"¡Qué putada!, ¿no?
Ando en esa misantropía absurda, en esa insoportable levedad del ser, que hace que mi mente corra prontamente al espectro de los juicios a priori sobre todo lo que ven mis ojos inquietos.
Me siento desconectado de todo y de todos; a penas y me percato de que yo mismo existo, y que también le estorbo a otros.
Miro al cielo y no veo ni puta mierda, ni un solo ovni, o estrella precipitándose, ni siquiera una paloma con la intención de cagarme más la vida.
No hay con qué entretener la pupila, que no sea con la rutina de los demás, o con la para nada interesante colección de malas decisiones de mi propia vida.
Me ha dado por ver en detalle más allá del espectro evidentemente visible.
Las hormigas y los bichos que se arrastran por la tierra recién humedecida por la lluvia.
Las gotas de agua que sostienen los pétalos de las flores, mientras el sol trata de evaporarlas.
Identificar las marcas de las motos por los ruidos que hacen sus escapes. Escuchar la queja interminable de los transeúntes con sus interlocutores en los móviles.
Tanto ruido, tanta verga y nada extraordinario sobre lo cual maravillarse, que no sea siempre la misma pintura aburrida de la realidad, sobre este lienzo absurdo que llamo vida.
Tal vez le hace falta gimnasio a mi vida, o cualquier otro deporte distractor, con el que mi ego se entretenga en apariencias, para impresionar pendejos o pendejas.
Tal vez, me llegó la hora del voluntariado, de poner al servicio de los demás mi absoluta insignificancia.
A ver si ponemos esta vida en algún orden lógico y en algún camino o propósito que le dé un mínimo de sentido.
De lo contrario, pues entiendo a los que se desviven, o se van para la gran puta mierda y se extravían en sí mismos, con la vana esperanza de encontrarse y responderse el montón de preguntas filosóficas que los atormentan todos los días, hasta que el último aire sale de los pulmones y les lleva por fin esa paz eterna, de no tener que vivir así como mi dios me lleva o mi dios me trae.
Lidiar con la malparidez es una cosa muy hijueputa, sobre todo si el de la malparidez es otro hijueputa que no seas vos mismo.
Mejor me echo una siesta y simulo que paré el culo, por unas dos o tres horas, quizás cuando me despierte, esté de mejor ambiente y ánimo, para seguir despotricando de mí mismo, o de los demás, si es que a mi ego insoportable le parece".
-Lyon Heart-