sábado, 5 de abril de 2014

"Que locura más grande, que insensatez más absurda que revolcarme en el polvo y las cenizas de un amor que no va más, que caducó, que venció en el tiempo, que se fué marchitando, flor de un día que no soportó el verano.

No sé que me hace más daño, si repasar la memoria de hermosos y gratos recuerdos, o taladrar mis entrañas con la repuja que inflama mi tristeza, una amenaza a mis ojos, con lágrimas secas que no resbalan más por mis mejillas, unas ganas de llorar y de mandar todo a la mierda.

¿Por qué fuí tan ingenuo?, ¿tan torpe?, ¿tan iluso?, ¿tan inocente?, ¿que tenían sus ojos?, ¿que droga el aroma de su piel?, ¿cual fué el alucinógeno que me arrojó a la cara con sus besos?, ¿cual el narcótico con el que me dominó la voluntad?, ¿que burundanga me aplicó en el cuerpo, cuando fuí suyo, aquel domingo por la tarde?.

Que inútil resulta extrañarte hasta desgarrarme en llanto, siento la impotencia acumulada en el tumulto de los años que pintan de canas blancas y grises mi cabello, viejo tonto enamorado, que no aprendiste nunca a descifrar la falsedad de los sentimientos, ni el engaño de los corazones oscuros.

Bufón del amor, el ridículo del romanticismo, uno que muchas desprecian y ven con homofóbica desconfianza, payaso de los sentimientos, de esos que nadie estima en estos tiempos de sexo barato, lujuria descarada, morbo explicito, y lascivia desenfrenada, y es que desde que el sexo se hizo algo común y fácil de conseguir, el amor se tornó esquivo, y difícil de hallar.

Que torpeza, seguirte armando en partes ajenas, buscar tu mirada en otros ojos, tus caricias en otras manos, tus besos en otros labios, tu placer y tus orgasmos en otros cuerpos, aquél amor que decías sentir en el corazón de quien no puedes amar, sin ser lastimado.

Siento que mi vida se va por el retrete de ignominia, una que me importa poco, pues lo he perdido todo, mi dignidad nunca estuvo en un nivel tan deplorablemente bajo, mi auto-estima, necesita una visita urgente al taller de mecánica cuántica, mis valores a revisión ético-mecánica, mis pensamientos deben ser cuidadosamente examinados y estudiados a fondo, hay baches y lagunas mentales que amenazan mi escasa cordura.

Nunca me he sentido más solo, aún con alguien en mi cama, nunca me sentí más abandonado, aún sujetando la mano de otra, que hipócrita resulta mi existencia, respirar un aire que le pertenece a otro, ocupar un espacio, que solo llena alguien más.

Quisiera perder la memoria de aquellos días, volver a reírme de tantas tonterías, no preocuparme más por las nimiedades del mundo, ni por sus guerras, ni sus miserias, ni por el hambre que padecemos colectivamente, una suerte consentida de ignorancia, alcahuetería pasmosa y pendeja de un sistema que nos ahorca y asfixia, que drena nuestras vidas, mientras vacía nuestros bolsillos.

Mi tristeza es un collar que llevo puesto, que quisiera quitarme y arrojar al mar del olvido, más su peso, es como el de un yunque, que me arrastra hasta el fondo de un profundo abismo, que abrí bajo mis propios pies, cuando decidí hacerte un espacio en mi vida.

No se como sacarte, expulsarte de mi mente, de mi corazón, de mi vida entera, si te veo en todas partes, si te siento en el aire que respiro, si me corres por las venas, como el líquido vital, que derramo por la nariz cuando se me sube la presión de las arterias.

No hay cura para mi enfermedad de tí, y no quiero sanarme, apenas y logro adormecer mis sentidos con una que otra cápsula, una que anestesie los recuerdos, que adormezca mis sentimientos, que mantenga en estado de coma mi resentimiento.

Quiero olvidarte y no lo consigo, quiero borrarte, pero la tinta de tus besos es indeleble, el fuego de tu cuerpo calcinó para siempre mis entrañas, te me tatuaste en el alma, ya no hay vuelta atrás para este karma."





viernes, 4 de abril de 2014

"Saqué a pasear a mis demonios, los eché a la calle un rato, y el circo de la vida estaba lleno de personajes curiosos, de multitud de máscaras, caretas, disfraces, un carnaval de apariencias.

