miércoles, 16 de octubre de 2013

"Estoy al borde de la cama, tu duermes profundamente todavía, yo vengo de alcanzar el cielo, de tocar la profundidad del universo, vengo de mi viaje espacial en la nave de tu desnudo cuerpo...

Estuve en tu vientre, en el interior de tus entrañas, dentro tuyo, tu crees, que solo en tu anatomía, que solo por el deseo, que solo por las ganas que desbordaban por mis ojos, por mis manos, por mi boca, por mis dientes al morderte, por mi lengua al esculcar tus pliegues...

Tu crees que te devoré, para satisfacer mi hambre de gozo, mi deseo insaciable y lujurioso de revolcarte en la cama, de recrear el kamasutra, solo por orgullo sexista, tu crees que vaciando mi sexo, lleno mi alma y calmo las ganas de convulsionar contigo haciendo uso del cuerpo...

Mas ignoras que no soy el lobo hambriento que supones, que mi testosterona no es veneno que me llega al cerebro y me nubla la mente, que no envenena mi corazón para paralizar mis sentimientos, yo no te tuve, para saciar mi sed de tí, ni las ganas de tu cuerpo...

Yo te busqué en cada fugaz mirada, en cada beso, en la fuerza y presión asfixiante de mis abrazos, en los dibujos que hacían mis dedos sobre tu espalda, en el recorrido lascivo de mi lengua sobre las curvas de tu desnuda anatomía...

Que yo no te dejé las entrañas sembradas de esperma, yo me vacié el alma, en tu vientre, yo te sembré de amor, yo me entregué también, yo no tomé de tí nada, tú me tomaste una y otra y otra vez mientras saltabas, tu te creías apagando una llama, yo en cambio, con tu cuerpo, me fusionaba, en un abrazo, en un beso, en una caricia, en gemidos y gritos de pasión desenfrenada...

Y cuando hubo acabado la faena, cuando el cansancio y el sueño logró vencer el ímpetu de nuestros cuerpos, tu te abandonaste a la profundidad del sueño, yo en cambio, sentí que me abandonaba, que ya no me pertenecía más, que estaba habitando dentro tuyo...

Yo también me entregué, yo también te dí mi alma, mi sudor, mi sexo y mis lágrimas, yo te dí mi llanto mudo, el que no viste cuando en el orgasmo agonizabas, yo también morí y creí ir al cielo, volando entre tus brazos, mientras pensabas que solo arrugábamos sábanas...

Mas cuando despiertes, me mirarás a los ojos, y verás al cazador, al lobo, al depredador que se quedó con algo más que tu cuerpo, al que te llenó de sexo la cama, no verás, mi amor, ni mi ternura, ni la fragilidad de mi alma, solo al animal que te tomó como presa, como trofeo, aquel que finalmente consiguió lo que quería...

Y pensarás quizás, que ya no esperaré otra cosa de tí, que no sea tomarte de nuevo, que te verás presionada a entregarte, cada vez que salgamos, o te invite a escaparte, creerás que me he vuelto adicto a tu sexo y que este sentimiento para sobrevivir, deberá ratificarse de cuando en cuando con la entrega de tu cuerpo...

Pues te equivocas, niña, mujer, novia, esposa, amante...no soy el lobo que te imaginas, disfruto el momento que me regalas, la pasión que me obsequias, la entrega que me otorgas, más no preciso de tu sexo para sentir amor en mi alma...por que la presión que siento cuando te miro a los ojos, la siento en mi pecho no entre mis piernas...

El amor que te tengo está dentro de mi ser, no en las ganas de mi cuerpo...

El sexo es el sexo, pero el sexo con amor, viene del cielo, te puedo tomar mil veces para calmar mis ganas, pero prefiero tomarte aunque fuese una sola vez, para quedarme para siempre fundido a tu alma..."



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