"-Me fue particularmente difícil dejarte atrás, con el llanto en tus ojos, con todos esos por qué en tu cabeza, con las manos vacías de una última caricia mía y con el frío de la mañana que anhelaba un último abrazo.
Pero parece obra del destino, que la crueldad de la distancia toca las vidas de quienes se juntan brevemente, en lo clandestino de quererse en el lado oscuro de lo prohibido.
Mi alma dio un último vistazo por la ventanilla del autobús, pero no pude verte más, te fuiste deprisa con el impulso que la congoja empujaba tu ser.
Tantos sentimientos encontrados, tantos recuerdos acumulados en un par de días maravillosos que se los llevó el ocaso.
Me llenas de tantas maneras, que me olvido por un instante de aquel viejo vacío en el pecho.
Yo veo la negrura de tus ojos, los vellitos de tus manos, la diminuta magia de tus manos enredando tus dedos con los míos.
No pude más con lo que me apretó el pecho, sentí que dejaba atrás algo muy preciado y querido, no quería regresar a lo conocido.
sin embargo se resignó mi alma a la inmediatez del momento, preferí guardarte profundo en mi pensamiento y dejar que el universo siguiera jugando al desencuentro.
El cielo que me regalaste se fue desvaneciendo con el paso de los kilómetros y el olor a caña se ausentó de mis fosas nasales.
Y aquellos raros olores y las luces de las montañas, se desvanecieron y se tornaron pálidas.
El calor del pueblo se hizo frío y mi cuerpo pidió agritos un abrazo tuyo.
Ya estaba de nuevo frente a mi conocido destino, el de verte de lejos, el de extrañarte, el de no tenerte, el de dejarte para después, para otra vida quizás, para cuando me sonría la bendita suerte.-"