El chico play, con su smarth phone, en un intenso cyber romance, apenas y podía mirar de frente para no caerse, tardó un buen rato en pagar su pasaje, pues no pudo quitar sus ojos de aquella pequeña pantalla.

Más allá una chica cuya longitud en su falda, dejaba entrever la descarada intención de arrancar las miradas libidinosas y los verdosos pensamientos de los machos, sus lentes oscuros lograban disimular tenuemente la picardía de su mirada, era obvio que su intención era provocar.

Luego hallé al méndigo, habitante de la calle, disfrazando su necesidad en harapos malolientes, extendiendo su ambición de dinero fácil, a través de un discurso practicado, una vieja herida que no sanó jamás, una llaga en su cuerpo producto de algún accidente del pasado, quizás auto-infligido, la ayuda gráfica, y el testimonio de su necesidad, la prueba de su hambre, la que dibuja en su rostro con actuación estelar, ésa que logra conmover a cualquier transeúnte, que se rebusca lastimero, en sus bolsillos, las monedas que le sobraron para colocarlas con una mezcla rara de reticencia, repulsa, y compasión.

Más allá había un chico, pantalón descaderado, doblado hasta la rodilla, con unos tenis de moda, gorra beisbolera, gafas oscuras, muy a pesar de lo gris del día, en su mano un cigarro sospechoso, con un aroma que nublaba claramente sus sentidos, y enrojecía su mirada.
 En la otra mano, un artefacto que resonaba en altos decibeles, una melodía cadenciosa, era más un ruido acompasado, la banda sonora de una lujuria retratada en el descaro de una letra, que repetía con la solemnidad de un himno, música que le alimentaba la lujuria, y que le hacía revolcarse en su oscura y retorcida imaginación,  con cualquier chica que se encontrara a su paso.
 Parecía como que aquel cigarro pudiese darle el don momentáneo de desvestir a cada incauta que pasaba por su lado, se reía socarronamente, dibujando el morbo en su rostro, de vez en cuando, un piropo vulgar, se filtraba por la hediondez de su boca.

Luego vi al snob, al encorbatado, el típico gentleman de los negocios, de las innumerables propiedades, el de la billetera llena de tarjetas, y las cuentas sin un inventario claro de sus posesiones, cuando menos, su acento y particular estilo de hablar, dejaban al desnudo que no tenía más que dinero en sus bolsillos, y soberbia en el resto de la humanidad perfumada.
Miraba de reojo y con cierto desprecio al resto del mundo, mientras hablaba por su teléfono de ultima generación, hacía un recorrido por su inmediato pasado, el viaje a Europa el mes pasado, lo caro del parqueadero del centro comercial, recalcaba el hecho de estrenar un auto del año, y preguntar por parientes de los que casi no ve de tanto viajar.

En una esquina, un tanto camuflada, unas chicas, semidesnudas, exhibiendo sus atributos, con el rostro lleno de subidos colores y miradas localizadas, era evidente que estaban de alquiler, unos minutos de cielo, en cuerpos subastados, una promesa de besos y caricias prestadas, de orgasmos fingidos, de lujuria y morbo con precio  pre-establecido.

Luego vi al guardián de la ley, al títere del sistema, al que jura proteger y servir, y que no hace ninguna de las dos cosas, más alcahuete del crimen que otra cosa, su mirada escanea a todo el mundo, una mirada que pone sospecha hasta en el alma más noble, mientras la trampa y el robo hacen fiesta en sus propias narices.

Vi un par de colegialas, lo sé por la uniformidad de sus ropas, sin embargo era evidente que habían modificado adrede el largo de sus faldas, para convertirse en un fetiche sexual del sexo masculino, les escuché un par de palabras, que sin lugar a duda, no tenían nada que ver con lo que se supone, enseñan en la escuela, aquel lenguaje dejaba al desnudo la cruel realidad del abandono de sus padres, del descuido de los adultos que les custodiaban las vidas.

Me topé también con filas enteras de vendedores ambulantes, aquellos que han hecho de la calle una propiedad privada, que surten de cantidad de baratijas las aceras, con la esperanza de arrancar el sustento diario para sobrevivir a esta vida, convirtiendo en un laberinto intransitable la ciudad.

