!, ¡todos son iguales!, ¡todos son la misma mierda de siempre!, mejor me fumo un "porro"!-
Se alejó con la misma desilusión y decepción momentánea que sufren la mayoría de las damas cuando se dan cuenta de que la naturaleza masculina, en sí misma, no tiene, remedio.
Buscó la salida, mientras esculcaba en su cartera, en la búsqueda inútil del cigarro prohibido, que le calmara la ansiedad y repugnancia que le causaba el desdén de los hombres.
Salió a la calle que quedaba a un costado de la disco y vió a Estéban parado allí, fumando un cigarrillo y dándole sorbos a un vaso casi terminado de cerveza, se miraron de nuevo, como en el pasillo del baño, ella sonrió, el le devolvió la sonrisa envuelta en una exhalación de humo de cigarro, ella rompió su timidez y se acercó hasta donde él estaba y le preguntó con un cóctel de timidez y nerviosismo-¿dónde compraste los cigarrillos?, ¿hay alguna tienda cerca?, no venden cigarros allá adentro, afirmó-, El se apresuró y buscó la cajetilla en el bolsillo derecho de su camisa leñadora, que remangaba un poco encima de sus muñecas y le ofreció, no dijo nada, pues sostenía el cigarrillo todavía en su boca, ella tomó uno, y él mostró una prisa inusual en buscar el encendedor en el bolsillo de su pantalón para ofrecerle fuego de prisa, con la única mano que tenía libre, ella agradeció, mientras inhalaba, y el respondió con un muy quedo-¡de nada!, ¡con mucho gusto!-, el bebió el último sorbo de cerveza del vaso, y buscó un recipiente de basura para arrojarlo, buscó por varios minutos en la calle y finalmente pudo arrojarlo en una bolsa que yacía en la oscuridad, a ella le pareció gracioso ver como el chico buscaba infructuoso deshacerse del vaso, dentro de sí pensó que en otras circunstancias y con otras personas, no habría importado, y quizás otro chico, incluso el que bailó con ella, habría arrojado el vaso vacío sin ningún remordimiento a la calle.
-¡Hace frío acá afuera!, comentó María, -¡uy si!-, respondió Juan, sin dejarla de mirar, -¿Vienes muy seguido?-Preguntó ella, -cada vez que puedo-dijo casi tartamudeando Juan, y agregó, -de hecho, no me gusta mucho, salir, pero tú sabes, los amigos te invitan, y quieren que salgas de la rutina, en fin imposible decir que no-, ella asintió con la cabeza diciendo, -si se como es, yo también soy así, me gusta la "rumba", de vez en cuando, pero no es mi estilo de vida-.
Para ése entonces los cigarros ya se habían consumido por completo, ella agradeció de nuevo y buscó la entrada del antro, Esteban por su parte la siguió con la mirada y vió como desaparecía por la puerta.
Minutos después, el hizo lo mismo, ingresando a la disco.
En la pista Juan, era el rey de la noche, bailaba incansablemente con las amigas de María, ella en cambio yacía ahora en una de las sillas, con las piernas cruzadas, pero la mirada muy fija en Esteban.
Juan se acercó de nuevo a María y la invitó a unirse a la "juerga", más ella indicó que estaba fatigada y que declinaba la invitación.
Esteban por su parte, bebía otro vaso de cerveza, mientras observaba la escena, con cierto detalle.
Pasaron varias canciones, y todos retornaron a sus grupos, las chicas con las chicas, buscando de nuevo el baño de mujeres, los hombres reunidos casi todos en su mesa, "afinando" las estrategias para "ligarse" una de las chicas.
Fué entonces cuando Juan se le acercó a Esteban y le preguntó, -¿dónde estabas?, ¡te pierdes lo bueno de la noche!-, Esteban, responde:-nada, salí un rato, a fumarme un cigarro-, Juan miró hacia la mesa de las chicas y vió a María allí sentada, y se percató que miraba dónde ellos estaban, luego dijo, -¿ves la chica de aquella mesa?-, señaló con los labios y los ojos, Esteban siguió la indicación, -si, veo-, -Está como quiere la "condenada"-, dijo Juan, -¡ésta es la res para esta noche! "parce"-.
Esteban bebió un sorbo, y luego preguntó, -¿y qué, es que ya cuadró con ella?-, Juan no le miró, tenía sus ojos puestos en María, y su imaginación en el acto sexual que llevaría acabo con ella, -pues es cuestión de táctica, la traigo loca, usted sabe como es "parce"-, dijo con la misma frialdad con la que servían la cerveza en aquel lugar.
-Pues que bien por vos-, dijo Esteban, -espero que lo disfrute "parce"-.
Después de esta breve charla, y cuando la música se puso otra vez al tope de las emociones, Juan vió la oportunidad de concretar su plan maestro de "ligar" con María, así que se apresuró a buscarla para invitarla a bailar de nuevo, ella sin embargo, no aceptó ni una sola pieza de baile más a Juan, permaneció sentada, bebiendo cerveza y observando a sus amigas bailar con Juan en la pista, sin embargo, no dejó de mirar ni un solo minuto a Esteban.
En un momento de euforia colectiva, los chicos llenaron la pista y las chicas les siguieron, tanto Esteban, como Maria, fueron sacados de la monotonía de su apatía por la rumba y resultaron bailando, cantando y "juergueando", como el resto de toda la mísera humanidad que llenaban el lugar.
