"-No te haces viejo con el paso de los años, no con el fluir incesante del tiempo, te haces viejo cuando los sueños que guardabas en el bolsillo se te acaban, se destiñen o se caen.
Las arrugas de la piel son solo las huellas del pié del tiempo sobre tu cara y las canas en tu cabello el nido para un pajarraco que te corona de años la cabeza.
El cansancio acosa tus huesos y el frío se viene a dormir cerca de tu carne.
Los pasos pesados de tu andar no reflejan otra cosa que el desgaste de los caminos que recorriste una y otra vez, los que conociste, en los que te perdiste y los que no quieres volver a recorrer.
Así pues la senectud es el marchite de las ganas.
Las ganas de respirar, de fornicar, de creer en cosas como el amor, la verdad y todas aquellas bellas utopías propias de los años mozos.
La senectud es el re descubrimiento de una verdad que ya sabías, que ignoraste, que te quisiste pasar por la faja, es irse quedando solo terminando el viaje.
Entonces las horas pasan sin mayor pompa y los días son una colección de cosas nuevas que no logran superar los buenos recuerdos de los días del pasado.
Se cree erróneamente que el tiempo pasa más deprisa, cuando lo que pasa deprisa es nuestra vida, el deambular sin rumbo minuto a minuto, degustando el sinsabor de cada instante.
Entonces tu presente se desvanece, está ahí pero como siempre, no le prestas ninguna atención más que para expresar una queja.
Es el pasado de todo lo que fue tu vida lo que le da el color al gris de tu existir.
El futuro no es más que la certeza que tarde o temprano dejarás de respirar y ahí acabará tu cuento.
Nos vamos deshojando, marchitando de a poco, entramos en la etapa de las cosas que se olvidan, que se dejan allí atrás, con el peso del pasado.
Envejecer es irse borrando del paisaje, empezar a ser sombra, reflejo, nocturnidad, silencio, hoja que se lleva el viento, es irse desvaneciendo de la luz y entrar en las tinieblas del olvido.-"