miércoles, 26 de marzo de 2014

"Mis letras no traen consuelo, no secan lágrimas, no remiendan el descosido de los corazones, no alivian la pena, no menguan el dolor.

No fueron escritas para sanar, son sal para las heridas, el acto sado-masoquista de repasar el pasado, las palabras dichas, la memoria de recuerdos vividos, es reconstruir la escena de un crimen del alma.

Son escalpelos, como cuchillos que abren aún más lo que sangra, lo que se drena por mi ser, palabras que diseccionan, que le hacen taxonomía a mis emociones más profundas.

A este amor fracturado le escribo versos, en la cuadraplegia de sentimientos discapacitados, de aquello que dijeron que sentían y que resultó mentira, de aquello que prometieron y que el miedo derrumbó de cobardía.

Yo ya no escribo para remediar nada, este amor fué asesinado lentamente, fué una eutanasia de olvido e indiferencia, de silencio camuflado en una supuesta inteligencia, no es más que crueldad maquillada con rimel y labial de cobardía.

Me quedan las manos y el alma vacía, para llenarlas de nuevo, de nuevos besos, de nuevas caricias, de cosas más ciertas, más tangibles, más sinceras.

Me queda el sinsabor de haber entregado lo mejor de mí a quién nunca quiso valorarlo, fuí la aventura de alguien más, el pasatiempo, el cigarro que te fumas y desechas cuando se acaba la diversión.

No me duele la herida, me duele el perpetrador, no me duele la cicatriz, me duele la mano que arroja sal sobre la herida, no reprocho la experiencia, reprocho la persona por la que tuve que vivir tanta amargura.

Ya no tiene caso, seguir ahondando en más dolor, seguir el círculo vicioso y destructivo de recordar a quien no te recuerda, de pensar en quien no te piensa, de amar a quien no te ama.

Ya no brotará mas tinta roja de mis venas, para poemas a quien no lee más el amor en la hoja en blanco de mi mirada, no vale la pena encriptar mensajes en lo profundo de mi ser, a quien nunca entendió el valor de un sentimiento, a quien no entiende el dolor detrás de una lágrima.

Me trago mi pena, me atraganto con mis sentimientos, hago un rollo y lo meto en el bolsillo roto de mis sueños, de todo aquello que quise, y que fué despreciado, arrugo ese destino, y lo arrojo al tiradero de lo que desee como mi felicidad.

Mis letras no pararán tu llanto, no borrarán de la memoria las caricias, los besos, los orgasmos, no te anestesiará los sentimientos, ni calmará tu ansiedad, no traerá el descanso a tus insomnios, mis letras son veneno, de odio puro, de rabia, de pena, de dolor, de frustración extrema.

No las leas, pues te enferman, como lo hace esto que siento, que quiero abandonar, que quiero dejar de lado para siempre, así como tú lo hiciste conmigo, pagarte con la misma moneda, rebajarme a tu nivel, ser tan hueco y básico como tú."






martes, 25 de marzo de 2014

"Y yo no puedo parir con dolor, más que unos tristes poemas, no se puede igualar a tu vientre con la matriz de la que brotan mis letras.

Yo no puedo llevarte en mi vientre, como tú por nueve meses, pero te llevo a cambio en mi corazón, latiéndome fuerte en mi pecho, y en mi mente, haciendo parte de mis recuerdos.

Yo no puedo amamantarte durante tu primer año, ni darte el calostro amoroso de mi ser, más puedo darte la sabia de mis besos, el néctar suave de mis caricias, la humedad tibia de mi sexo mañanero.

Yo no puedo arrullarte, ni acunar tu sueño por la noches, con canciones infantiles que te produzcan sueño, pero puedo mimarte, consentirte, acariciar tu cabello, hasta que Morfeo con su lira te arranque el insomnio y te sumerja en el océano onírico de tus secretos.

