sábado, 22 de febrero de 2014

"La belleza le sobrepasaba con descaro, y habitaba en todo su cuerpo con irreverencia absoluta, no sé si el cielo sentía celos, pero las estrellas se filtraban por su par de ojos, y su boca, no era una comisura común, más bien era un fruto carnoso que invitaba a la mordedura, más que al beso.

Y la ropa le estorbaba, no hacía mucha diferencia si la llevaba puesta o no, su sensualidad le repujaba doblemente el pecho, y su rostro, era un imán del que se adherían todas las miradas, estaba llena de ojos ajenos, por todas las partes de su cuerpo.

Los silbidos brotaban de las bocas de los libidinosos con los que se topaba, y las bocinas de los autos y las motos sonaban a su paso, piropos de todos los calibres y colores, soportaban sus oídos, al cruzar las calles.

Una obra de arte esculpida a mano por la naturaleza misma, el esfuerzo máximo de la genética humana, colocando todo en su sitio, con naturalidad, la turgencia y voluptuosidad de sus formas desafiando el paso del tiempo y la gravedad.

Hay quien atribuía sus encantos al hábil bisturí de un cirujano plástico, o a la esclavitud de un gimnasio, más, la vida la trajo así, dotada de perfección, provista de magnificencia.

Mujer que a donde quiera que iba, intoxicaba con su imagen, la rutina del paisaje, la culpable de malos pensamientos, de erecciones involuntarias, de pecaminosos deseos, y vulgares palabras, una tentación en tacones, escote negro, ligueros y demás encajes que la hacían ver más demoníaca de lo que ya era.

No había cabida para mentes castas, en su presencia, hasta los ciegos percibían su belleza, a través del aroma que esparcía su perfume cuando exudaba.

Debió ser un ángel, uno caído del cielo, o un bello demonio, salido de las profundidades del mismísimo infierno, deseada y codiciada, monumento de hermosura, la clara prueba de que la naturaleza puede hacer maravillas en el universo visible, Ella no estaba como quería, estaba, como se le pegaba la regalada gana!."





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