Fué tanta la euforia y el tumulto, que en un determinado instante Esteban quedó frente a María, y ambos bailaron, una, dos, tres, en fin creo que fueron muchas canciones, no hablaron mucho entre si, solo bailaron, jugaron en la pista, y cuando la música se torno suave, se agradecieron el momento, mutuamente, y regresaron a sus respectivos grupos.
Juan se acercó a Esteban y le reclamó por el hecho de haber bailado con María, sin embargo Esteban dejó en claro que todo fué una casualidad sin intención ninguna, Juan, no lo entendió así, y mostró su enojo, Esteban no le dió importancia y decidió marcharse, para alejarse del malestar de su "amigo".
María por su parte, ya había tenido bastante por ese día, de bebida, cigarros y "rumba", estaba un poco mareada, como efecto de la cerveza, y vió prudente regresar a la mullida comodidad de su cama, buscar el sueño que le proporcionara, descanso a su cuerpo, a sus pies maltratados por el calzado alto y la fiesta.
Juan, atacó por última vez, cuando pensó que María se le escaparía, se le acercó de nuevo, y no se supo a ciencia cierta lo que le susurró al oído, sin embargo, y por el hecho de que María, vaciara el contenido frío y espumoso de su vaso en la cara, y poco después una sonora y merecida cachetada azotara el rostro de Juan, se supone que lo que fuese, hirió algo más que la susceptibilidad característica de las féminas.
Ella abandonó de prisa el sitio, Juan por su parte, fué al baño a secar su dignidad de macho, en medio de insultos que brotaron de su boca lisonjera, "perra", "maldita" y otras tantas vejaciones, que se le escaparon de su interior, demonios de frustración y lujuria decepcionada.
Cuando salió de aquel lugar, María se percató de la presencia de Esteban en una de las esquinas, encendía un cigarro, y le seguía con la mirada fija en ella.
Ella titubeó en acercarse, se antojó de un cigarro también, titubeó por que vió a Juan hablando con Esteban en la disco, y se imaginó quizá que ambos estaban "cortados con la misma tijera".
Sin embargo, recordó que fué gentil con lo del cigarro, y que si bien le miró nunca lo hizo con morbo, sino con curiosidad e interés.
Venció su miedo caminó hacia el, y dijo:-¿me regalarías otro cigarro?, me antojaste!-, Esteban sonrió de nuevo y respondió con voz alegre, -¡los que quieras!-
Entablaron una charla amena, ella no soportó más la tortura de sus zapatos, y decidió quitárselos, se sentaron en el andén, y se quedaron mirando la calle y la gente que tomaba los taxis, vieron como se fueron uno a uno los chicos y chicas que estuvieron de "farra" con ellos esa noche.
Sentados allí vieron a una chica abrazando a Juan, lo llevaba casi arrastrado, Juan, totalmente ebrio, ni se dió cuenta que Esteban y María estaban sentados allí observando la patética escena.
Se miraron instintivamente, como adivinando los pensamientos el uno del otro, ambos se rieron casi al mismo tiempo, no dijeron nada, pero de sus mentes salieron letreros que decían "pobre tonto", "pobre tonta".
Se levantaron de allí, pues el frío les congelaba la sonrisa, ella trató de conseguir un taxi que la llevara, pero no fué posible, el se ofreció acompañarla, ella aceptó y caminaron muchas cuadras hasta llegar a su casa, más para ella, y para el la distancia fué como de un tiro de piedra, ella le dió las gracias, el levantó su mano en señal de despedida, ella sintió un impulso en su vientre y le estampó un beso en la mejilla y susurró muy quedo-¡gracias, caballero!-, el le miró nervioso y respondió como un acto reflejo,-¡Fué con mucho gusto para mí!, ¿señorita?, ella rió de nuevo y dijo-María...solo María, y ya sabes donde vivo-, El sonrió de nuevo y dijo,-Mucho gusto, Esteban, yo no vivo cerca, pero me gustaría mostrarle, algún día si usted quisiera-,
Ella sonrío, luego dijo, -si ¡quiero!-, y el, se marchó con el corazón henchido de alegría, y ella se fué a la cama, con un montón de orgasmos en su corazón, por que el placer no solo se siente en la vagina o en el pene, el placer está en disfrutar de los momentos, de las personas, de la belleza de las cosas simples.
Juan por su parte, tuvo su "faena", despertó desnudo y sin un peso, la chica a la que pretendió "parcharse", le robó todo, incluso su dignidad de macho, pues el, nunca le pudo poner un solo dedo encima, primero por la borrachera que le borró hasta la memoria y segundo por que no pudo cumplir con ella en la cama.
Esteban y María, siguieron con sus vidas...El la llevó a conocer a sus padres, ella le llevó a conocer su vida...(siguen en ello...sin desbaratar lo que se descubrieron aquella noche en la disco...que son el uno para el otro).
"El placer no solo está en revolcarse con alguien en una cama conocida o desconocida, el placer está en descubrir a alguien poco común en medio de lo común, de encontrar la diferencia en el lodo de la igualdad homogeneizada de la vida, el placer está en descubrirse de a poco, de enamorarse a cuenta gotas, de gozar el momento sin la precipitud de las ganas"