Vi muchos otros espectros, otros demonios afines a los míos, ellos se recrearon por un momento, alivianaron el peso de sus pecados, al darse cuenta que no estaban solos, que allí afuera, también hay resentidos, chicaneros, envidiosos, rencorosos, desadaptados, viejos verdes, pendejos, descarados, inconscientes y mal vivientes.

Respiré profundamente una vez más el aire contaminado por el humo de los autos, el olor de cigarros alucinógenos, el mal aliento de los vagabundos, el estiércol de las mascotas de los ricos, una ves saturados mis pulmones, exhale mi ira y frustración en un suspiro, en la náusea de un vómito casi voluntario, asqueado de la putrefacta descomposición en la que anda todo lo que me rodea ahora.

Regreso a mi casa, me refundo en mí mismo, me guardo mis demonios, los encierro y les pongo las mismas cadenas de sensatez y cordura, vuelvo al mundo que me inventé para sobrevivir a esta cruda realidad de todos los días, de salir a la calle, a exhibir mi propia máscara, a bailar en un carnaval de mentiras y de apariencias, una batalla pública de egos y personalidades, una selección natural, donde impera la ley del más pendejo."









"Dos almas se conocieron una única vez, se juntaron brevemente, se adivinaron el amor en los ojos, y descifraron una pasión inconclusa en sus desnudos cuerpos.

Un encuentro furtivo que el destino les puso en las manos como papa caliente, el muy jodido luego los separó, a ella la mandó lejos, y a el lo dejó atrapado en la misma cárcel que ladrillo a ladrillo y reja a reja, él mismo se construyó, unas cadenas que no pudo zafar, unas ataduras ennudadas, un rollo complejo que no hay forma de desenredar.

Sus ojos no lo supieron entonces, muy a pesar que se encontraron en miradas, él busca incansable ésa misma mirada, pero los mares no son los mismos, la miel que brillaba en ése par de espejos, es insípida y sin resplandor alguno.

Sus manos se entrelazaron entonces, pero sus dedos no entendieron el contacto, no lograron capturar el calor, ni la lúdica de sus movimientos. Ella ahora posa sus dedos en otras piernas, en otra espalda, en otro rostro, ella los usa como pinceles en el lienzo de otro cuerpo, pintando caricias, dibujando deseo y pasión.

Sus pasos caminaron juntos, al unísono, como emparejados, se sintieron el uno para el otro, fué muy efímero, pasajero, así lo sintieron, pero no fué así para sus almas, sus almas estaban juntas desde antes, no lo comprendieron, hoy estan lejos el uno del otro, pero el piensa en ella todo el tiempo, el la extraña, el siente que la ama en profundidad, ella viene y va, se aparece de repente, deja ver que todavía vive, luego se marcha, como en otras ocasiones, sin dejar rastro, sin decir adiós.

Ellos no saben el por qué de estas cosas, por qué juega el destino, con sus sentimientos, con sus emociones, por qué los manipula y los somete a sufrimiento, están lejos, separados, pero sus almas no lo están, él lo sabe, ella quizás no, los dos siguen como si nada, aunque por cada uno de ellos pasa de todo.

Se extrañan, se aman, pero no se dicen nada, guardan silencio, guardan dolor en sus almas, el dolor de estar lejos, de no verse, de no hablarse, de no tocarse, de no abrazarse, de no fundirse en sexo, besos y caricias llenas de amor, más que de deseo.

Se sueñan mutuamente, se imaginan juntos, se imaginan tomados de la mano, unidos, como debió haber sido, miran el mismo cielo, aunque no en la misma tierra que pisan, le reprochan al universo, las heridas, la distancia, lo macabro de haberlos unido, y separarlos de nuevo."





miércoles, 2 de abril de 2014

"Mis detractores, son un montón de gente invisible, gente sin rostro o género definido, alborotadores anónimos, saboteadores que se parapetan en las sombras de comentarios furtivos, no dan la cara, su propia vergüenza les impide tener el coraje de enfrentar la cobardía de apuñalar con el filo de sus señalamientos por la espalda.

Su mediocridad los ha llevado a la mentira, a los prejuicios sin fundamento, a hablar de lo que no saben, a pensar y suponer, en lugar de preguntar, indagar de la fuente, comprobar y corroborar.

Su lengua lisonjera, y su escasa materia gris no les da, si no para soltar falsos testimonios, mentir descaradamente, y desdibujar una imagen, que me vale una mierda sostener.

