"Inquilina de mi memoria, habitante de la calle solitaria de mi vida, la indigente del amor que una vez mantuve por dentro, vagas por cada rincón de mi existencia, mendigando un olvido que mezquinamente te niego.
Dejo tu recuerdo a la suerte de los días, te abandono en la oscuridad de interminables noches, dejo que te extravíes en la madrugada, y espero que no pueda hallarte en la luz que despierta el alba.
Te digo adiós con los brazos abiertos, y quiero recibirte de nuevo en mi vida, dándote la espalda, así de ilógico es lo que tengo dentro, lo que me inunda de ironía la existencia, lo que me sobrepasa en fuerza anímica, lo que me confunde, lo que hace que pierda mi cordura.
Estoy en la ambigüedad del amor y el odio, de la luz y la oscuridad, de lo bueno y lo malo, de lo que quiero y lo que no quiero, de lo que amo y lo que aborrezco, me hala hacia el abismo una incertidumbre absurda, como absurdo resulta respirar un aire, sin el aroma de tu piel.
Te extraño, como se extraña el calor en el frío invierno, como se extraña la luz en la oscuridad absoluta, como se extraña la música en el silencio más cruel, como se extraña lo que se ama, en el olvido más injusto.
Te olvido, lo intento, fracaso, vuelvo a empezar, a llenar mi mente de nuevos pensamientos, de nuevas imágenes, mi vida de nuevas historias, experiencias, le pongo una mordaza a mi mente parlanchina, detengo el tiempo en mi memoria, para que no siga yendo hacia atrás inútilmente.
Te amo, está allí, no se va mi amor por tí, está arraigado, echó raíces fuertes, el viento de la indiferencia no ha logrado aflojarlo, y la distancia no ha podido menguar su crecimiento, él se rehúsa a abandonar el sitio que le preparé cuando empecé a sentirlo, ahí está de pié, esperando no se qué, no dice nada, solo está allí, ni siquiera le presto mucha atención, pero cada vez que esculco dentro, aparece, se levanta, aguarda, como si fuese a recibir a alguien, alguien que no llega.
Yo ya no lucho con esto, no tiene caso, me declaro vencido intentar sacar de la mente, lo que está tatuado con fuego en mi corazón, lo acepto, lo tolero, con dolor a veces, sin sensación alguna otras tantas, sigo adelante, engañando al tiempo, mintiéndole a mi inteligencia, burlando mis reales emociones, timando la escasa sensatez.
Simplemente me dejo llevar, por la vida, por el mundo, soy yo ahora el mendigo, el indigente, el habitante de una calle vacía, la de mi propia vida, soy el vagabundo de una existencia que se diluye, soy el único inquilino de esta realidad."
