viernes, 9 de mayo de 2025

"Por fin se asomó el "mono" esta mañana, varios días en una "caedera" de agua, que parecía un diluvio en cuotas.

Me andaba cogiendo la noche, para ir al trabajo, y como pude me hice un desayuno tan rápido y mediocre, como la vida que llevo recientemente.

El "michi" me persiguió en cada tarea. No se baña conmigo, porque corre el riesgo, que lo agarre de estropajo y me gane un "canazo" por maltrato.

Salí a las carreras y no alcancé a despedirme, del reflejo de mi espejo, que es el único que me dice adiós, dándome la espalda y sacándome el culo, cuando cruzo la puerta.

Hasta me despedí sin contacto visual, con el portero del edificio donde vivo.

Ha de pensar que soy un maleducado y un grosero.

Bueno, si lo piensa, en ambas cosas, está en lo cierto.

Corrí hasta la parada de los autobuses, y me agarró la impaciencia, en la premura de que pasara la ruta, que me llevaría a tiempo al trabajo.

Finalmente pasó el autobús que como alma que lleva el diablo, siempre me lleva a tiempo.

Pero paila, el viejo malparido que conducía, venía charlando con la moza en el celular y a paso de tortuga, se vino por toda la avenida del centro; y yo pariendo, mientras el reloj marcaba mi "cogida" de tarde.

A madres las que le "arrié" mentalmente, mientras trataba de calmar mi desespero con música. La mía, porque la que ponen en el transporte público, es para dos cosas, morir de aburrimiento o inducir a la náusea.

Andó a la velocidad que le dió la gana el viejo hijueputa, así que nada, me aferré al rocksito en mis audífonos y me eché un viaje imaginario, para no agregarle pesadumbre a mis ansiosas entrañas y desespero a mi mente propia.

Uno siempre imagina, que de pronto, sin más, se llegue a subir, una hembra que lo saque a uno del enojo, si, ya saben, una buena dosis de caldo de ojo mañanero, para distencionar y no amargarse la cogida de noche.

Dos o tres flacas interesantes, pero apáticas, como todas las mujeres de esta ciudad.

Cero contacto visual y tan ansiosas y desesperadas como este susodicho que no perdió detalle de ninguna.

Se fueron bajando una por una y me quedé con dos o tres pasajeros a los que nunca les puse atención cuando subieron.

Se pasó también volando el tiempo y con todos los minutos de retraso encima, como respirándome en la nuca, me bajé corriendo hasta el trabajo.

Ahora si, a disimular con una sonrisa, de esas bien hipócritas y a inventar una excusa creíble, que no sea, esa en la que me trasnoché, pensando en vos y en como olvidarte, por enésima vez, desde hace 4745 días.

Será intentar madrugar más, o dormir menos.

Cualquier cosa que ocupe mi tiempo en todas estas trivialidades y menos en recordarte o pensar en vos.

Cualquier cosa que parezca una vida normal de ojos para afuera. Porque para adentro vida no hay, no ahora y quizás no mañana.

A eso que llamaba vida, era pasarla contigo, entretenido con vos.

Era orbitarte y habitarte, sentirme parte de ti. Y eso, ya no pasó más.

Al día de hoy, intento seguir conmigo, y conmigo no soy capaz.

No me descifro y no me encuentro sentido, aunque intente dárselo.

Me va mejor vegetando, que intentando, seguir viviendo, o fingiendo que lo hago.

Conmigo, y sin ti.


-Lyon Heart-