viernes, 7 de noviembre de 2014

"-¿Qué le puedo reprochar yo al destino, que le dio por estrujarnos el alma, por cruzar nuestros caminos?.
Vino el cosmos a hacerle alquimia a las heridas de nuestras almas, intentando amalgamar dos metales diferentes en la fragua del amor, la pasión y el odio.
El tiempo quiso conjugar el verbo amor en nuestras vidas, pero tu gramática cambió radicalmente ya tu vocabulario tiene nuevas palabras y otros términos para el nuevo lenguaje que disfruta tu ser.
En la colisión de nuestras voluntades, se hicieron añicos los mutuos sueños y los rumbos se hicieron a la distancia, los momentos gratos al olvido y lo que una vez fue valioso, verdadero y con sentido, dejó de serlo.
Somos estrellas lejanas, energías distantes, tan ajenos como dos universos paralelos; una paradoja absurda del espacio-tiempo.
Tanto anduvo mi alma vagabunda por el mundo, desdeñando sus apariencias, los disfraces de la gente, los egos vestidos de bisutería, el glamour de la piel y el vacío de sus corazones.
Y mis ojos se posaron sobre lo que mi ser no pudo distinguir a profundidad cuando te vi por vez primera.
Yo te creí primavera, campo florido de hierba fresca, el sol de un verano que nunca calcina, el agua que brota eterna de la peña.
Mis ojos que precisaron de hermosura, en tu humanidad la hallaron.
Mas objeto de engaño fue mi ceguera, de mirar solo la superficie, sin mirar el agite de tus entrañas.
En ésa burbuja de cristal ya habitaba otra persona, se colapsaba en tu universo otra energía.
Mi ser se fue por el agujero negro de tu mirada y yo perdí el poder sobre mi mismo, cuando se colgó mi amor de tu cuerpo.
Nunca fuimos uno, así compartiéramos la misma cama.
Tu no fuiste mía, así te atara con un abrazo.
No sellamos pacto ni alianza, con sudor de sábanas ni fluidos corporales.
Yo le vendía mi alma al diablo y el diablo no la quiso para si, sino que la puso en subasta.
En el resumen de las cosas, estrellarme contra ti, fue innecesario, lastimarnos, hacernos daño, ya estábamos vueltos mierda, cada uno por su lado.
¿Por que añadir más dolor, a lo que no pudo con antelación ser reparado?.
Ahora estamos cada uno en su orilla, a años luz de nuestras coincidencias.
Yo no veo claro el rumbo de mis pasos.
Y tu no apareces ni siquiera en las señales que dan las estrellas.-" 
 
 

jueves, 6 de noviembre de 2014

"-¿Que quién soy?, me preguntan con frecuencia, como si fuera tan fácil definirme en un par de palabras.
En mi cuadragésimo segundo aniversario, no voy a tratar de explicarles, mi camino se ha ido alargando con el paso de los años y mis pasos se han tornado pesados.
He vuelto mi mirada atrás y todo parece nublado, como con una especie de cortina espesa sobre ese pasado remoto.
Contrario a lo que insinúan los tergiversadores de mi vida, yo siempre tuve amor para guardar en mi corazón.
Nací en una familia cualquiera, pero cualquiera no tendría una familia como la mía.
Y aunque en los primeros años de la infancia la pobreza amenazó con desunión o traumas psicológicos, tuve una madre que enfrentó al mundo, la vida y sus embates y supo mantener unidos sus cachorros.
Yo siempre he sido muy querido, muy amado, así que queda descartado de plano, que mi psicología se haya fregado por falta de amor o cuidado.
La vida siempre ha encontrado la manera de sorprenderme, de darme y rodearme de personas y cosas maravillosas.
Hoy el sol, brilla sobre mi signo y aunque mi alma se debate en miles de cavilaciones, se que debo seguir mi rumbo, con paso firme, con la creencia que merezco hallar mi felicidad.
Yo soy un cúmulo de experiencias, de miedos, de incertidumbres, yo soy la duda que me separa del futuro, la lágrima que se contiene de orgullo, la palabra que se hace nudo en la garganta.
Yo soy las manos temblorosas que tienen miedo de tocar, el corazón acelerado cuando la belleza de una chica se asoma por mis inquietas pupilas.
Yo soy el sexo endemoniado, lujurioso y pecaminoso contenido en mis ganas, un volcán libidinoso en actividad que no erupciona.
Yo soy un llanto que me callo, una ira que no descargo, el rebelde de una causa condenada a muerte.
Yo soy lo que muchos odian, pero que aman la mayoría, la mayoría que me importa, pues los que me odian, mas que odiarme me envidian.
Envidian que no sea de la altura de su propia mediocridad.
Yo soy niño, adolescente, hombre, los tres en uno solo, al niño le agradezco las ganas de vivir, al adolescente la rebeldía y los deseos de ganarle la batalla al mundo, al hombre la sabiduría y el respeto ganado a pulso.
Yo soy la memoria de todo aquello que debo olvidar y el olvido de todo aquello que no vale la pena recordar.
Yo soy tu dulce sueño o tu peor pesadilla, tu peor amigo o tu mejor enemigo.
Yo te estrujo el alma con lo que escribo, te disparo balas de verdad a quemarropa.
Yo desnudo tu realidad con frases que taladran tu entendedera.
Yo no soy bueno, ni malo, yo solo vivo y respiro y ando por ahí dejando huellas a mi paso.
Yo no pretendo trascender en el mundo, ni brillar, ni ser importante.
Yo habito en corazones humildes y sensibles como el mío, que abrieron sus mentes y me hicieron espacio, que aceptaron mi oscuridad y mi locura.
Yo los llevo en mi alma y ellos me dejan habitar brevemente la suya.
¿Qué quien soy?, soy lo que ves y todo lo que no ves, soy mis amigos, mis enemigos, el amor y el odio durmiendo juntos, el bien y el mal que se revuelcan en una cama alquilada, la inocencia y la perversión jugando a la ruleta rusa.
¿Quién soy yo?, no soy nadie, no termino de conocerme, soy cuarenta y dos años de preguntas sin respuesta.-"
 