Yo no puedo venir cada mes a importunarte, con cólicos en tu vientre, ni pintar de rojo la lencería que cubre tus entrañas, yo no puedo alterar tu buen humor y sensibilidad, pero puedo ser luna que apacigüe tu melancolía, puedo ser melodía que levante tu decaído ánimo, yo puedo escribir versos en las sábanas blancas, escribiendo caricias en tu cuerpo.

Yo no puedo hacer el millón de cosas que sueles hacer al mismo tiempo, limpiar, maquillarte, coser, vestirte para la ocasión, atender los niños, ennoviarte, estudiar, trabajar, ahorrar, cuidar del jardín, de los detalles, recordar todas las fechas importantes, pero puedo estar a tu lado y apoyarte siempre, darte la mano, llorar contigo si es preciso, caer si caes, tenderme a tu lado si decides no levantarte.

Yo carezco de toda hermosura, de toda esa que te sobra, interna y externamente, de esa con la que te bendijo el universo, cuando te hizo mujer, soy solo un macho, como tantos otros, tratando de entender el enigma que escribes con tu existencia en la historia del mundo.

Yo solo puedo amarte, anhelarte, desearte a todas horas, quitarte la ropa con mis ojos, hacerte el amor con mi retorcida mente, llorarte en silencio cuando me partes el corazón, odiarte cuando me decepcionas, querer matarte, cuando me traicionas, yo solo puedo pertenecerte brevemente entre tus brazos, visitar tu vientre, y germinar mi esperma dentro tuyo.

Yo solo puedo ser tu esclavo cuando así lo quieres, cuando usas tu inteligencia, más que la belleza tu cuerpo, cuando logras convencerme con argumentos, más que con la sensualidad de tus movimientos.

Yo solo puedo ser tuyo mujer, cuando te quiero, cuando te amo, cuando te necesito, cuando te extraño, cuando me siento solo en el universo, cuando mi cama está vacía, cuando mi vida está del mismo modo."












"Hay un camino que se abre bajo mis pies a cada paso, pasos sin rumbo o dirección, la vida me sigue vagabunda, como extraviada, con la incertidumbre de aquello que empieza, pero no se sabe a ciencia cierta como terminará.

Hay un horizonte distante que dibuja mi mirada, lejana como la mujer a la que amo, y ese horizonte se hace grande, se ensancha como mi alma por la nostalgia, de cosas que no serán de nuevo, que tuvieron su tiempo y oportunidad de ser, y que no pasarán otra vez.

Hay unos abrazos pendientes que reclaman mis brazos, unas caricias en el congelador del tiempo, que anhelan los dedos de mis manos, hay una sed en mi boca que solo saciará la humedad de tus labios.

Mi necesidad absurda de todo lo tuyo, habita mi alma, me mueve el ser, hace que pierda la razón y el sentido de la realidad que me sobrepasa en cada evento y circunstancia, de esto que llamo vida.

Mi cuerpo te espera desnudo, debajo de las sábanas que prometimos arrugar juntos, mis besos aguardan la lujuria de tu vientre, mi esperma espera germinar en tu sexo, en una explosión de millones de flores.

A veces pienso que es una espera inútil, es aguardar en la puerta unos pasos que resuenan en la madera de las escalas de tu casa, pero no hay silueta alguna que asome su presencia en el portal.

Es una voz que se aproxima, pero no hay sujeto alguno al que le pertenezca, no es más que el eco en tu memoria, de una música que sonaba en tus oídos, una canción que ella cantaba, y que solo tu escuchabas.

¡Oh juego del destino!, macabro, cruel y despiadado, no entiendo tus reglas, no hay preceptos que me permitan jugarte limpio, y no juegas limpio con la inocencia de mi ser, te aprovechas de mi natural ingenuidad, me tratas con rudeza, pues no gustas de los blandos de corazón.

¡Qué inútil esperanza!, que expectativa más insulsa, ésa de esperar lo que no ha de llegar jamás, ¡Ah locura absurda!, ¡que neurosis más estúpida e inútil!.

mi narcosis es de realidad que me dopa, me mantiene en un sueño colectivo, de riqueza, fama, fortuna, lujos banales, amor por las cosas, odio por las personas, desprecio del mundo, desdén por la vida, por la tuya, por la de los demás, es la polarización al negativo de todo lo que no tiene carga.

