"-Yo me quedé solo, encartado, con un millón de recuerdos, de granadas que estallan cada vez que recorro el vacío de la casa que compartimos juntos.
La cama es otro cementerio dónde quedaron sepultados los besos, las caricias, los abrazos y los orgasmos que solíamos provocarnos para huir del mundo y disfrutar del cielo en una abrazo desnudos.
Las paredes de esta casa son mi prisión de ausencia y olvido, los retratos, las cosas que se te quedaron cuando te marchaste son la única evidencia de que tuve algo contigo, un amor, una vida, una pasión, una herida.
Estoy tan vacío, tan hueco, como una tumba sin dueño.
Profundo es el pesar de mi alma que te reclama en los sueños que el insomnio me arrebata.
Yo le pido a gritos al destino, acabar de una vez por todas con el suplicio de vivir sin ti, teniéndote tan dentro.
¿Cómo he de hacer para olvidarte?, ¿para arrancarte de mi ser?, ¿para filtrar la sangre que rauda corría por mis venas, repleta de amor y de coraje?.
Se fue mi valentía detrás tuyo y mis ganas van ocultas entre las blusas vaporosas que guardaste en la maleta.
Mi corazón se fue contigo, persiguiendo los latidos del tuyo.
Y el calor se ha extinguido en el invierno de un montón de sábanas, que inútiles tratan de imitar el abrigo de tu desnudo cuerpo por la noches.
Una botella de ron se congela en el refrigerador, a la espera de una noche de borrachera que intente ahogar la pena, que con flotador aparecerá mañana durante mi resaca.
Se va el sentido y el propósito de seguir respirando, de olfatear el aire en busca de tu perfume, de tantear en la mañana y toparme solo con lo blando de la almohada.
Yo no se como he de reemplazarte, de hacerle espacio a otra, en mi vida, en mi cama, en mi alma, en el pecho y en el sexo.
Me muero cada día pensando que estoy viviendo, tu vives pensando que yo ya he muerto.
Yo morí para ti, tu vives en mí, yo sobrevivo a tu indiferencia, yo ya no existo ni siquiera en tu conciencia.
Así de cruel es la vida que palpita en tu corazón, se agita en tu alma y se retuerce en tu vientre.-"