"La mujer que una vez amé, no tenía dedos, sino pinceles que pintaban caricias en el lienzo de mi piel, la saliva de su lengua libidinosa era el óleo que expresionista, dibujaba placer en mi rostro.
La mujer que una vez amé, hablaba en prosa, y de su boca brotaba poesía, una eterna novela con palabras escribía en mi vida, y su voz era la música de mis días, la banda sonora de una película, un romance cinematográfico, una historia de amor, jamás contada.
La mujer que una vez amé, bailaba diabólicamente, con ropa, o sin ella, en la pista de una discoteca, o en el colchón de mi cama, sus caderas siempre hallaron el ritmo, mientras mi cuerpo tembloroso, buscaba desesperado llevarle el paso.
La mujer que una vez amé, se fumaba la vida, se embriagaba de alegría, se inyectaba adrenalina de peligro, su narcosis era la locura que expresaba en todas formas y en todas partes, ella era la locura, maquillada y arreglada para cada ocasión, ella era mi deseo vestida de color rosa, anhelo en cuerpo de mujer.
La mujer que una vez amé, caminaba conmigo de la mano, me guiaba en la oscuridad del miedo, me atrapaba en la cárcel deseable de muchos abrazos, me drogaba con la dulzura de sus besos, me lavaba el cerebro con la ternura de sus palabras, ella era mi debilidad, mi talón de Aquiles.
La mujer que una vez amé, no necesitaba tocarme, o estar a mi lado, o revolcarse conmigo en una cama, o estrujarme el pecho con una mirada, o esculcar mi ser con una ensarta de caricias, ni erizar mi piel, con el roce de sus dedos, no precisaba de su presencia, ella ya era la dueña de mis pensamientos, ella ya no era de ella, ella ya habitaba dentro de mi.
La mujer que una vez amé, no se dió cuenta de cuanto llegué a amarla, de cuanto llegué a necesitarla, de cuanto llegué a arriesgar por ella, de cuanto pude sacrificar, a cuanto pude renunciar por ella.
La mujer que una vez amé, creyó que me mutilaba, que se robaba mi libertad, que me sometía a esclavitud consentida, que me transformaba, que me quitaba identidad, mas no vió el brillo de mis ojos, ni entendió jamás los latidos enamorados de mi tonto corazón.
La mujer que una vez amé, no supo ver jamás mi amor, y si lo vió alguna vez, entonces quizás se asustó, le causó tal temor, que prefirió huir, esconderse, exiliarse, aislarse, ponerse fuera de alcance, borrarse del mapa.
La mujer que una vez amé, se llevó parte de mi, la mejor, la más bonita, la llena de amor, la de la fé, la de la buena voluntad, la del cariño, los mimos, la ternura.
La mujer que una vez amé, no dejó sino la cáscara que ahora soy, desprovisto de futuro, saturado de triste pasado, hastiado de un insoportable presente, que no logra darle sentido a mi existencia.
La mujer que una vez amé, ya no me ama, ya no se acuerda, de aquellas noches, de aquel "te amo", de aquel "a tu puerto volveré", padece de amnesia voluntaria.
La mujer que una vez amé, se cambió el look para engañar al pasado, para disimular en el presente, para timar al futuro, para decirle al resto del mundo que nunca pasó nada entre nosotros, que todo fué un sueño, un juego, una fantasía que yo mismo me inventé a su lado.
La mujer que una vez amé, vive en algún lado, de algún país lejano, con alguien más, de un modo diferente, uno que le borre la memoria, que le resetee los recuerdos, uno que le escriba una nueva historia, para tapar con un dedo el sol de esto que ya no es más."

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