"-Debo dejar de andar maquillando fealdades, de ir cubriendo de capas de irrealidad y fantasía a las personas y a la vida.
Debo dejar de ver la perfección de lo imperfecto y la bondad de la maldad que les abriga.
Debo empezar a verlos tal cual son, con sus virtudes y defectos y no hacer de ello una tragedia personal.
No están aquí para agradarme, ni yo a ellos, están por que les toca compartir mi espacio y tiempo, ser el testigo de mi vida y yo el espectador de la de ellos.
Debo entender, que muchos creen que si le añaden dos o cuatro ruedas a su vida, se creen seres superiores, o que si inflan su cuenta bancaria con muchos ceros a la derecha, o visten ropa fina de marcas reconocidas.
Debo aceptar que los inválidos del ser precisan de muletas comerciales, de prótesis de mercado que les permitan verse, mas bellos, mas importantes, mas poderosos.
Debo empezar a dejar la costumbre de encumbrar una imagen enana de quienes he amado en el pasado.
Debo entender que su carne puede y debe ser mas débil que la mía, que pueden y deben equivocarse, que deben y pueden lastimarme.
Debo aceptar que pueden ser malos, asesinos de ilusiones, inclementes, fríos, indiferentes y crueles.
Debo entender, que no entienden la vida, como yo la entiendo, que no aman, como yo amo, que no sienten, como yo siento.
Que el poderoso precisa de las armas y el dinero para conservar su poder.
Que el mentiroso recurre a la mentira, por que la verdad es cruda, le pesa, le facilita el afán de justificarse.
Que el que roba, le es mas fácil quitar que conseguir.
Yo he de perder la esperanza en todo aquello que no venga de mi mismo.
He de transformar lo malo que veo en mi.
El mundo no es más que un común espejo, que me refleja, a mi como a los otros.
Yo debo aceptar a los que viven de la carne y por la carne, a los que están en el espíritu y desde el espíritu.
A los idólatras de las cosas y a los fanáticos de lo intangible.
Yo debo entender al que le añade plusvalía a su vida comprando cosas que no necesita y que cuando muera, no podrá llevarse consigo a la tumba.
Yo debo tolerar a aquellos que el mundo desprecian y satanizan, haciéndolo amargo y sombrío como un cementerio.
Yo debo dejar de lado la expectativa, aterrizar mis prioridades y cuadrar mi realidad con la ficción ajena.
Ciertamente no todo lo que brilla en el mundo y las personas es oro, más prefiero tomar de ellos y del mundo el escaso gramo de bondad que puedan tener.
Que el universo la catástrofe permite, tanto como el milagro.
Que el homicida quita vidas, como madres dan a luz cada día.
Que la verdad brilla, a pesar de las mentiras que lees en el periódico que compras, o las noticias que ves en la televisión.
Que todo tiene un propósito en esta vida y en el cosmos que compartimos.
La ley de gravedad funciona para buenos y para malos.
La muerte jamás ha discriminado, sexo, edad, religión, preferencia sexual, poder adquisitivo, estatus o sangre real.
Que en el cementerio es donde acaban todas nuestras vanidades.
Debo empezar entonces, a acumular momentos y disfrutar experiencias, al lado de los que amo y me aman.
Por que las cosas ciertamente, pasan, te las quitan, se corroen, se acaban.
Más tus recuerdos, sentimientos y experiencias, ¿quién te las puede quitar?.
Solo hay un ladrón de experiencias, de momentos y de recuerdos, lo llaman tiempo y se apellida de olvido.-"
No hay comentarios:
Publicar un comentario