"Suelen encontrarse a la misma hora, en aquella cita clandestina, mutuamente consentida, almas proscritas, cuerpos infieles, la suma perfecta de dos pieles, un cúmulo de ganas, un tumulto de deseo que los empuja, unos besos que se repujan en los labios y no se aguantan, unas caricias, que no disimulan sus anhelos y que pretenden desbordar, la pasión que titila en las pupilas de sus ojos, miradas eléctricamente erotizadas, unas manos que se entrelazan, con timidez y disimulo...
Un cuarto común, un par de almohadas, mantas para el frío, un frío que el calor del coito desestima, un televisor que no distrae, un espejo colgado en la pared, que hace las veces de pantalla gigante, una cama que hace ruido, al ritmo implacable y salvaje de la lujuria de los amantes, cuatro paredes que replican con la complicidad de la acústica, y amplifican los gemidos, los susurros, los gritos de placer y de lujuria...
Una lámpara a media luz, que proyecta unas siluetas que se contorsionan, en oleadas de besos y mareas de caricias, cadenciosos movimientos que grafitean la pared, como en un teatro de sombras, una ventana que se empaña con el sudor, y al final de todo, un silencio, en el que llega de súbito la calma después de una tormenta de pasión, la banda sonora del agotamiento, del desgaste, la descarga y el derroche...
La luz del sol, se mete de a poco, por las hendiduras de las cortinas, tímidamente se refracta como en millones de prismas multicolores, a través de las gotas que se deslizan por el cristal de la ventana aún empañada, dos cuerpos desnudos yacen sobre una cama desarreglada, que más parece un campo de batalla, los rastros de una guerra en la que ambos perdieron energía, pero que ganaron en sincronía con sus almas...
Las sábanas arrugadas, la ropa en desorden sobre el piso de la habitación, la evidencia inequívoca de un crimen, las huellas del paso de un huracán de sexo y pasión sin freno...
Una mirada que coincide en el momento exacto del despertar, del abrir los ojos, casi al mismo instante, un silencio compartido, una sonrisa sincronizada en el rostro de aquellos dos pecadores, unas caricias mutuas, que se tientan de nuevo, y que van en todas direcciones, a donde las ganas las lleven, se acumulan deseos en la mente, el morbo, y en los cuerpos, lujuria, las vellosidades se electrizan, la energía alterna del sexo se enciende por segunda vez, se prodigan mutuos y apasionados besos, y la faena empieza, una y otra vez...
Le dan rienda suelta a sus mutuas fantasías, se abrazan en una sexual danza, recrean un kamasutra que sus deseos reescriben, en posturas, contorsiones y entrega convulsiva y compulsiva...
Se aman una y otra vez, hasta pasada la mañana, hasta que se agotan las ganas, hasta que el deseo se apaga, hasta que el fuego de la lujuria se extingue...
Se van juntos a la ducha, remojan sus instintos, se repasan en besos, y en mutuas y prolongadas caricias, con inocencia, absolviéndose mutuamente del crimen, se acicalan, y se lanzan a la calle, se despiden con un beso y siguen su vida como si nada...
Acuerdan encontrarse de nuevo...si la vida lo permite...si las circunstancias les alcahuetean...si al destino le da la gana!..."

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