martes, 4 de noviembre de 2014

"-Tenía un montón de luz de estrellas escondidas en sus ojos y se reía como el estallido del cosmos.
La alegría le era por naturaleza y la negrura del firmamento habitaba en el color de su cabello.
La brisa marina le besaba el rostro en complicidad lésbica con el rocío de la mañana.
Hasta el tiempo se paraba en seco cuando se asomaba por los pocos años que mostraba la dulzura de su rostro.
La arena de la playa esperaba sus inocentes pasos cada fin de semana y el azul del mar se calcaba en el cielo arropando la inmensidad de su ser.
Pequeña sirena, nereida de la costa, criatura mítica de belleza revestida.
Odas y poemas, música de las esferas, el canto de las aves y el rugir de las olas contra las peñas, es así como la vida te homenajea.
Prematura madurez la que se parapeta en tu cara de niña y esa irreverencia que le escupes al mundo, matiza de rebeldía una existencia desprovista de humanas ataduras.
La luna le fue por silente testigo muchas de sus noches, compañera inseparable de madrugadas furtivas y el sol del medio día la despertaba del un letargo profundo, en el que los sueños siempre superaron el dolor de vivir despierta.
Le ha declarado la guerra a los preceptos del mundo, a las normas y las leyes que esclavizan, que trepanan la libertad del pensamiento, que alienan el alma y encadenan el ser.
Ella quiere huir de la rutina, de las cosas establecidas por otros, de los planes urdidos por otros, de la vida que quieren otros.
Ella quiere zafarse de lo que le han dicho, ella quiere vivirlo en carne propia, rasgar las vestiduras de una doble moral que la enferma.
No se quiere andar con rodeos, ni atar sus sueños a la voluntad de otros.
Ella volar sola quiere, sin seguirle a nadie el vuelo.
El mundo aguarda por ella, por sus pasos, por el mirar vagabundo de sus ojos.
Ella espera ir mas allá de lo que las ganas le han negado.
Ya no quiere ser la niña da papi y mami, ella lo que quiere hacer de su vida lo tiene claro.
No se marchitarán las flores en sus manos, ni el otoño cubrirá de blanco la negrura de sus cabellos, por que eterna se hará la belleza en ella con el paso de los años.-"

