martes, 18 de marzo de 2014

"No se trata de la mirada, sino de los ojos en los que solía extraviarme.

No se trata de las caricias, si no de las manos de donde provenían.

No se trata de los besos, si no de la boca que los estampaban furtivamente en mi espalda.

No se trata del sexo, si no del cuerpo al que me aferraba, al vientre que visitaba, al cielo que alcanzaba en éxtasis divino.

No se trata de la filosofía, el arte, la ciencia, el ajedrez o los video juegos, se trataba de la inigualable compañía y complicidad que habitaba entre nosotros.

Lo que queda es un parque sin nosotros, una cama vaciada de pasión, una habitación de un hotel enmudecida, unas sábanas sin arrugar.

Una calle solitaria sin el eco de unos pasos nocturnos, una canción de amor,  que suena huérfana en la radio.

Una noche de luna llena, sin enamorados, un cigarro prohibido sin encender, la resaca de un amor a la mitad, mutilado de presencia, masacrado de indiferencia.

Lo que queda no es más que un corazón roto, un rostro ajado y deslucido por el llanto, un dolor profundo en el pecho, una ansiedad que carcome los días en mi vientre, la rabia y la impotencia del que fracasa irremediablemente.

Lo queda es un montón de letras que otros leen, una ensarta de historias encriptadas que insinúan lo que pasó, lo que me hiciste, lo que me hice, lo que te permití hacerme.

Lo que queda es un remedo de ser humano, uno que se mueve por ahí, con la mirada perdida en el horizonte, buscándole un millón de ¿porqués? a la existencia.

Lo que queda es un grito en el silencio sepulcral de la noche, un llanto ahogado en el fondo de una almohada remojada en lágrimas vanas.

Lo que queda es una cara de amargura, con la que saludas la mañana, unos lentes oscuros que disimulan el luto de tu alma.

Lo que queda, no le gusta a nadie, por que está roto, remendado, incompleto, sin lustre, ajado por la pena, derruido por el dolor.

Lo que queda es un despojo, los restos, los escombros, los residuos, la escoria, lo que fué desechado, desestimado, subvalorado, minimizado, ignorado, y desdeñado.

Lo que queda es un camino, uno largo, uno solitario, uno sin horizonte a la vista, uno lleno de incertidumbre.

Lo que queda es la esperanza de sobrevivirse a sí mismo, de no dejarse hundir en el abismo de la tristeza, de no morir en el vacío insulso de la monotonía de la vida.

Lo que queda es respirar un aire enrarecido por el desamor recibido, alimentarse de inútiles recuerdos, hacerle memoria a los difuntos sentimientos, sepultar en capas de hipocresía, una felicidad que te fué negada."