No vivo ni respiro por ellos, me necesita el universo, para asuntos más trascendentes, que perder mi valioso tiempo y energía, en gente tan hueca, tan poca cosa, tan hipócrita y falsa, como una moneda de cuero.

Deberían limpiar su trasero, de toda la mierda que les brota por la boca, un maloliente y putrefacto aliento les deja la innumerable cantidad de pendejadas, que dicen y suponen de mí.

Me vale madres, lo que piensen, lo que sientan, su envidia es evidente, su falta de inteligencia emocional, es deprimente, patéticos criminales de las sombras, les da culillo enfrentar una mente diferente, una que si sabe defenderse, de la infamia y la calumnia, de la poquedad de sus seres.

Carecen de argumentos sustentables, sus mentiras, flaquean, apenas y se mantienen de pié, tiemblan ante la inminente caída, ciegos de virtudes, con telescopios electrónicos escrutan los defectos ajenos, sin mirar lo sucio de su trasero.

Su corazón es tan oscuro y mal intencionado, que solo hay un objeto en el universo que podría ser trasplantado a estos mediocres del espíritu, un agujero negro, que los consuma a sí mismos, que los colapse en su propia negatividad.

Su vida es un lodasal, un desierto, por lo tanto no soportan los oasis de virtud, ni los verdes prados de esperanza, que otros siembran en su propia vida.

La soberbia es su carta de presentación, una tarjeta que exhiben, tanto como sus infladas billeteras, como el ego hinchado, por la acumulación de cosas que valoran más que así mismos.

Son tan cínicos, y su descaro tan evidente, que se atreven a proponer modelos de moralidad, de comportamiento, se creen los dueños de la verdad, una que les dijeron, una que les contaron, una que leyeron por ahí, una que no han vivido, una que remotamente han experimentado por si mismos.

Su mundo está reducido a lo que pueden o no ver, más allá de sus narices saturadas de cocaína o marihuana.

Se las dan de rebeldes, irreverentes y libres...jajajaja, ni siquiera conocen el significado de tales palabras, las saben por que sus teléfonos, más inteligentes que ellos, hacen la tarea y les consiguen los significados, son más esclavos del mundo y sus majaderías que cualquiera que hayan conocido.

Su misión en esta vida es estorbar, entorpecer, ser la tapia que deberán sortear las almas que sí poseen un valor y una luz, ellos son la oscuridad que permite que la luz de los auténticos, los valerosos, los luchadores y guerreros de la vida, puedan brillar.

Los dejo detractores, no merecen más elogios, su naturaleza está condenada, su karma tarde o temprano les pasará factura, su envidia y mediocridad no pasarán impunes, el universo siempre busca su equilibrio, no prevalecerán sus mentiras, inventos y maquinaciones, váyanse mucho a la chingada, y que la mierda que hablan y respiran por los demás, sea la misma que los cubra en su propia tumba!"




lunes, 31 de marzo de 2014

"No sé en qué momento perdí el control de mi vida, en cual instante de la misma, te cedí el poder que era solo mío, que me pertenecía por derecho propio.

Pensé en primer lugar, que hacer lo que querías, que complacerte, era lo correcto, en un afán ilógico y escapista de mantenerme inmunemente alejado de los conflictos contigo.

Confieso no fué fácil, no entendí nunca tu maniática necesidad, de tenerlo todo bajo control.

Parecía que todo lo que hacía, no era más que un intento fallido, un remedo de tu modelo de perfección, en el modo y manera de hacer las cosas.

No podía entonces, sentir mayor frustración, luego vino tu abandono, y las excusas repetidas de tus prioridades, por encima de mis humanas y naturales necesidades.

Necesidad de una caricia, de un abrazo, de un beso, de una palabra de aliento, de tu presencia, de tu compañía, de una confortación, un alivio, de tu afecto, de tu sexo y complicidad.

Llegó un triste momento, en el que ya no tenía nada que compartirte, solo mi silencio, ninguna cosa en común, solo nuestros hijos, me hice cómplice de tu ausentismo premeditado, consentí tu distanciamiento, compartíamos un cuarto, una cama, una casa, un montón de cosas, un montón de objetos.

Dormía junto a tí, pero en esa cama estaba más solo que el tigre en la luna del que habla la canción de Arjona.

