"Amor que me respiras...
Que exhalas el aire que sobró de aquella noche, en que tu cielo cayó como lluvia de estrellas sobre mi pecho...
Amor que me inundas...
de lágrimas los ojos, de sangre que bombea mi corazón, de ganas mi sexo, de ilusión mi futuro incierto...
Amor que me pierdes...
En la oscuridad infinita de la noche, en el tumulto de gente indiferente, en el viaje etéreo del alcohol que nubla mis sentidos, en el orgasmo fugaz que deposito cada noche en tu vientre...
Amor que te mueres...
Por falta de oxígeno, de besos, de abrazos, de ausencia, de indiferencia, de impotencia ante los trágicos eventos, que suelen acompañar tu partida, de las cosas que hacemos, de las palabras que decimos, de las letras que escribimos, de las heridas que nos hacemos, del dolor que nos causamos...
Amor que te marchas...
Sin despedirte, sin un adiós que de consuelo a mi solitaria alma, amor que me ves desde la distancia, sumido en cruel silencio, en cobarde indiferencia, con el ropaje del orgullo, la vanidad y la soberbia, con careta de inteligencia y sabiduría, con desidia y desdén que justifique el abandono, sin razones, ni por qués...
Amor inútil...
Que vienes y vas, dejando cicatrices, escombros, soledades, llantos mudos, hondas penas, profundos dolores, odios, rencores, rabia, desesperación, manos, camas y vidas vacías, ojos llorosos, pasos cansados, desdén por la vida, y anhelo de muerte...
Amor...
¡Ya vete!..¡vete para siempre!...¡vete y no vuelvas!...¡vete y no me jodas más!..."

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