lunes, 24 de noviembre de 2014

"-A penas y respiraba y ya la vida mía tenía su fecha de caducidad.
Empecé a arrastrarme por la vida, con la ventaja alevosa que da la muerte y entonces te das cuenta que no naces para vivir, sino que te vives muriendo de a poco.
No importa si fuiste el primero, el de en medio o el último en nacer, la muerte no tiene afanes cuando de reclamar tu último aliento se trata.
Entonces con tristeza ves partir a los que amas y solo allí entiendes lo que te espera un día que no conoces o que puede ser mañana.
Te mandan a la escuela para que aprendas a defenderte en la vida, por que a todas luces la vida te ataca, mantiene a la ofensiva, ella quiere irse de tu cuerpo y tu tienes que defenderla de la muerte que mantiene al acecho.
La infancia pierde su inocencia el día que te das cuenta, que la muerte vendrá algún día de visita.
Y no piensas en el hambre, o el frío, o la sed, o la carencia, hasta que tus entrañas lo experimentan.
Y el infortunio echa por tierra tus fantasías, tus dragones y caballeros, mata de hambre tus princesas, hace de un cuento de hadas tu propia historia de terror.
En la adolescencia no entiendes el rumbo, todo parece gris y sombrío, sois el incomprendido, el de las hormonas alborotadas, el rebelde sin causa justa, el que busca llamar la atención de quienes no tienen intención de prestarla.
Y ves a tu madre partirse el lomo por educarte, por hacerte un hombre de bien, un buen ciudadano, mientras no piensas en otra cosa que no sea gastarte el tiempo con los amigos y empezar a buscar con quien ligarte y echarte a perder el futuro prometedor que alguien más quiere para ti.
Ah! si la vida te jode a cada rato, con esas cosas del amor, el desamor y otros males.
Te matas de a poquitos con tu novia, tus amigos, tus enemigos, tus compañeros de trabajo o de estudio.
Y piensas entonces que cada vez que te traicionan, o te defraudan, o te rompen el corazón la vida te hace fuerte y te prepara para un mejor destino, cuando el único que ciertamente te aguarda es un frío agujero en la tierra, o si la plata abunda en una caja de madera acaban todas tus esperanzas, ilusiones y tu carrera frenética por ser mas grande, mas fuerte, mas famoso, mas rico, mas que cualquiera, mas que los demás.
Ah! pendejo resulta correr una carrera que al final perderás, no perdurarás, no prevalecerás; un accidente, una enfermedad, te arrebatará de repente y te borrará de la memoria.
Vos te crees prospecto de la inmortalidad y no hay dinero, ni reputación que perdure en el tiempo.
Sólo esta raza tiene el poder de recordar, de hacer eterno ese recuerdo en la memoria de los demás, mas los humanos lo que quieren recordar recuerdan y lo que quieren olvidar olvidan y ciertamente olvidan lo que deben recordar y lo que deben olvidar recuerdan.
Le compras alegría a la muerte a cuotas de existencia.
Te aferras a lo que va y viene y te cuesta abandonar lo que no te conviene.
No has entendido el sentido y flujo de la materia y la energía que es lo único que compone tu cosmos.
Pasar de un estado a otro, de una frecuencia a otra, ya sea alta o sea baja, nacemos y morimos, somos creados y destruidos, una y otra y otra vez.
Somos parte de un imperceptible reciclaje de nosotros mismos.
Y en cada ciclo nos vamos depurando o contaminando, dependiendo de lo que emane de nosotros o lo que le agreguemos al espíritu.
Dejarás un rastro de tu paso por el mundo solo en los corazones que toques, en las vidas que ayudes a cambiar, pero no te engañes, hay quienes dejan huellas y hay quienes dejan cicatrices, al final de las sumas y las restas, eres tú quien finalmente decides, ser pincel que pinta futuros, o puñal que los desfigura y asesina.-"



"-Yo no quiero entrar de puntitas en tu vida, yo quiero que mi amor te despierte con trinos de pájaros alegres en la mañana.
Yo quiero enredar mis dedos en tu pelo y que mis manos acaricien los contornos de tu rostro como moldeándote un busto imaginario.
Yo quiero jugar contigo desnudo debajo de las sabanas hacerle cosquillas a las ganas que no se aguantan.
Yo quiero que nos estrujemos en un abrazo las almas, los huesos, la piel y los sueños.
Yo quiero hacer de ti un blanco lienzo y besarte el ombligo, dibujarte el placer en el rostro y habitar en tu regazo un par de noches.
Yo quiero ser luz de sol que dilate tus pupilas y oscuridad que tienta la perversión nocturna de tus pensamientos.
Yo quiero quitarte las ganas que se acumulan cada mes en tu vientre.
Yo quiero ser la mano que se filtra por entre tu falda corta, con rumbo predestinado y final desconocido.
Yo quiero ser el pie debajo de la mesa, que te busca celestino para provocarte mientras cenas.
Yo quiero ir contigo a todos lados, tumbarnos en la hierba y reírnos del mundo y sus desastres.
Yo quiero leerte un libro, contarte un cuento, escribirte un poema o hacerte un dibujo.
Yo quiero irme de tu lado y que me extrañes, que te haga falta, que quieras buscarme sin esperanza de encontrarme.
Yo no quiero que lo nuestro sea tan pasajero como una estación del año, yo quiero estar al abrigo de muchos inviernos en el abrazo del vaivén de tus caderas al andar.
Yo quiero ir pisando pasos contigo en la arena, en el asfalto, en la hierba que remoja la lluvia en el mes de mayo.
Yo quiero ir de tu mano por ahí, perdiendo el tiempo que nos queda, mientras se arruga la piel y la gravedad de los años nos despojan de la firmeza del deseo.
Yo quiero volar contigo en un cielo nuevo, uno azul de pocas nubes, uno cuyo viento nos empuje más allá de nuestras propias expectativas, sueños y anhelos.
Yo quiero que al final del día, pienses que no somos nada el uno del otro, que nos desenamoremos, que cada quien coja su rumbo y que se lo proyecte tan incierto como le venga en gana.
Que si nos juntamos de nuevo, es por que nos pertenecemos en cuerpo y alma; que si no, entonces que venga el olvido de todo lo que fuimos y no volveremos a ser juntos.
Yo quiero amarte para ti, no para mi, yo quiero vivir en ti por que así lo has decidido y le viene bien a tu alma.
Yo te quiero mía sin ser tuyo, yo me quiero tuyo sin que seas mía.
Que nos pertenezcamos sin papeles o contratos, sin anillos, ni juramentos, que nuestro pacto se firme cada noche en una destendida cama y que se acabe justo cuando el sol entre por la ventana y nos encandile la mirada.-"