viernes, 13 de marzo de 2015

PROXIMIDAD
"-Mi vida la veía venir, algunas veces en sueños, otras en visiones, hecha paisaje o carretera; hecha nubes cargadas de lluvia que amenazan aguacero y muchas otras era día soleado y noche estrellada.
Ella nunca tuvo nombre, ni apellido, ni patria, ni arraigo alguno por las cosas de este mundo, que se cuelgan en el cuello o se usan en las muñecas.
No le perseguía la vanidad por las calles cuando caminaba, ni jugaba escondidillas con el espejo que reflejaba su natural belleza.
Guiñaba el azul de sus ojos, coqueteándole siempre a mis ganas, y se mordía la lengua en un gesto adrede de mórbida provocación, invitándome a lo furtivo de un beso, lo prohibido de una caricia y lo proscrito de un encuentro sexual, que condenara nuestra alma a los tormentos infernales de un placer muy terrenal.
Sus pasos hacían eco en mis oídos y un prematuro temblor de manos me invadía de manera involuntaria, como presintiendo las caricias.
Se me hacía la piel de gallina, sintiéndola cerca, escuchando su respiración haciendo pausas en mi oído, mientras mis vellocidades caían bajo los efectos de la física eléctrica.
La química hacía salivar mi boca, amagando cascadas de besos, mientras mis ojos, absortos, perdidos en los focos de sus ojos, bajo una hipnosis voluntaria, un enajenamiento consentido de mi alma.
La punta de su nariz rosa mi rostro y siento las cosquillas en mi panza y un ardiente fuego en mi entrepierna.
Mis dedos se deslizan por su espalda, como un esquiador en la nieve de muchos inviernos, cuesta abajo mis manos calculan la circunferencia de sus caderas, mientras los montes de sus pechos, chocan con sus cimas la cuadratura de mi diafragma.
Estamos tan cerca, como el océano cuando se  toca con el horizonte, y en esa colisión consentida de cuerpos nuestras almas vibran al unísono y tocan una melodía celestial que se filtra por entre nuestras miradas.
Un beso sella nuestra metafísica unión en lo etéreo del deseo, nos abrazamos más, como fusionando mucho más que carne o hueso.
Siento el calor de tu cuerpo, y los latidos que aumentan la velocidad de tu corazón palpitante.
Nos baña entonces un sudor, uno que impregna la ropa que llevamos puesta, una que nos estorba, que no hace parte de la naturaleza de la piel que nos reclama.
Ya el deseo de mi mente se delata en caricias temerarias, seduciéndonos las ganas de cubrirnos el uno al otro con la única sábana de la que disponemos para dar rienda suelta a nuestra lascivia, nuestra piel, la tuya y la mía, susurrándole desnudez al universo que nos creó.-"
"-Un chico, jugando a las canicas con las piedras que halló en sus zapatos.
Un chico que silba una canción que trinan los pájaros.
Un chico con pies descalzos sobre el pavimento que recién moja la lluvia.
Un chico que lava su cara sucia con las lágrimas que le caen de tristeza y alegría, según le convenga a la mañana o a la noche.
Un chico que espía las chicas que salen del colegio, por entre unas gafas oscuras, como buscando un amor del pasado, uno que quiso que fuera, pero que le quedó grande al destino hacer que se cumpliera.
Un chico que juega a las escondidas con su amigo imaginario, el que le vela el sueño en las noches y que se asoma en los espejos para acompañar la soledad de su reflejo.
Un chico de manos llenas de vacío, de ése que gusta de hacer nido en pechos desocupados, de rellenar vidas inútiles y de habitar cabezas huecas.
Un chico que ríe a carcajadas en silencio, que llora a gritos, que susurra un aullido a la luna cada veintisiete días.
Un chico fantasma de los que aparecen y desaparecen a conveniencia, sin premeditación o inocencia, que va y viene como la brisa o la ola marina que se estrella en la roca.
Un chico que recoge sus pasos, que juega a los dados apostando su propio infortunio.
Un chico de los que miran al cielo buscando respuesta de mudas estrellas.
Un chico que lee en el viento y la forma de las nubes, los augurios que no logra descifrar su alma.
Un chico de caminatas largas, de sueño pesado en las noches, de vigilias e insomnios.
Un chico de canciones viejas que ya nadie canta, que nadie recuerda, que el tiempo borra mientras se escurre en las repisas con el tic tac implacable del reloj que cuelga en la pared de la sala.
Un chico que ve la vida pasar frente a su ventana, que le guiña fortuna mientras pasa de largo, dobla la esquina y desaparece de su vista.
Un chico que amaga llantos, que corre detrás de la alegría, como persiguiéndola en algún loco sueño.
Un chico cuyos monstruos ya no se ocultan debajo de su cama, sino que duermen y se revuelcan con él sobre ella.
Un chico con la soledad como mascota, que entretiene pensamientos con imágenes y ansiedades con el cansancio de pasos a la deriva.
Un chico vagabundo, cómplice de la calle y alcahueta del desorden.
Un chico de juergas, de conciencia perdida, de alcoholemia en la sangre.
Soy un montón de chicos que no crecen, no maduran, no envejecen con el tiempo, no les sale arrugas, no caminan lento con excusas como bastón, no eyaculan precozmente ni sus ganas fracasan en la impotencia flácida de su pene.
Soy uno o cada uno, o quizás ninguno.
Soy un montón de chicos que no se toman la vida en serio, que juega a las escondidillas con la felicidad, y la felicidad sabe esconderse bien, por que allí donde la busco, o ya no está, o se a ido a esconder a otro lado.-"