Estaba contigo, pero sin tí, me acompañabas a estar solo, me fuí creyendo tu injusto abandono, me convencí con tus acciones de que no me amabas, de que no te inspiraba ni un mal pensamiento.

Siempre era el mismo cuento, unos días todo parecía ir bien, en paz, tranquilidad y armonía, pero la dicha no duraba mucho, se te dañaba el genio, el día, todo era un problema contigo entonces.

Un desgaste innecesario de energía, focalizada en lo insulso de los conflictos, de los malos entendidos, de los entendidos a la perfección, pero que ofenden, de los supuestos y de los ficticios.

Frustración, frustración y más frustración, la soledad empezó a pasarme factura, y esa necesidad de amar y sentirme amado, fueron empujando mi ser al equivoco rumbo de buscar en otro sitio, en otro corazón, en otro ser, desviaron mis ojos, más allá de lo que era un retrato calcado de una triste realidad en mi propio hogar.

Me sentí rechazado y rezagado a un segundo plano, al punto ciego, donde no era nada, ni nadie, donde no contaba, era un proveedor nada más, una figura de pretendida paternidad, un póster, el dummie, la fachada de un padre, que fué suplantado por la rigidez de tu carácter.

Siempre convergiendo al mismo punto de discusión, mi derecho inalienable a ser valorado, respetado, a ser tenido en cuenta, a ser aceptado y amado, que es en últimas cuentas, lo que siempre quise y esperé de ti.

Siempre quise ser tu amigo, tu cómplice, tu compinche, tu amante bandido, hacer locuras juntos, como un par de tontos, vivir y disfrutar intensamente nuestra común intimidad.

Siempre hubo una barrera, una tapia invisible para mi, un muro infranqueable, uno que no pudo sobrepasar mi paciencia, que fué menguando mis fuerzas, mis ganas de luchar, de intentarlo contigo, una y otra y otra y otra vez.

Cada mes una ruptura, cada año una nueva oportunidad para cambiar las cosas, para mejorar la relación, para arreglar lo que fuimos rompiendo juntos.

Te reprocho que me apartaras con desdén e indiferencia, cuando te buscaba mi amor, que me vieras como un hombre lujurioso, que deformaras mi imagen, y me hicieras ver un monstruo de apetitos carnales inmorales, que no me vieras como tu amante esposo, que te desea con cariño, con amor, con deseo, con pasión.

Te reprocho que me quisieras dominar, someter por la fuerza de la violencia emocional, que me chantajearas, que usaras tu cuerpo, como objeto de transacción, para modelar mi comportamiento en la relación, que me cortaras los servicios, para que enderezara mi actitud hacia tí.

Te reprocho que me quisieras mantener bajo control, que tuviese que hacer las cosas, según tu criterio, percepción y parecer, que no respetases mi libertad y mi humano derecho al error a la equivocación.

Te reprocho que solo pusieras el dedo en la llaga, que echaras la sal en la herida, en ves de aliviar mi dolor, que solo vivieras para mirar la paja de mis errores en mis ojos, mis humanos defectos, mis fallos, que no apreciaras lo que había en el fondo, ni lo bueno que había en mi guardado.

Reconozco que no fuí honesto, que te mentí, que te engañé, que te fuí infiel, lo fuí más con la mente, el corazón y el alma, con esas cosas intangibles, que con el mismo cuerpo, al que si puedes estrujar, besar, acariciar, follar.

Por que cualquiera te quita las ganas de sexo, pero el deseo de amar y ser amado, no cualquiera puede satisfacerlo.

Hoy por hoy te veo en otro contexto, y trato de ubicarte correctamente en mi vida y en mi ser, ya no te culpo ni te reprocho nada más, aún a pesar de ser tan ruda, tan tosca y apática, tan rígida y dura de corazón.

Fué mi culpa también, nunca puse un detente, nunca un hasta aquí llegas, no puse un limite, no tracé jamás una frontera, solo guardé silencio, y me dejé llevar, empecé a buscar en lo ajeno.

Espero ahora, llegar a un mejor entendimiento, quizás podamos sanar conjuntamente las heridas que nos causamos mutuamente, que aprendamos a mirarnos con compasión, desde adentro, sin ofendernos, sin arrojarnos el pasado a la cara, sin dramas inútiles, degradantes reproches, o injustos señalamientos.

