lunes, 16 de marzo de 2015

"-Se apareció así de repente, como si nunca se hubiese ido.
Venía estrenando lozanía en su rostro y un diseño de sonrisa que no pagó la alegría de su ser; su capital nunca estuvo en su alma.
Vino exhibiendo sus cadenas, unas que tenía por todo el cuerpo, ella no las veía, yo las vi en el anillo de compromiso que traía puesto.
Dijo cuando se fue que sería libre, que no le pertenecería jamás a nadie.
Mintió, cambió de jaula, de prisión y carcelero.
Cree que pavoneándose en la bisutería de las cosas y las personas, se hace grande e invulnerable.
Cree que disfrazando su vacío nadie en ella verá la verdad que esconde.
Se hace la fuerte, la indolente, la dura y un montón de cosas que ella solo se cree, para darse aliento, para sobrevivir a la soberbia de todo y de todos.
Camina con paso firme para disimular que el mundo que lleva dentro se le cae a pedazos.
Unos anteojos oscuros ocultan su mirada, ésa con la que asesinaba en el pasado y que ahora no quiere que nadie vea, para que el brillo de sus ojos no siga delatando su tristeza interna.
Vino estrenando dueño, uno al que llama el amor de su vida, así como una vez dijo que era yo, lo mira y le estampa muchos besos en la boca, reafirmando su vasallaje.
Yo guardo silencio y veo que no cubre sus ojos para que no vean su mirada, sino que cubre la ceguera que le impide ver el pozo que cava y el lodo en que se revuelca a gusto, pensando que es libre, siendo una esclava.
Sigue siendo hermosa, gracias a la magia de éstos tiempos, en donde lo plástico endereza la flacidez que le añade el tiempo a tus carnes.
Pero noto entonces que se ha operado todo, menos el corazón, a ése el bisturí ni el botox lo penetran, se ha hecho de piedra, se ha calcificado de la misma superficialidad que recubre al mundo. De la misma artificialidad con que la vida nos engaña a todos, prometiéndonos un espacio en la memoria de los siglos.
Como si la estupidez tuviese ganado ya un espacio y un tiempo en la historia del universo.
Entiendo en ese momento entonces, cuan inútil fueron mis lágrimas, cuanto tiempo perdió mi corazón latiendo cada segundo por ella.
Llegó a mi la revelación tanto tiempo anhelada y que me negara su propio silencio e indiferencia.
No puede un corazón como el mío, ni por azar, ni por designio, estar atado o sujeto de manera alguna, a un corazón artificial, hueco, duro como una piedra. Y cuando menos las piedras al interior de los átomos que la componen vibra.
El de ella claramente era asistido por una máquina que la hizo tan fría como el invierno en el que habitaba con su cuerpo al otro lado del océano.-"
 


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