lunes, 5 de enero de 2015

"-Ya te hiciste tentación y nunca desnudaste más que tu pensamiento, tu manera racional del ver al mundo.
Tus ojos devoran páginas de libros, en donde la simiente humana se desbarata en acertijos, en diatribas absurdas sobre la existencia y la caducidad del raciocinio.
La guerra no es otra cosa que el reflejo de las insatisfacciones del ser, el conflicto de la mente y sus cuatro jinetes apocalípticos, mente, alma, corazón y sexo.
Y en esas batallas que todos fraguamos y en las que participamos;  de las que a su vez somos soldados, civiles en peligro, víctimas y victimarios, se resumen los desafíos que enfrentamos quienes ostentamos la condición humana.
Y en esta cuestiones del espacio y el tiempo, de la realidad que nos oprime y aplasta, de los sueños que son humo, como el de los cigarros que pones en tu boca; allí al borde de la verdad estabas tu.
Estás tan cerca de mis afectos, pero tan ajena de mis coincidencias.
Has sabido estar inteligentemente distante, a tiro de piedra, sin involucrarte, solo siendo testigo de lo absurdo de respirar por respirar.
Nunca he querido más que arañar un poco del entendimiento que tienes de todo lo que pasa, a tu alrededor.
No se si te abstraes del mundo cuando lees, o cuando escribes, no se si se enajena tu alma o conserva los pies en la tierra que maldicen las balas, las bombas y la barbarie de los violentos.
Tus palabras no taladran mis oídos, perforan mi alma, se abren paso por entre mi pecho y martillan las paredes de un agujero que hay allí, simulando latidos.
Tu sola presencia revoluciona mi ser, sumerge en el caos mi frágil cosmogonía, contigo se vienen abajo antiguos paradigmas y se saborea algo de filosofía en lo que compartimos.
Y aunque la distancia sabotea el encuentro de nuestros seres, yo me siento ligado a ti como por un cordón umbilical, uno que nutre mi intelecto tanto como mi propio ser.
Lo que me une a ti, no es la razón, ni el sentimiento, es un cóctel esotérico y metafísico de cosas que tu y yo aún no entendemos y que vamos descubriendo a medida que nos bebemos la mutua presencia, el tiempo que nos brindamos y que compartimos.
No te idealizo, te miro con sentidos que me fueron otorgados desde el principio, no están basados en las percepciones de este mundo.
Pues este mundo no te da ojos para mirarlos, mas bien procura arrancarlos, no te da oídos para escucharlo, más bien te entretiene, te hipnotiza con el ruido; no te da olfato, su hediondez te satura por si misma, no te da piel, ni tacto, éste mundo nos aja nos despelleja vivos, nos destiñe en el tiempo y el espacio, nos hace arruga, nos tatúa dolores, nos rasga la blancura de frágiles huesos.
Tu sigues en lo tuyo, construyendo muros, fronteras, límites, peajes entre el sentimiento y la razón.
Abismos para los descorazonados, los poetas de la tragedia nunca han logrado echar soplete sobre el témpano en el que reposan tus instintos.
Yo seguiré en lo mío enajenando mi propia realidad, poniéndole colores al blanco y negro de la vida, haciendo verano con una sola golondrina.-"



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