Cada quien elige el caleidoscopio con el que quiere deformar la visión del mundo, de la vida y de la realidad.

Yo escogí ver el mundo con tus ojos, unos que ya no veo más, unos que mi alzheimer me harán olvidar, tarde o temprano."





sábado, 22 de marzo de 2014

"La mujer que una vez amé, no tenía dedos, sino pinceles que pintaban caricias en el lienzo de mi piel, la saliva de su lengua libidinosa era el óleo que expresionista, dibujaba placer en mi rostro.

La mujer que una vez amé, hablaba en prosa, y de su boca brotaba poesía, una eterna novela con palabras escribía en mi vida, y su voz era la música de mis días, la banda sonora de una película, un romance cinematográfico, una historia de amor, jamás contada.

La mujer que una vez amé, bailaba diabólicamente, con ropa, o sin ella, en la pista de una discoteca, o en el colchón de mi cama, sus caderas siempre hallaron el ritmo, mientras mi cuerpo tembloroso, buscaba desesperado llevarle el paso.

La mujer que una vez amé, se fumaba la vida, se embriagaba de alegría, se inyectaba adrenalina de peligro, su narcosis era la locura que expresaba en todas formas y en todas partes, ella era la locura, maquillada y arreglada para cada ocasión, ella era mi deseo vestida de color rosa, anhelo en cuerpo de mujer.

La mujer que una vez amé, caminaba conmigo de la mano, me guiaba en la oscuridad del miedo, me atrapaba en la cárcel deseable de muchos abrazos, me drogaba con la dulzura de sus besos, me lavaba el cerebro con la ternura de sus palabras, ella era mi debilidad, mi talón de Aquiles.

La mujer que una vez amé, no necesitaba tocarme, o estar a mi lado, o revolcarse conmigo en una cama, o estrujarme el pecho con una mirada, o esculcar mi ser con una ensarta de caricias, ni erizar mi piel, con el roce de sus dedos, no precisaba de su presencia, ella ya era la dueña de mis pensamientos, ella ya no era de ella, ella ya habitaba dentro de mi.

La mujer que una vez amé, no se dió cuenta de cuanto llegué a amarla, de cuanto llegué a necesitarla, de cuanto llegué a arriesgar por ella, de cuanto pude sacrificar, a cuanto pude renunciar por ella.

La mujer que una vez amé, creyó que me mutilaba, que se robaba mi libertad, que me sometía a esclavitud consentida, que me transformaba, que me quitaba identidad, mas no vió el brillo de mis ojos, ni entendió jamás los latidos enamorados de mi tonto corazón.

La mujer que una vez amé, no supo ver jamás mi amor, y si lo vió alguna vez, entonces quizás se asustó, le causó tal temor, que prefirió huir, esconderse, exiliarse, aislarse, ponerse fuera de alcance, borrarse del mapa.

La mujer que una vez amé, se llevó parte de mi, la mejor, la más bonita, la llena de amor, la de la fé, la de la buena voluntad, la del cariño, los mimos, la ternura.

La mujer que una vez amé, no dejó sino la cáscara que ahora soy, desprovisto de futuro, saturado de triste pasado, hastiado de un insoportable presente, que no logra darle sentido a mi existencia.

La mujer que una vez amé, ya no me ama, ya no se acuerda, de aquellas noches, de aquel "te amo", de aquel "a tu puerto volveré", padece de amnesia voluntaria.

La mujer que una vez amé, se cambió el look para engañar al pasado, para disimular en el presente, para timar al futuro, para decirle al resto del mundo que nunca pasó nada entre nosotros, que todo fué un sueño, un juego, una fantasía que yo mismo me inventé a su lado. 

