"-Enemiga mía, duermes al costado mío, no me dices nada, hace meses que mi cuerpo no sabe que es una caricia tuya, al amor en tu pecho le llegó el invierno y el verano del desgano, secó la humedad de tu sexo hace tiempo.
Se me ha olvidado el sabor de tus besos y la almohada es ahora la depositaria de mis abrazos.
Yo entrepierno el vacío, cuando la arrechera me hace puja en las entrañas.
Nuestra vida no es mas que estar unidos para guardar las apariencias, para no dejar profundos traumas a nuestros hijos.
Somos la pantomima de una pareja perfecta, una obra de teatro para el resto del mundo y una tragedia no contada para ambos.
Ambos estamos tan distantes como dos galaxias, somos dos extraños que apenas y se reconocen.
Yo soy un fantasma que entra y sale y tu el espectro que espanta todo el día en la casa.
El silencio es ahora nuestro lenguaje y evitamos chocar con nuestras humanidades.
Los puntos comunes se han tornado diferentes y las diferencias han cavado un foso profundo en nuestros seres.
Nuestro amor agoniza mientras nuestros egos lo estrangulan.
Cada quién por su lado busca lo que ha extraviado en casa.
El sofá es ahora otra cama para dormir y una línea invisible, nos divide la vida; una especie de frontera, entre lo que fuimos un día y lo que somos ahora.
Nos estamos perdiendo mutuamente y no movemos un dedo para salvar nada.
Hemos dejado al azar la suerte de esto que tardamos en hacernos, una vida, un matrimonio, unos hijos y un montón de memorias que compartir.
Ahora mismo miramos en direcciones opuestas y nuestros pasos se apartan el uno del otro con el paso del tiempo.
Se vino a bajo el futuro que nos prometimos y cada quién por su lado resigna el amor, que alguna vez guardamos en el pecho.
Hace rato que ya nos venimos despidiendo.-"
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