lunes, 10 de marzo de 2014

"Se ha quedado dormida, rendida, cansada, el ajetreo ha provocado su sueño, las sábanas transpiran el natural olor de cuerpos bañados en sudor después del sexo, yo la abrazo por la cintura, y veo como su vientre se abulta con cada inhalación, poso mis labios sobre su desnuda espalda, y le estampo un beso, mientras mis ojos recorren la curvatura de sus nalgas.

La veo dormir, en silencio, y recuerdo cuando convulsionaba conmigo debajo de las sábanas, como la alzaba en mis brazos y la tomaba de espaldas, como dibujábamos siluetas oscuras en la pared de la habitación, como jadeábamos de placer y lujuria, cuerpos poseídos del demonio del deseo.

Acaricio su cabello, aspiro su aroma, y recorro su piel con mis dedos, los mismos que exploraron cavidades hace muchos minutos atrás, esos que su boca mordió.

Me abrazo a ella, como queriendo ser su siamés, quedar pegado a su desnudez para siempre, y las hormonas vuelven a bullir en mi vientre, más ella duerme, respira quedo, su cuerpo endemoniado, es ahora, el más angelical monumento de belleza.

Mi boca, siente sed, quiere humedecerse, desea saborear de nuevo sus labios, todos sus labios, (jajajaja), mi lengua se desliza por su espalda, y llega más abajo, justo allá, donde ya pierde su casto nombre.

Y te despiertas, con el entrecejo fruncido, más dibujas una sonrisa de malicia, pues vez al diablo en mis ojos, con ganas de echarle candela al infierno.

Y empiezan de nuevo los besos, las caricias prohibidas, el escrutinio de las formas y los contornos, y mi lengua ya no es más el órgano del habla, es un fetiche, un juguete de tu sexo, se acaba la tregua, se termina el sueño, se acaba el estado de reposo, y renovadas ganas, nos llevan fuera de la cama, y el piso ahora amortigua la pasión que se desboca.

Me tomas y te tomo, de todas formas, nos comemos vivos, mientras cae la tarde y se adentra la noche, la habitación hace eco de muchos gemidos, de ayes, y otras palabras que suelen escapar en el arrebato de la lujuria compartida.

Llega el momento sublime de la muerte orgásmica, te miro a los ojos y me correspondes la mirada, viene la descarga en un simultáneo grito, y el sudor nos empapa de nuevo, un beso junta nuestros rostros, y un abrazo fuerte nos adhiere, jadeamos, buscamos el aire que se nos escapaba hace un rato, te beso, me besas, nos besamos, nos quedamos en aquel abrazo, tu guardas mi sexo, mientras nos vence de nuevo el cansancio, yo espero que el sueño llegue, y no se acabe.

El sueño de tenerte y alcanzar el cielo, brevemente entre tus brazos."