"-Te vi salir por la puerta, diste pasitos quedos buscando no hacer ruido, no querías despertarme.
Yo rendido y desnudo en el lado mas extremo de la cama, sudoroso y con el torso semi-descubierto.
Un beso en la mejilla fue la despedida de aquella noche de lujuria.
La ropa en desorden las pistas y evidencias de lo que pasó en la cama.
Un espejo empañado delató la intensidad de la faena.
La luz se filtró por la cortina, poco después que tu perfumada humanidad cruzara el umbral de la puerta.
Te fuiste impunemente, callada, con un millón de ideas haciéndote fila en el pensamiento.
Y yo quedé allí, a un costado de lo que hicimos parecer un universo.
Desperté solo y parecía todavía un sueño, tu olor se quedó impregnado en el arrugado de las sábanas y manchas de fluidos corporales pintaron un óleo surrealista de lo que fue la conjunción de dos lunas.
En la ducha mi cuerpo reclamaba tu presencia pude ver en mi vientre y en mi pecho, las diminutas huellas de tu dentadura, dejando marcas en mi piel y tatuada mi alma con el recuerdo de tu pasión desenfrenada.
Pujaron dentro de mi de nuevo las ganas de tenerte, mas tuve que resignar mi deseo a la realidad de tu ausencia.
No hubo pacto alguno previo a nuestro furtivo encuentro, solo dejamos a los cuerpos hablar y a la carne actuar.
Enciendo un cigarro con el afán de apagar una prematura ansiedad, doy un vistazo por el empañado de la ventana que da a la calle.
Mi mirada la recorre de arriba a abajo, buscando tu humanidad, aquellas curvas conocidas que amasaron mis manos horas atrás.
No estás en las gentes que caminan enfrente, te has perdido para siempre.
Una chaqueta me arropa el frío que me heredaste cuando te fuiste. Y salgo a la calle a buscarte, camino sin conocer el rumbo de mis propios pasos y te busco en el lugar donde te hallé la primera vez.
No estabas allí y aunque esperé por varias horas nunca apareciste, en la noche regresé para ver si tu presencia se regocijaba en las sombras, más tampoco apareciste.
Nunca te hallé mas por allí, nunca pregunté tu nombre o donde vivías.
Nuestro asunto fue pasión de una noche, de estrellar tu soledad contra la mía, de impregnarnos el uno del otro, de hacernos compañía.
Aún te imagino parada allí donde te vi la primera vez, mas el destino quiso así, que nunca más nos volviéramos a ver.-"