"Nuestra amistad empezó como algo bizarro, un acto de fé en lo desconocido, fué irnos quitando la ropa del miedo, ir desnudando el valor de nuestro ser.
Hubo una especie de química distante, un no se qué, en no sabemos dónde que nos aproximó, primero en palabras y luego en hechos.
Decías sentirte cautivada, por la cadencia de mis versos, la profundidad aparente de mis escritos, por ese dolor maquillado en historias, que te conmueven el alma, que te retratan la vida, en sucesos similares.
Descubrimos poco a poco, un gusto común por los libros, la filosofía, el arte, la poesía, el erotismo, el amor imposible, la decepción, y tantas cosas que se convirtieron en el convite de cada noche, de cada instante compartido en la caja azul de mutuas ilusiones.
Lo mío fué hacerte mi confidente, mi paño de lágrimas, el hombro sobre el cual derramar un llanto casi eterno, por un amor roto, fracturado, lisiado de por vida, lo mío fué saturarte de mi tristeza, melancolía y dolor.
Lo tuyo fué ser el oído atento a mis quejas, a mis reclamos al universo, ser la palabra de aliento en mis flaquezas, ser la sonrisa en un rostro demacrado por la pena.
Lo tuyo fué creer en la bondad refundida de mi ser, en ver lo bueno que aún conservo, y que no lograron destruir.
Lo tuyo fué darme esperanza, en medio de mi angustia, estar ahí para no sentirme solo, creer en mi cuando me sentí extraviado.
Llegó a nuestras vidas la complicidad, en una noche en que finalmente se encontraron nuestros ojos, nuestras palabras, en el justo momento en que el virtual personaje con rostro de fábula, tomó forma humana reconocible, frente a tus ojos.
No era más aquel personaje de ficción, ahora era de carne, de hueso, de pena y de dolor, hablamos por mucho tiempo, descubriendo el velo del misterio que nos rodeaba, mostrándonos las vidas que llevamos al lado de seres que no logran ver lo que mutuamente, si podemos ver en nuestras almas.
Hubo nervios, y adrenalina, y un descarado coqueteo,que no termina, una seducción inmediata, un gusto por lo prohibido de la carne y la pasión de una lujuria compartida.
Lo arácnido de nuestros zodiacos, coincidiendo en una cita a ciegas con el destino, en donde la noche decidió nuestro rumbo, y el azar el final de los acertijos.
Nos encontramos juntos de repente, tan desnudos, como cuando nacimos, nos prodigamos caricias, las que nuestros dueños de papel y juramentos de iglesia nos negaron, nos dimos muchos besos, rompíamos el hielo del miedo a lo desconocido.
Éramos infieles a nuestras relaciones y compromisos, pero fieles al deseo, la pasión y la ternura, de las caricias y los besos.
Bailamos sexo, en la pista de una cama cualquiera, una canción que no se te olvida y que yo guardo en mi memoria, con los pasos de aquel baile frenético, que empezó tierno y terminó estrujando tu cuerpo, sacándole ruido al colchón que amortiguaba los embistes de nuestra mutua pasión.
Ésa noche quedó sellado nuestro pacto eterno, uno de amistad con derechos, con derecho de amarnos cuando las ganas se nos acumulen, sin papeles, ni contratos, ni promesas que nos amarren, una a la que la pasión nos invitó varias veces.
Nuestra amistad nadie la entiende, nuestra amistad se basa en devoción y en el respeto de la libertad del otro, de lo que es, de lo que no, de lo que no puede ser, de lo que podría ser, no hay acuerdos de cariño, ni compromiso de amor eterno, nos queremos y punto, así nada más, libre y espontáneamente.
Y así están las cosas entre nosotros hoy por hoy, desafiando distancias, alimentando el deseo libidinoso de revolcar nuestros bajos instintos, de ahogar nuestro deseo animal, en actos sexuales moralmente prohibidos, y es que en nosotros nos hemos descubierto, las mismas inclinaciones perversas, compartimos los mismos desórdenes, la cama ya no es más aquel cuadrado intimidante, es nuestro campo de batalla, el lienzo donde pintamos juntos amaneceres llenos de orgasmos.
Nos queda una cita pendiente, una que dirá que será de nosotros, una que se aguanta en nuestra ropa interior, una cita clandestina, proscrita, una que nos condena a vivir en la oscuridad del secreto, una que nos sumerge en el pecado de la bigamia.
Hemos de maldecir nuestros cuerpos, de besos, caricias, abrazos, sexo, hemos de escribir una nueva versión del kamasutra en nuestras almas, con nuestros cuerpos."
