"-Le llenó el hastío una multitud de decepciones, promesas rotas, amores cobardes, romances que se quedaron por la mitad.
Entonces sus pasos anduvieron sin rumbo por algún tiempo, ella cesó la búsqueda de la utópica perfección.
Le fueron por compañía un montón de libros, un cigarro intermitente y una taza de café, que cohibiera el sueño en largas noches de melancólica lectura.
Nunca dejó de lado la vanidad de mujer, siempre estuvo de pié, incluso cuando lágrimas de amargura, arruinaban su rímel.
No se destiñeron el rojo de sus labios, ni el rosado de sus mejillas, ella recibía cada día con un sol en su sonrisa.
El colorido en sus ropas se tornó opaco, creo que la primavera solo sucedía en su alma buena y el otoño se asomaba de vez en cuando en el color de su cabello.
El invierno puso una embajada debajo de sus sábanas, por eso sus pies siempre estaban cubiertos al igual que sus diminutas y delicadas manos.
Sus piernas ya no tenían otras que entrelazar por las noches y en sus manos se ausentaron las caricias.
Se hizo amiga de su soledad y el trabajo le fue por consuelo para lo homicida de la rutina.
Su gusto se fue refinando, más que de costumbre.
Entonces el vino hacía fiesta con sus sentidos y la comida le era por placer tanto como dormir desnuda.
Entonces se encontraba cada día en la mañana con su amigo-enemigo, el espejo y éste le reflejaba una alegría que ella intentaba disimular, mas le echaba en cara la edad de sus prematuras arrugas y las imperfecciones que el paso de los años le dejaban en el vientre, las nalgas y las piernas.
Mas la belleza le bullía por todos lados, y todo le quedaba y todo le combinaba, incluso el recuerdo triste de un amor en pausa.
Ella sumaba grandeza con la altura de un par de tacones, que robaban miradas y atención en el adoquín de la calle.
Y una falda corta le ponía alas al morbo y deseo de los machos que tenían lo fortuna de observarla.
No era amiga de los escotes, pero no peleó con ellos nunca, siempre supo que lo malo de la lujuria en la cabeza de los hombres, era cuestión de ellos y no de la ropa que le cubriera la redondez de los senos.
Su hogar siempre fue su templo y los quehaceres una especie de culto, mas nunca fue su fanática o prisionera.
Siempre supo como darle gusto a su cuerpo, a su mente y a su espíritu, sin los excesos del mundo y ajena a las banalidades de la vida y sus escándalos.
El verdadero espectáculo está siempre dentro de ella, más allá de sus hormonas y la influencia en sus estados de ánimo.
Y a pesar de lo duro de vivir siendo mujer, ella siempre supo dibujar el cuarto menguante de una sonrisa en el firmamento de su rostro.
Y hacer que sus ojos titilaran en la oscuridad de su cuarto.
El amor se le durmió en su pecho, se escondió profundo, fuera del alcance de los tontos y casi inaccesible para los corajudos, inteligentes e interesantes.
Mas el casting anda pobre por estos días y los candidatos que la pretendían no lograban alcanzar la altura de sus tacones.
Prefirió entonces ese estado de eterna espera, de estar atenta a las sorpresas de la vida, siempre eran desagradables, pero aún así, nunca dejó que se marchitara la esperanza en su ser, de que algún día de algún modo, la vida que tanto le había dado y arrebatado una y otra vez, le concediera por fin, ésa felicidad tan esquiva y ése compañero que caminara con ella, sin intentar secuestrar sus ideales, sin manipular su vida, sin adueñarse de su ser.-"
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