La mujer que una vez amé, vive en algún lado, de algún país lejano, con alguien más, de un modo diferente, uno que le borre la memoria, que le resetee los recuerdos, uno que le escriba una nueva historia, para tapar con un dedo el sol de esto que ya no es más."






viernes, 21 de marzo de 2014

"Ella no se percata nunca de como su sola presencia afecta la realidad, no se da cuenta que cuando camina, una corte de ángeles la persigue, celosos del halo de felicidad que emana de su ser.

Se hace la loca, y así se queda, descaradamente, desafiando la rutina, la monotonía de la vida, el viento siente celos cuando desenreda los cabellos con sus dedos.

Ella dibuja una sonrisa pícara en su rostro, y un guiño insolente hace monumento, detalle de fina coquetería en su cara.

Ella vive intensamente la mocedad de sus años, ella canta cuando habla, baila cuando camina, ella dibuja pasos en las calles solitarias, y va dejando su aroma a flores por donde va.

A ella la primavera la bendijo de hermosura prematura, y la rebeldía se le filtra en la mirada, ella se hace la que ignora lo que pasa frente a sus ojos, ella simplemente es, y existe, y con eso le basta al universo que crea.

Sus ojos son otro par de estrellas, sus manos pinceles de caricias, su cuerpo el lienzo en blanco de orgasmos que aún no goza, su voz es la de un ángel que nadie ha tenido el privilegio de escuchar.

Ella esconde una mujer, ella guarda una artista, ella oculta una poetiza rebelde, hay una mártir del machismo protegida dentro de sí, ella es en mucho y mas la perfección que va madurando con el paso del tiempo, con los daños de los años.

Su alma es muy antigua, ella no ve las mismas cosas, del modo que lo ven las mismas de su edad, ella visionaria tiene su alma, adelantada su chispa, sobrepasada la inteligencia, casi bajo control su emocionalidad.

Ella no sabe lo que le hace a mis entrañas, cuando la percibo cerca, ni los remolinos en que se convierten mis pensamientos, cuando se aparece como espectro en ellos, ella no logra adivinar, cuan de prisa corre mi atontado bombeante de sangre, no adivina que mis poros se derraman en el sudor frío de unos nervios que altera con una mirada suya.

A pendejo yo, que la veo tan perfecta, tan irreal, tan idílica, una princesa de un cuento de hadas que me he inventado, para darle un matiz, a esta cotidianidad absurda, ella es el color de mis días grises, el eco de mi cuarto vacío, ella es la canción que se repite en mi memoria.

Ella es lo que no puede ser para mi, y yo soy lo que jamás seré para ella, ella está a años luz de mis ganas de abrazarla, ella es el agujero negro que se traga mis ganas de vivir.

Ella seguirá siendo la luna, y yo el perro callejero que le ladra inútilmente."






martes, 18 de marzo de 2014

"No se trata de la mirada, sino de los ojos en los que solía extraviarme.

No se trata de las caricias, si no de las manos de donde provenían.

No se trata de los besos, si no de la boca que los estampaban furtivamente en mi espalda.

No se trata del sexo, si no del cuerpo al que me aferraba, al vientre que visitaba, al cielo que alcanzaba en éxtasis divino.

No se trata de la filosofía, el arte, la ciencia, el ajedrez o los video juegos, se trataba de la inigualable compañía y complicidad que habitaba entre nosotros.

Lo que queda es un parque sin nosotros, una cama vaciada de pasión, una habitación de un hotel enmudecida, unas sábanas sin arrugar.

Una calle solitaria sin el eco de unos pasos nocturnos, una canción de amor,  que suena huérfana en la radio.

Una noche de luna llena, sin enamorados, un cigarro prohibido sin encender, la resaca de un amor a la mitad, mutilado de presencia, masacrado de indiferencia.

Lo que queda no es más que un corazón roto, un rostro ajado y deslucido por el llanto, un dolor profundo en el pecho, una ansiedad que carcome los días en mi vientre, la rabia y la impotencia del que fracasa irremediablemente.

Lo queda es un montón de letras que otros leen, una ensarta de historias encriptadas que insinúan lo que pasó, lo que me hiciste, lo que me hice, lo que te permití hacerme.