Ojalá podamos volver a ser amigos, reconstruir una complicidad que lapidamos a lo largo de estos años de subsistencia, que podamos mirar de nuevo sueños y proyectos en común, sin tratar de enjaular nuestras libertades, sin poner tras las rejas nuestra individualidad, sin obedecer como borregos los modelos de perfección que trata de imponer la sociedad, la religión o el qué dirán.

Estarás en mi vida, si así lo decides, para acompañar mi proceso, mi proyecto de vida, y yo para hacer lo mismo por ti, estando para ver concretado el proceso y proyecto tuyo, pero no soy tuyo, no te pertenezco, no soy de tu propiedad, puedo serte fiel, pero no ser de tu entera y absoluta exclusividad, al igual, no me perteneces, no pretendo poseerte como un objeto.

Estaré, si así lo decido, junto a tí, libre, espontánea, voluntaria y conscientemente.

Hoy empiezo a ondear la bandera, de mi propia libertad!"









sábado, 29 de marzo de 2014

"Nuestra amistad empezó como algo bizarro, un acto de fé en lo desconocido, fué irnos quitando la ropa del miedo, ir desnudando el valor de nuestro ser.

Hubo una especie de química distante, un no se qué, en no sabemos dónde que nos aproximó, primero en palabras y luego en hechos.

Decías sentirte cautivada, por la cadencia de mis versos, la profundidad aparente de mis escritos, por ese dolor maquillado en historias, que te conmueven el alma, que te retratan la vida, en sucesos similares.

Descubrimos poco a poco, un gusto común por los libros, la filosofía, el arte, la poesía, el erotismo, el amor imposible, la decepción, y tantas cosas que se convirtieron en el convite de cada noche, de cada instante compartido en la caja azul de mutuas ilusiones.

Lo mío fué hacerte mi confidente, mi paño de lágrimas, el hombro sobre el cual derramar un llanto casi eterno, por un amor roto, fracturado, lisiado de por vida, lo mío fué saturarte de mi tristeza, melancolía y dolor.

Lo tuyo fué ser el oído atento a mis quejas, a mis reclamos al universo, ser la palabra de aliento en mis flaquezas, ser la sonrisa en un rostro demacrado por la pena.

Lo tuyo fué creer en la bondad refundida de mi ser, en ver lo bueno que aún conservo, y que no lograron destruir.

Lo tuyo fué darme esperanza, en medio de mi angustia, estar ahí para no sentirme solo, creer en mi cuando me sentí extraviado.

Llegó a nuestras vidas la complicidad, en una noche en que finalmente se encontraron nuestros ojos, nuestras palabras, en el justo momento en que el virtual personaje con rostro de fábula, tomó forma humana reconocible, frente a tus ojos.

No era más aquel personaje de ficción, ahora era de carne, de hueso, de pena y de dolor, hablamos por mucho tiempo, descubriendo el velo del misterio que nos rodeaba, mostrándonos las vidas que llevamos al lado de seres que no logran ver lo que mutuamente, si podemos ver en nuestras almas.

Hubo nervios, y adrenalina, y un descarado coqueteo,que no termina, una seducción inmediata, un gusto por lo prohibido de la carne y la pasión de una lujuria compartida.

Lo arácnido de nuestros zodiacos, coincidiendo en una cita a ciegas con el destino, en donde la noche decidió nuestro rumbo, y el azar el final de los acertijos.

Nos encontramos juntos de repente, tan desnudos, como cuando nacimos, nos prodigamos caricias, las que nuestros dueños de papel y juramentos de iglesia nos negaron, nos dimos muchos besos, rompíamos el hielo del miedo a lo desconocido.

Éramos infieles a nuestras relaciones y compromisos, pero fieles al deseo, la pasión y la ternura, de las caricias y los besos.

Bailamos sexo, en la pista de una cama cualquiera, una canción que no se te olvida y que yo guardo en mi memoria, con los pasos de aquel baile frenético, que empezó tierno y terminó estrujando tu cuerpo, sacándole ruido al colchón que amortiguaba los embistes de nuestra mutua pasión.

Ésa noche quedó sellado nuestro pacto eterno, uno de amistad con derechos, con derecho de amarnos cuando las ganas se nos acumulen, sin papeles, ni contratos, ni promesas que nos amarren, una a la que la pasión nos invitó varias veces.

