lunes, 9 de diciembre de 2013

"Hallé el cielo entre sus brazos, sus cabellos se enredaron en mis dedos, y ella juguetona, me besaba el cuerpo, yo sentía que sus labios mojaban mi alma, mientras su sexo mojaba las sábanas que inútilmente nos tapaban...

Una tarde de lluvia intensa, como las caricias que se deslizaron por nuestros cuerpos, un aroma a flores, una pasión que ardía cada minuto, el mágico encuentro de dos seres, recostados en el ombligo del universo...

Dos corazones que latieron acelerados, un sudor que mojó la piel, un placer que desbordó las entrañas, que empañó la ventana, que rompió la acústica de la habitación, y el silencio de la noche...

Dos sombras que se agitan y contorsionan en la penumbra, dos miradas que coinciden, unas bocas que se arrancan besos, unas uñas que arañan pasión y lujuria...

Una locura, que no tiene remedio, un amor clandestino, prófugo y proscrito, dos conciencias en tela de juicio, un amor que no se arrepiente, ni se amedrenta, no le tiene miedo al mundo, pues el mundo no les debe nada...

No se han comprometido más que con el breve momento, no hay ataduras de papeles, ni anillos, no hay contratos, ni negocios comunes, solo las ganas y el deseo de estar juntos, de reconocerse brevemente, el uno para el otro...

Y luego de viajar por el cosmos, en las naves desnudas de sus cuerpos, se visten de nuevo, para la hipocresía del mundo, caminan juntos, sin bajar la mirada, no hay pecado en lo que han hecho, no es pecado amarse, pero no amar nunca, si puede ser un verdadero pecado, o cuando menos, un gran desperdicio...

No se toman de la mano, como todos los enamorados, ¿para qué?, si ya se han tomado el alma, se miran furtivamente, y sonríen de manera socarrona, solo sus corazones saben, lo que les "cuelga, pierna arriba", o abajo, o debajo...

Se despiden con un beso, uno rápido, pues ya fué bastante de los besos lentos, de los que se quedan estancados y estampados en los cuerpos, se miran, con lágrimas contenidas, se ven, y saben que quizás no terminarán juntos, no en esta vida...

Siguen cada uno con sus vidas, ella, en casa, con el trajín propio de sus días, el, sobreviviéndose a sí mismo, a la melancolía y tristeza de su propia vida, esa que siente que recobra, cuando se encuentra con ella, por que es ella quien le devuelve, un poco lo que le ha sido arrebatado, lo que ha sido asesinado, lo que le extirparon, con pena y dolor, con una que solo el alma de el entiende, y que ella apenas tolera...

Y es que puedes hallar el cielo, brevemente, en los brazos de quien amor te ofrece, pero no hay garantía, de que un día, el cielo que te arropa, te caiga encima, y tu mundo se venga abajo, por la fé y la esperanza, puesta en el cielo en el que creías..."




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