sábado, 1 de noviembre de 2014

"-Anoche volví a sentir aquella vieja congoja que oprimió mi pecho por varios meses y se volcaron a mi mente las viejas memorias de lo que insistí en mantener como algo presente.
Un amor que se destiñe con el paso del tiempo, que se aja y se deslustra, uno que se desfigura en pasado y al que la sombra de la duda cobija.
Me aferro al recuerdo de las cosas buenas, de las emociones que pusieron a latir de prisa mi corazón y a transpirar mi piel.
A veces siento el dulzor en mis labios de aquel beso furtivo y el calor de mis manos cuando rodearon tu cintura y acariciaron tu vientre.
Siento como se llenan de fluidos mis fosas nasales y como amaga mi llanto desbordarse una vez mas por mis ojos.
Estoy acá sentado en mi propia incertidumbre, tratando de darle respuestas simples a preguntas complicadas.
Y no me queda mas remedio que reconocer mi derrota, mi pérdida.
Debo aceptar a regañadientes que no eras para mi, que nunca lo fuiste, que el destino nos prestó una noche, una tarde y un día, para encontrarnos brevemente después de buscarnos por varias vidas.
Debo aceptar que tenías que marcharte, que enamorarte de nuevo, que buscar tu destino, tener unos hijos y formar una familia, que yo no podría darte.
Debo aceptar que lo que te di fue tan poco e intrascendente, que lo único que cambió fue mi manera de verte, de concebirte.
Que perdido estoy, que débil he quedado, que vulnerable y pusilánime ante la vida.
Que dolor tan grande e innecesario. Que karma tan inútil.
Me duele tanto tu ausencia y extraño en profundidad tu complicidad, tu negro humor, tu sarcasmo, tu desprecio por lo mundano y absurdo de la vida, tus palabras de cariño y afecto que pensé llevaban consigo la verdad de un sentimiento.
He querido engañar la realidad, cerrar los ojos a la verdad y miento cada vez que puedo con respecto a lo que fuimos una vez.
Ahora estoy en la cínica actitud de negar que exististe siquiera, empiezo a endilgarte muchos defectos, a enojarme con tus actitudes, a buscar lo malo que nunca fui capaz de ver en ti.
Me prometieron los terapeutas una superación de este duelo, me engañaron, aún se me comprime mucho el pecho y tu recuerdo sigue intacto atormentando mis noches y mis días, mis vigilias y mis insomnios.
Tengo que dar un paso firme hacia el frente, y dejar de mirar atrás, debo olvidarme de ti y de todo lo que fue, así como tu lo hiciste; sin anestesia, sin compasión, sin pena, sin remordimiento de clase alguna.
Debo soltarte, dejarte ir y debo seguir, debo vivir, debo sobrevivir a ti; debo encontrarme de nuevo, ayudarme a salir del túnel en el que habito desde que te perdí.-"
 

jueves, 30 de octubre de 2014

"-Quiero pensar en el milagro de verte a los ojos cada día al despertar.
Ver como la mañana acrecienta su luz en tu mirada y como titilan tus ojos como dos estrellas cuando coinciden con los míos.
Quiero jugar con tu cabello, que mis dedos se enreden en su negrura, que mis manos palpen la redondez de tu cráneo y humedezcan mis labios tus mejillas con un beso.
Yo quiero que la luz de la mañana te siga a todas partes, que el cielo le cosa un par de alas a tus sueños y que tus pies sigan el camino que te lleve expedita a convertirlos en tu soñada realidad.
Yo quiero verte caminar hacia tu futuro con pasos de gigante, que te comas el mundo con la belleza que destila tu alma.
Que la nobleza de tu ser se desparrame por donde quiera que vayas.
Yo quiero ser el testigo de tus logros, de las cumbres a donde llegas y en donde la duda de otros no te puede alcanzar.
Yo quiero estar cuando todos se hallan marchado de tu vida, para hacernos compañía en la mutua soledad de la existencia.
Yo no quiero quitarte la ropa para desnudar tu cuerpo, yo quiero desnudar tus miedos, tus dudas y la incertidumbre que escondes en esa risa temblorosa que escapa de tu boca.
Yo quiero ser como el agua que te moja, que te toca el rostro, el pecho y la espalda.
Yo quiero ser el sol que te calcina las nalgas cuando vas a la playa.
Yo quiero estar en tu vida, participar de ella, ver como el universo se colapsa sobre si mismo cuando te alcanza.
Yo quiero estar en la mañana, en la tarde, en la noche, en la madrugada.
Yo no quiero acostarme contigo, yo lo que quiero es amanecer sin ti.
Yo quiero que le alquilemos las ganas a nuestros cuerpos, que sudemos juntos de lujuria y pasión, que revolquemos las hormonas en una lucha frenética de besos y abrazos, que nos procuremos placer mas allá de la carne y el hueso.
Yo quiero tomarte de la mano, no para lucirte como un objeto, yo quiero que el amor en nuestro pecho sea el trofeo que le demuestre al mundo y sus compliques, que dos con ganas pueden fundirse y retar la soledad.
Yo quiero transitar contigo lo tenebroso y lúgubre de vivir, estar de pié cuando la marea levante gigantes olas y cuando el viento amenace arrancarnos de raíz.
Yo quiero vivir a tu lado, estando de tu lado y morir abrazado a ti cada noche, para resucitar a tu lado cada mañana, desnudo y sudoroso.-"