Lo que queda es un remedo de ser humano, uno que se mueve por ahí, con la mirada perdida en el horizonte, buscándole un millón de ¿porqués? a la existencia.

Lo que queda es un grito en el silencio sepulcral de la noche, un llanto ahogado en el fondo de una almohada remojada en lágrimas vanas.

Lo que queda es una cara de amargura, con la que saludas la mañana, unos lentes oscuros que disimulan el luto de tu alma.

Lo que queda, no le gusta a nadie, por que está roto, remendado, incompleto, sin lustre, ajado por la pena, derruido por el dolor.

Lo que queda es un despojo, los restos, los escombros, los residuos, la escoria, lo que fué desechado, desestimado, subvalorado, minimizado, ignorado, y desdeñado.

Lo que queda es un camino, uno largo, uno solitario, uno sin horizonte a la vista, uno lleno de incertidumbre.

Lo que queda es la esperanza de sobrevivirse a sí mismo, de no dejarse hundir en el abismo de la tristeza, de no morir en el vacío insulso de la monotonía de la vida.

Lo que queda es respirar un aire enrarecido por el desamor recibido, alimentarse de inútiles recuerdos, hacerle memoria a los difuntos sentimientos, sepultar en capas de hipocresía, una felicidad que te fué negada."




viernes, 14 de marzo de 2014

"Inquilina de mi memoria, habitante de la calle solitaria de mi vida, la indigente del amor que una vez mantuve por dentro, vagas por cada rincón de mi existencia, mendigando un olvido que mezquinamente te niego.

Dejo tu recuerdo a la suerte de los días, te abandono en la oscuridad de interminables noches, dejo que te extravíes en la madrugada, y espero que no pueda hallarte en la luz que despierta el alba.

Te digo adiós con los brazos abiertos, y quiero recibirte de nuevo en mi vida, dándote la espalda, así de ilógico es lo que tengo dentro, lo que me inunda de ironía la existencia, lo que me sobrepasa en fuerza anímica, lo que me confunde, lo que hace que pierda mi cordura.

Estoy en la ambigüedad del amor y el odio, de la luz y la oscuridad, de lo bueno y lo malo, de lo que quiero y lo que no quiero, de lo que amo y lo que aborrezco, me hala hacia el abismo una incertidumbre absurda, como absurdo resulta respirar un aire, sin el aroma de tu piel.

Te extraño, como se extraña el calor en el frío invierno, como se extraña la luz en la oscuridad absoluta, como se extraña la música en el silencio más cruel, como se extraña lo que se ama, en el olvido más injusto.

Te olvido, lo intento, fracaso, vuelvo a empezar, a llenar mi mente de nuevos pensamientos, de nuevas imágenes, mi vida de nuevas historias, experiencias, le pongo una mordaza a mi mente parlanchina, detengo el tiempo en mi memoria, para que no siga yendo hacia atrás inútilmente.

Te amo, está allí, no se va mi amor por tí, está arraigado, echó raíces fuertes, el viento de la indiferencia no ha logrado aflojarlo, y la distancia no ha podido menguar su crecimiento, él se rehúsa a abandonar el sitio que le preparé cuando empecé a sentirlo, ahí está de pié, esperando no se qué, no dice nada, solo está allí, ni siquiera le presto mucha atención, pero cada vez que esculco dentro, aparece, se levanta, aguarda, como si fuese a recibir a alguien, alguien que no llega.

Yo ya no lucho con esto, no tiene caso, me declaro vencido intentar sacar de la mente, lo que está tatuado con fuego en mi corazón, lo acepto, lo tolero, con dolor a veces, sin sensación alguna otras tantas, sigo adelante, engañando al tiempo, mintiéndole a mi inteligencia, burlando mis reales emociones, timando la escasa sensatez.

Simplemente me dejo llevar, por la vida, por el mundo, soy yo ahora el mendigo, el indigente, el habitante de una calle vacía, la de mi propia vida, soy el vagabundo de una existencia que se diluye, soy el único inquilino de esta realidad."