lunes, 30 de diciembre de 2013

"¿A dónde diablos se fué la luna, que alumbraba nuestras noches, que acunaba los mutuos insomnios de interminables charlas?

¿Dónde está el mar en el que recreabas la vista, y el cielo que celoso coronaba de nubes tu preciosa cabeza?

¿dónde quedaron las noches, dónde los días, dónde la brisa que sacudía tus negros cabellos?, ¿y el cansancio, de correr sin rumbo por aquellas calles lejanas de España?

¿Sacude tu pecho ahora el miedo a ser descubiertos?

¿Por qué diablos tuve que endiosar un sueño al lado tuyo?

Busqué un cielo en tu mirada, y me heredaste un infierno de silencio.

Respiro el aire putrefacto, de una ciudad que  me contamina la existencia, me inyecto el veneno de tus recuerdos que me mata lentamente, sin piedad y con dolor extremo.

Me intoxico, con el humo que expelen los autos, y con el olor a hierba, de los que intentan huir de su cruel realidad fumando porros.

Es suicida la vida que llevo desde que no estás más, es incierto el futuro en mis manos vacías, en el espejo se asoma un remedo de lo que fuí a tu lado, una mueca sombría y yerta, ocupa el espacio de la sonrisa que dibujabas cada día en mi vida.

Es una maldición querer olvidarte y no poder hacerlo, quisiera arrancarme el corazón del pecho, y dejar hueca mi cabeza, mutilar mis manos, despellejarme, borrar hasta el más mínimo rastro de tu paso por mi cuerpo.

Pero la crueldad me cubre, con múltiples tormentos, con insomnios, con desvelos, con la memoria insulsa de fugaces momentos.

Fui yo quien le dio sentido a esto, fui yo quien entregó todo, fui yo, quien te endiosó, quien puso en un pedestal tu cuerpo, tu mente, tus palabras, tus ojos, tu cabello.

Solo hay una forma de matar a un dios.

Olvidándolo de tajo, negar que existe siquiera.

la mejor venganza y el mejor perdón, es el olvido!"



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