Nuestra amistad nadie la entiende, nuestra amistad se basa en devoción y en el respeto de la libertad del otro, de lo que es, de lo que no, de lo que no puede ser, de lo que podría ser, no hay acuerdos de cariño, ni compromiso de amor eterno, nos queremos y punto, así nada más, libre y espontáneamente.

Y así están las cosas entre nosotros hoy por hoy, desafiando distancias, alimentando el deseo libidinoso de revolcar nuestros bajos instintos, de ahogar nuestro deseo animal, en actos sexuales moralmente prohibidos, y es que en nosotros nos hemos descubierto, las mismas inclinaciones perversas, compartimos los mismos desórdenes, la cama ya no es más aquel cuadrado intimidante, es nuestro campo de batalla, el lienzo donde pintamos juntos amaneceres llenos de orgasmos.

Nos queda una cita pendiente, una que dirá que será de nosotros, una que se aguanta en nuestra ropa interior, una cita clandestina, proscrita, una que nos condena a vivir en la oscuridad del secreto, una que nos sumerge en el pecado de la bigamia.

Hemos de maldecir nuestros cuerpos, de besos, caricias, abrazos, sexo, hemos de escribir una nueva versión del kamasutra en nuestras almas, con nuestros cuerpos."





jueves, 27 de marzo de 2014

"Vaya usted a saber que se escondía detrás de aquellos ojos de asesina, que tipo de pensamientos albergaba su mente, qué sentimientos estaban de inquilinos en su corazón de piedra.

Su mirada más fría que un invierno en Londres, su deseo más ardiente que el valle de la muerte, su cuerpo fué alguna vez una extensión de piel virgen y desconocida, una jamás tocada, una jamás besada, una que el sexo de una y mil noches salvajes no pudieron mancillar jamás.

Y allí estaba ella, maquillando su careta, la que le exhibe a todo el mundo, en su cuenta de facebook, esa en la que sonríe, y con la que disimula el desgarre de su alma, se parapeta en unos lentes tan oscuros como su propia alma.

Dicen que vendió su alma al diablo, al que le da gusto en todo, al que le viste el cuerpo de tapicería fina, y le adorna los dedos de las manos, el cuello y las orejas con la bisutería y extravaganzza de los lujos banales de este mundo.

Dicen que se ríe como loca, que su risa no es más que el remedo de una alegría que no siente, que no es más que otro disfraz que usa ante los demás, para disimular un pasado pecaminoso, que le taladra la memoria, y le remuerde la conciencia.

Dicen que exhibe un corazón que no tiene, unas lágrimas que no derrama por nadie, unas emociones que no siente y que se empeña en esconder, en refundir en la profundidad de un alma oscura como un agujero negro, que dibuja orgasmos fingidos en su rostro cuando hace el amor o se revuelca en la cama de alguien que apenas conoce, nadie sabe cuantos han caído bajo su hechizo, el encantamiento de sus ojos, la lujuria de su cuerpo, la lascivia de su lengua, la melodía de su voz, la falsedad de sus promesas.

Se dice que ha roto muchos corazones, en venganza por el que a ella misma le rompieron un día, está en enemistad permanente con el sexo masculino, y ha urdido una venganza implacable, contra aquellos casanovas, tumbalocas y aprovechados.

En su guerra sucia, han caído unos cuantos inocentes, ingenuos y crédulos, yo reciente víctima, ahora me toca remendarme el pecho vacío, andar sin alma por el mundo, sin lágrimas en los ojos, insensible ante la pena o la alegría, mutilado de emociones.

Soy un Frankeinstein moderno, los pedazos de muchos hombres que fueron matando en cada relación fallida, en cada intento por amar, un cicatrizado, uno lleno de marcas, huellas de dolor y abandono, un libro lleno de preguntas, sin respuestas. Una historia llena de ¿por qués?.

Soy uno más de sus crímenes impunes, el trofeo jactancioso de un engaño a mi supuesto intelecto, la prueba respirante, de que una mente enamorada, está extirpada de razón y voluntad, fuí un títere, otra marioneta más, otra piedra en el camino, que había que patear, para que dejara de estorbar.

A muchos malos hombres, se les juzga por su proceder, cuando engañan y juegan con los sentimientos de alguna mujer, les han etiquetado como "poco hombres", pero han de saber, que de este otro lado, en el revés de la moneda, también hay algunas, que se aprovechan, que engatusan, que mienten, que ilusionan.

Así como hay "poco hombre", también ha de haber una "poca mujer"."