"-A penas y respiraba y ya la vida mía tenía su fecha de caducidad.
Empecé a arrastrarme por la vida, con la ventaja alevosa que da la muerte y entonces te das cuenta que no naces para vivir, sino que te vives muriendo de a poco.
No importa si fuiste el primero, el de en medio o el último en nacer, la muerte no tiene afanes cuando de reclamar tu último aliento se trata.
Entonces con tristeza ves partir a los que amas y solo allí entiendes lo que te espera un día que no conoces o que puede ser mañana.
Te mandan a la escuela para que aprendas a defenderte en la vida, por que a todas luces la vida te ataca, mantiene a la ofensiva, ella quiere irse de tu cuerpo y tu tienes que defenderla de la muerte que mantiene al acecho.
La infancia pierde su inocencia el día que te das cuenta, que la muerte vendrá algún día de visita.
Y no piensas en el hambre, o el frío, o la sed, o la carencia, hasta que tus entrañas lo experimentan.
Y el infortunio echa por tierra tus fantasías, tus dragones y caballeros, mata de hambre tus princesas, hace de un cuento de hadas tu propia historia de terror.
En la adolescencia no entiendes el rumbo, todo parece gris y sombrío, sois el incomprendido, el de las hormonas alborotadas, el rebelde sin causa justa, el que busca llamar la atención de quienes no tienen intención de prestarla.
Y ves a tu madre partirse el lomo por educarte, por hacerte un hombre de bien, un buen ciudadano, mientras no piensas en otra cosa que no sea gastarte el tiempo con los amigos y empezar a buscar con quien ligarte y echarte a perder el futuro prometedor que alguien más quiere para ti.
Ah! si la vida te jode a cada rato, con esas cosas del amor, el desamor y otros males.
Te matas de a poquitos con tu novia, tus amigos, tus enemigos, tus compañeros de trabajo o de estudio.
Y piensas entonces que cada vez que te traicionan, o te defraudan, o te rompen el corazón la vida te hace fuerte y te prepara para un mejor destino, cuando el único que ciertamente te aguarda es un frío agujero en la tierra, o si la plata abunda en una caja de madera acaban todas tus esperanzas, ilusiones y tu carrera frenética por ser mas grande, mas fuerte, mas famoso, mas rico, mas que cualquiera, mas que los demás.
Ah! pendejo resulta correr una carrera que al final perderás, no perdurarás, no prevalecerás; un accidente, una enfermedad, te arrebatará de repente y te borrará de la memoria.
Vos te crees prospecto de la inmortalidad y no hay dinero, ni reputación que perdure en el tiempo.
Sólo esta raza tiene el poder de recordar, de hacer eterno ese recuerdo en la memoria de los demás, mas los humanos lo que quieren recordar recuerdan y lo que quieren olvidar olvidan y ciertamente olvidan lo que deben recordar y lo que deben olvidar recuerdan.
Le compras alegría a la muerte a cuotas de existencia.
Te aferras a lo que va y viene y te cuesta abandonar lo que no te conviene.
No has entendido el sentido y flujo de la materia y la energía que es lo único que compone tu cosmos.
Pasar de un estado a otro, de una frecuencia a otra, ya sea alta o sea baja, nacemos y morimos, somos creados y destruidos, una y otra y otra vez.
Somos parte de un imperceptible reciclaje de nosotros mismos.
Y en cada ciclo nos vamos depurando o contaminando, dependiendo de lo que emane de nosotros o lo que le agreguemos al espíritu.
Dejarás un rastro de tu paso por el mundo solo en los corazones que toques, en las vidas que ayudes a cambiar, pero no te engañes, hay quienes dejan huellas y hay quienes dejan cicatrices, al final de las sumas y las restas, eres tú quien finalmente decides, ser pincel que pinta futuros, o puñal que los desfigura y asesina.-"
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