sábado, 25 de enero de 2014

"Otra noche, como cualquiera otra, no hay café que beber para soportar el insomnio, el sabor de mis lágrimas es el único cóctel de amargura que bebo a esta hora incierta.

Ni siquiera siento el paso del tiempo, y mis piernas se adormecen cada rato, por el peso de un cansancio que le gana la batalla a mis ganas de dormir.

No siento nada ahora, escudriño mi pecho, en busca del tonto que suele enamorarse de imposibles, sé que está allí, late quedamente, sé que sigue enfermo, convaleciente, remendado, atado con hilos los trozos que se lograron rearmar.


Me llena de hastío la vida, pocas cosas logran dibujar una sonrisa en mi vida hoy en día, la música logra anestesiar mi pena, de vez en cuando, una euforia casi extinta me asalta por sorpresa y se lleva escondida una alegría desterrada, emoción exiliada, a tierras de lejana amargura.

El mundo sigue como si nada, vacío, inundado de odio, en la podredumbre de la ambición por el oro y el poder, el consumismo ya no tiene límites, te venden tonterías, te dicen que las necesitas, te crees sus mentiras, te sumergen hasta el cuello en realidades secuestradas de ansiedad, hacen que tu futuro se prolongue en el tiempo, para que el miedo se apodere de tu vida, mientras ellos, se apoderan de tu dinero, vacían tus bolsillos, y dejan hueca tu mente, con programas de televisión y noticias de vano e inútil entretenimiento.

He vuelto a la rutina en la que me hallaste un día, el día en que no te conocía, en que no sabía siquiera que existías, el día en que todo era igual, monótono, simple.

Hace falta que caiga un rayo que sacuda de tajo esta realidad asfixiante, el hedor de una existencia corriente y sin la emoción de las hormonas.

Hace falta el sabor en la comida, el aroma de flores en el aire, la humedad de unos besos, en la boca, una caricia que ponga la piel de gallina y erice los vellos de los brazos, hace falta la estrechez de un abrazo que detenga el tiempo, y paralice, no solo el reloj, si no las partes impúdicas del cuerpo.

Debo dormir, darle descanso a mi cuerpo, y sueño a mis ganas de mantenerme despierto, sigo con la esperanza de saber de ti, saber si vives, si eres feliz, si sobrevives.

Me retiro por ahora al silencio, a la oscuridad, al calor de una manta que simula el calor de tu cuerpo, la luz de la mañana imitará el brillo de tu mirada, y el viento en mi cara, hará las veces de aliento tuyo en mi pecho, no estarás allí para abrazarte, tendré que "entrepiernar" a mi almohada, poco a poco se vuelve costumbre, existir en tu ausencia, aceptar que no estás, que quizás no vuelvas.

Espero encontrar el camino perdido, el rumbo extraviado, las huellas de los pasos recorridos, que la marea del tiempo ha borrado, espero no perderme de nuevo, en eso que llaman amor...¡ay amor!, ¡cómo me has dolido!"



"Estaban tan lejos el uno del otro, tanto como una galaxia distante del centro del cosmos, él sin embargo rompió el hielo del silencio, lanzando preguntas a quemarropa, Ella abrió su mente, y su corazón, el abrió la boca y desparramó su alma, sus secretos, el dolor y la pena de su alma, de su boca, brotaron las palabras que se volcaron sobre el teclado, transmitiendo su enojo, tristeza y frustración.

Del otro lado, ella leyó atenta, con curiosidad, pero con el alma predispuesta, con la empatía de su ser, leyó cada expresión, y sintió como aquella alma distante, se quitaba la ropa de la timidez, dos desconocidos, auto revelándose, confesando emociones, compartiendo experiencias.

El quiso interrogarla sobre asuntos que merodeaban en su cabeza, intrigas que le restaban horas de sueño en sus noches de bohemia melancolía, el quiso entender la naturaleza de lo que sacudía sus entrañas, y empapaba sus mejillas con lagrimas, agua salada, que ocultaba, que guardaba para si, como un pecado no confesado.

Ella, llenó de palabras sabias, su pantalla, le mostró las perspectivas de su mente, de su alma, de su corazón y de su espíritu, en el lado más imparcial de la naturaleza femenina, siempre hubo consuelo para el dolor padecido, consejo sabio, para las palabras que llevaban fardos de enojo, siempre guiando hacia la luz, aún cuando el sentía que lo que llevaba dentro, lo conducía a la profunda oscuridad del resentimiento.

El no derramó lágrimas en sus ojos, cuando menos, ella no podía verlo, pero sintió su tristeza, su angustia, la soledad traspasante de su corazón contrito, sintió compasión, y decidió sacudir su alma, con sabias reflexiones, le ayudó a drenar el mar salado de amargura que desbordaba su ser.

El se sintió en grata compañía, sintió que había soltado por un momento una pesada carga, la culpa se había ido por un instante, su semblante dibujó una caricatura de esperanza en su rostro, el testimonio de aquella dama, le sugirió un destino más optimista, una luz tenue, que brilla siempre al final de todo oscuro túnel.

Ahora, ya no eran un par de extraños, ahora se descubrían mutuamente, ella en lo que leía de él cuando escribía, y él, en lo que leía de ella, cuando le preguntaba, por las cosas que los hombres, ignoran de la naturaleza femenina.

Jamás hubo una charla tan sincera y clarificadora, ahora ya no había, cuando menos, sombras de dudas, que asaltaran por el momento, la escasa tranquilidad, que le era esquiva, desde hace tantos meses.

Quizás el vuelva a escribirle, a indagar a través de ella, el misterio de la conducta femenina, de las difíciles decisiones que suelen tomar las damas, y que resultan incomprensibles para la finitamente masculina.

El buscará a través de ella, las respuestas que el destino, no ha querido responderle, que ha preferido tatuarle de dolor y sufrimiento en el alma, ella es ahora un oráculo abierto, a la curiosidad de su ser.

El estará para ella, y ella quizás para el, siempre que el tiempo se lo permita."



"A veces, todo lo que necesitamos, es un alma, como la nuestra, sensible a nuestras penas, y nuestros esfuerzos, que entienda nuestras luchas y se conmueva con nuestras derrotas, que nos acompañe, aunque sea por un instante, y a pesar de las barreras y distancias, nos de una voz de aliento, una luz de esperanza, que ilumine un poco, las sombras que solemos dibujar en el sombrío paisaje de nuestra propia existencia."

Gracias, Magdalena!