miércoles, 29 de octubre de 2014

"-Te vi salir por la puerta, diste pasitos quedos buscando no hacer ruido, no querías despertarme.
Yo rendido y desnudo en el lado mas extremo de la cama, sudoroso y con el torso semi-descubierto.
Un beso en la mejilla fue la despedida de aquella noche de lujuria.
La ropa en desorden las pistas y evidencias de lo que pasó en la cama.
Un espejo empañado delató la intensidad de la faena.
La luz se filtró por la cortina, poco después que tu perfumada humanidad cruzara el umbral de la puerta.
Te fuiste impunemente, callada, con un millón de ideas haciéndote fila en el pensamiento.
Y yo quedé allí, a un costado de lo que hicimos parecer un universo.
Desperté solo y parecía todavía un sueño, tu olor se quedó impregnado en el arrugado de las sábanas y manchas de fluidos corporales pintaron un óleo surrealista de lo que fue la conjunción de dos lunas.
En la ducha mi cuerpo reclamaba tu presencia  pude ver en mi vientre y en mi pecho, las diminutas huellas de tu dentadura, dejando marcas en mi piel y tatuada mi alma con el recuerdo de tu pasión desenfrenada.
Pujaron dentro de mi de nuevo las ganas de tenerte, mas tuve que resignar mi deseo a la realidad de tu ausencia.
No hubo pacto alguno previo a nuestro furtivo encuentro, solo dejamos a los cuerpos hablar y a la carne actuar.
Enciendo un cigarro con el afán de apagar una prematura ansiedad, doy un vistazo por el empañado de la ventana que da a la calle.
Mi mirada la recorre de arriba a abajo, buscando tu humanidad, aquellas curvas conocidas que amasaron mis manos horas atrás.
No estás en las gentes que caminan enfrente, te has perdido para siempre.
Una chaqueta me arropa el frío que me heredaste cuando te fuiste. Y salgo a la calle a buscarte, camino sin conocer el rumbo de mis propios pasos y te busco en el lugar donde te hallé la primera vez.
No estabas allí y aunque esperé por varias horas nunca apareciste, en la noche regresé para ver si tu presencia se regocijaba en las sombras, más tampoco apareciste.
Nunca te hallé mas por allí, nunca pregunté tu nombre o donde vivías.
Nuestro asunto fue pasión de una noche, de estrellar tu soledad contra la mía, de impregnarnos el uno del otro, de hacernos compañía.
Aún te imagino parada allí donde te vi la primera vez, mas el destino quiso así, que nunca más nos volviéramos a ver.-"
 

martes, 28 de octubre de 2014

"-No me duele que te fueras, era inevitable; me duele que te quedaras clavada en mi pecho como espina y puñal que traspasa.
No me duele que me cambiaras, que te enajenaras en otro, me duele que yo ya te habitaba, cuando me corriste de tu vida; que me expropiaras los besos, las caricias, las miradas y el amor que por ti sentía.
No me duele que no cumplieras tus promesas; me duele que no tuvieras el coraje de decir que no llenaba tus expectativas, que te acobardaba lo grande del reto de querernos por encima del mundo y sus prejuicios.
No me duele que entregaras tu cuerpo a nuevos placeres, ni que renunciaras a la posibilidad de una vida de lujo y confort que crees merecerte; me duele que guardaras silencio cuando debías hablar y que dijeras lo que no debías cuando debiste callar.
No me duele que te olvidaras de mi, ni que me ignoraras; me duele que dejaras el trabajo sucio del olvido al tiempo, al desgaste de la memoria, que trataras de tapar el cielo con una oscura capa de pasado.
No me duele que pretendas ser feliz con la persona con la que duermes ahora, es tu derecho; me duele que no me dieras la oportunidad de ser yo quien ocupara tu lecho.
No me duele que me hayas dejado de querer, me duele que cuando pasó, guardaste silencio, no tuviste compasión ni piedad con mi propio sufrimiento; me duele saber que perdí mi tiempo, que gaste mi ser y mis buenos sentimientos, que le ofrecí mi pan a quien no tuvo dientes para morderlo.
De ti me duelen muchas cosas, cosas que ya no vienen al caso, por que el tiempo todo lo devora y no puedo quedarme anclado.
Yo debo dar el siguiente paso, debo ponerle un nuevo rumbo a mis pies y darle un nuevo destino a mi vida.
Yo espero que seas muy feliz y que obres de manera distinta con la persona que ahora ocupa un lugar en tu propia vida.
Mas nunca se sabe, pues hay personas que solo saben herir, mentir y hacer daño.
Me duele que el destino te eligiera a ti para dejarme vacío, solo y con un agujero en mi pecho que nadie más puede llenar.-"