sábado, 17 de mayo de 2025

"- ¿Qué hacés despierto, a esta hora?, me pregunta el reflejo añejo, que proyecto en el espejo.

El insomnio me ha sacado de la cama, muy temprano en la noche, como un espanto, que hace las veces de pesadilla y se presenta en el sopor del sueño saboteado.

Así que no me resisto más y simplemente me levanto, dejando que la inercia con la que existo, se haga cargo.

Ahí voy a lo pendejo, por los rincones de esta casa. De estas paredes finitas y reducidas a la dimensionalidad de mis desvaríos.

De un lado a otro paseo mi consciencia aletargada por la imagen de vos, que tengo enquistada en mi mente, desde hace más de una década.

¿Qué diablos te pasó?, me autopregunto. ¿Cómo carajos sigues así?, ¿en lo mismo?, ¿y, con la misma?

Me lavo la cara en el lavamanos, y me quito la lagaña que suelen dejar mis lágrimas tempraneras. Esas que no sé, de dónde carajos me salen, porque yo me digo, a mí mismo, que ya no lloro, por lo que debería, ni por quién debería.

Pero igual, las hijueputas caen mejilla abajo, dejando mi vulnerabilidad de macho al descubierto y en vergüenza evidente.

Vida hijueputa, uno tan viejo y ya con estos malparidos resabios y maricadas, que solo a mí me atormentan y a los que le doy relevancia.

Debe ser medio día, allá dónde estás. En el exilio lejano de todas mis ganas de verte a los ojos. Y quedarme pendejo viendo su color, su forma y su brillo.

A putamente difícil reconocer, que, extraño, esa dosis personal de hipnosis y narcolepsia, que me producía mirar tu rostro.

Yo aquí pensando en vos como un marica, y vos quizás allá con la resaca de haberte revolcado con otro.

Vos con hambre y ganas de desayuno, y yo acá con las tripas silbándome y la melancolía consumiéndome.

¿Cuánto tiempo más, en este inútil ejercicio tempranero de recordarte?

¿Cuántos años más, viendo pasar mi vida miserable, delante de mis propios ojos, sin hacer nada con esos alientos, suspiros y movimientos errantes?

¿Pa qué putas, te sigo pensando, extrañando, queriendo?

Me quedo con mi gato, mis libros, mis pedos y mis quejas de viejo resentido.

Me echo un par de tragos de agua, de vino, o de olvido.

De ese que no puedo darte, de ese que no vino en el paquete, cuando estuve contigo.

Qué vaina tan hijueputa yo ser así. Contigo, y conmigo.

A vos que no pude darte santa sepultura con olvido.

Y a mí que me sobrevivo cada día, diciéndome mentiras y estafándome con fortaleza y resiliencia.

De esa que te venden en tres minutos de tiktok o Instagram.

Para que te creás, que te mereces algo mejor, que la mediocridad de querer revivir un pasado refrito.

Qué puto encarte ser yo mismo, con toda esta incapacidad de dejar atrás el pasado y todo su inútil contenido.

Soy el indigente, el ropavejero que carga encima, un bulto invisible de recuerdos venidos a menos con el paso implacable del tiempo.

Sigo esperando que los días, los meses y los años, hagan el trabajo sucio, que yo por voluntad propia no pude.

La de dejarte en el pasado y en el olvido.

Para que tú sigas con tu vida, como ahora mismo lo haces, mientras esto escribo.

Y para que yo siga cargando estas memorias tuyas, como si fueran las medallas de una guerra que perdí contigo.

Vos que pudiste seguir sin mí.

Y yo, que digo que vivo sin vos, y encartado conmigo.

Me voy a lamer las heridas, de este puñal que me clavo todos los días, que es pensar en vos, recordarte a vos.

Mejor me pongo a perder el tiempo, en otras cosas y con otras personas, menos tóxicas que yo, menos pendejas y menos cursis.

Ahí te dejo, mujer a la que no le importo, a la que le valgo madres y a la que se chinga otro.

A la verga tú, a la verga yo.-"


-Lyon Heart-