miércoles, 3 de diciembre de 2014

"-Teje el destino sus crímenes y en ese hilado permanente de los imposibles los vino a convocar el mismo gusto por la estética del arte.
Se vieron como un par de personajes de cuentos, como escapados de alguna obra de arte de las que tenían ante sus propios ojos.
Ella pensó que era hijo de Apolo y el la creyó musa de algún poeta legendario, que escribiera odas a su prematura y juvenil belleza.
Entonces Eros se aprovechó del momento y les clavó a los dos sutil y certero enamoramiento.
Y cada quién procesó de acuerdo a los años y experiencia ese elaborado sentimiento en su corazón.
El mundo empezó a importarles poco, ya lo habían encontrado lleno de porquería y perjuicios.
Ya las élites puritanas condenaban al hades a homosexuales, pedófilos, prostitutas, vagabundos y miserables por igual, así que un pecado más no hacía más o menos condenable la miseria humana.
Cada quién por su lado se fue metiendo poco a poco en la mente del otro y para cuando se dieron cuenta ya se imaginaban juntos degustando besos prohibidos.
Entonces la pasión les fue creciendo en las entrañas; a ella le llenaba de mariposas el vientre y a el de bríos la madurez de sus años.
El miedo quiso menguarles las ganas del uno por el otro, pero llegó el momento en que se despojaron de el junto con la ropa.
Ella sin embargo se tomó su tiempo, le pidió paciencia.
El abdicó en el deseo de que fuera a su parecer y propia complacencia.
Entonces se dejó llevar por ella y aguardó a que las ganas y el trabajo de las hormonas coincidieran.
Ella le tentaba desnuda en la alfombra, el la pintaba al oleo con una copa de ron en la mano y la lujuria en sus ojos.
Nunca brotó de la boca de él reproche alguno por la espera, se reservó para ella, tanto como ella para él; y cuando el tiempo de juntarse les quitó por fin la ropa, vino el sexo a bendecirlos con el placer de una primera vez.
La de ella la de hacer el amor, y la de el al despojarse del deseo vano de poseer sin amar, de tomar sin entregar, de hacerse a un trofeo que presumir en su vida sexual.
Les parió el amor aquella relación, y se prolongó por un tiempo mas, hasta que como todas las cosas se acaban y mueren.
Mas en la memoria de ella, habita aquel noble caballero, que esperó por su virtud sin el afán del pecado.-"

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