"Con la rabia de mis años, le arranco cada día pasos al adoquín de las calles, pinto de miradas el cielo azul que cubre los escasos cabellos que cubren mi cabeza, lleno mis manos con el espacio vacío que hay en mis bolsillos, oculto mis ojos en la oscuridad disfrazada de unos lentes oscuros, y mi tristeza va refundida en la sal de un par de lágrimas que siempre amenazan rodar suicidas por mi rostro.
Creo, ilusamente, a veces, que el viento me susurra tu nombre al oído, más es mi mente, la que desobediente, me representa en recuerdos, tus palabras, aquellas que dijiste, aquellas que no, las que te guardaste, las que te guardas para si, las que ahora endulzan los oídos de otros, las que llevan aliento, las que motivan, las que dan ganas de vivir, la banda sonora de una vida, que muere cada día.
Así están las cosas hoy por hoy, desde hace cuatro meses, desde que no se nada de ti, si vives, ¿como vives?, si duermes, ¿que sueñas?, ¿con quien sueñas?, si ríes, si lloras, si olvidaste finalmente, si amas de nuevo, o te quedaste sola.
Mientras tanto, desahogo mi pena, caminando extraviado, por calles desconocidas, fumándome el aire contaminado de la ciudad, tocando el frío concreto de muros pintados de olvido con mis manos, lanzando miradas suicidas al vacío de la noche, encegueciendo mis ojos con la luz del sol en la mañana.
De vez en cuando me pierdo en la multitud, buscando un rostro, uno hermoso, uno que se fije en mi, uno del que me enamore, unos ojos que me atrapen, que encarcelen mi alma, una voz, una que me hipnotice, que me idiotice, un ser que me narcotice, me quite la voluntad, me domine con la ternura de su ser.
Mas la naturaleza no suele repetir ciertas desgracias, no hay promociones en el destino, no pagas con uno el precio de dos, no hay tal fortuna, no para mi, dichoso aquél que mira ahora tus ojos, acaricia tu rostro, besa tu frente, prueba el sabor de tus labios, la humedad de tu sexo, que escucha en el silencio de la noche los latidos quedos de tu pecho, dichoso aquel que bebe la ambrosía exquisita de tu presencia, no solo en su cama, sino en su existencia.
Dichoso aquel que apuesta un beso tuyo en una partida de ajedrez, y aún perdiendo ante tu natural habilidad para la guerra de fichas y peones, gana una mirada tuya como premio de consolación.
Yo perdí la partida del amor, gané el premio mayor del olvido, suerte de indiferencia, fortuna de desdén, no soy nada, ni un triste recuerdo, nada que valga una sonrisa, mucho menos una lágrima.
Supongo que así fué escrito, por quién diablos no lo sé, se suele endilgar todo tipo de desgracias al destino, a Dios, ése en el que no crees, en él que me niego a dejar de creer, aún por haberme torturado con tu cruel abandono, sobrevivo a la experiencia masoquista de seguir pensando en ti, de seguir recordándote.
Algún día se me pasará, como una jaqueca, una fuerte resaca de mi existencia, será uno de tantos recuerdos, una de tantas memorias sin sentido, ya no me dolerá más el pecho, ni el ego henchido de rabia y frustración, me reiré a carcajadas de mi mismo, de mi estupidez, de darle sentido a algo en el que fuí el único comprometido, me dolerá haber invertido, tanta energía, tanta emoción, y haber perdido tanto tiempo, en alguien a quien le importo un comino.
Mejor te doy de lo mismo, mejor intento olvidarte, negar que existes, volverme algo así, como un ateo de ti, blasfemar tu nombre, volverme un anatema de tu existencia, he de ser de ahora en adelante, un negador absoluto de lo que una vez pasó, a ver si logro curarme de una vez y por todas de esta locura que representó el amarte, tanto, mucho, demasiado, más de lo que se puede, más de lo que alguien común merece."

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