viernes, 16 de enero de 2015

"-No te haces viejo con el paso de los años, no con el fluir incesante del tiempo, te haces viejo cuando los sueños que guardabas en el bolsillo se te acaban, se destiñen o se caen.
Las arrugas de la piel son solo las huellas del pié del tiempo sobre tu cara y las canas en tu cabello el nido para un pajarraco que te corona de años la cabeza.
El cansancio acosa tus huesos y el frío se viene a dormir cerca de tu carne.
Los pasos pesados de tu andar no reflejan otra cosa que el desgaste de los caminos que recorriste una y otra vez, los que conociste, en los que te perdiste y los que no quieres volver a recorrer.
Así pues la senectud es el marchite de las ganas.
Las ganas de respirar, de fornicar, de creer en cosas como el amor, la verdad y todas aquellas bellas utopías propias de los años mozos.
La senectud es el re descubrimiento de una verdad que ya sabías, que ignoraste, que te quisiste pasar por la faja, es irse quedando solo terminando el viaje.
Entonces las horas pasan sin mayor pompa y los días son una colección de cosas nuevas que no logran superar los buenos recuerdos de los días del pasado.
Se cree erróneamente que el tiempo pasa más deprisa, cuando lo que pasa deprisa es nuestra vida, el deambular sin rumbo minuto a minuto, degustando el sinsabor de cada instante.
Entonces tu presente se desvanece, está ahí pero como siempre, no le prestas ninguna atención más que para expresar una queja.
Es el pasado de todo lo que fue tu vida lo que le da el color al gris de tu existir.
El futuro no es más que la certeza que tarde o temprano dejarás de respirar y ahí acabará tu cuento.
Nos vamos deshojando, marchitando de a poco, entramos en la etapa de las cosas que se olvidan, que se dejan allí atrás, con el peso del pasado.
Envejecer es irse borrando del paisaje, empezar a ser sombra, reflejo, nocturnidad, silencio, hoja que se lleva el viento, es irse desvaneciendo de la luz y entrar en las tinieblas del olvido.-"


lunes, 12 de enero de 2015

"-He intentado hacer un inventario a las noche en vela que pasé pensando en vos, de los amaneceres que sorprendieron a mis ojos cansados con la luz de muchos días sin ti.
Preso político de tu ausencia, un condenado más de a tu cadena de perpetua indiferencia.
Mi celda es mi cabeza y los barrotes no son más que todos aquellos prejuicios con los que encerré mi alma otrora.
Voy de aquí para allá como alma en pena, una que extravió su camino al otro lado, al más allá prometido en los credos.
¿Qué fue del llanto derramado?, ¿qué de la angustia experimentada?, ¿qué logró mi congoja?.
Ciertamente vacié mi ser de toda humana emoción para dar paso a todo inhumano deseo y pensamiento.
Se me fue desangrando poco a poco el amor que una vez le tuve.
Murió de inanición, de física y química hambre, una de presencia, una de tiempo y dedicación.
Cerrar esta puerta ha sido tan difícil como derribar un muro golpeándolo con flores.
Y no siento avance alguno de mi propia existencia.
Mas allá de la dependencia, está el hecho innegable del fracaso y su fatal efecto en mi vapuleada psicología.
No cuenta el hecho de haber perdido, cuenta lo que se perdió y con quién se perdió.
Ahora solo respiro, me muevo y presumo de existir.
Me sobrevivo, trato de convivir con mi fallido intento de darle un valor y un sentido a esto de ir de acá para allá y decir con la boca llena que estoy vivo, que soy feliz así.
Lo cierto es que la incertidumbre me presenta ahora su filosofía, la cosmogonía indescifrable del azar y lo inescrutable del caos.
Se lo que pasó, lo que pasa, pero me asusta lo que pasará.
Es mi responsabilidad empezar de nuevo, con las manos tan vacías como los bolsillos y el pecho.
Levantarme, sacudir el polvo del pasado y empezar a caminar de nuevo, por un camino desconocido, esperando las sorpresas de la vida.
Quizás no deba tomarla tan en serio, solo gozar de su paisaje, de la mecánica de los eventos; sin escrutar los resultados, sin anticipar los sucesos.
Solo fluir como el agua de un río de profundas corrientes y turbulentas aguas.
Debo seguir el cause natural del destino, que parece arrastrarme a la desembocadura de mi propia existencia.-"
"-Yo tuve una visión contigo, un sueño, una especie de vistazo a un futuro posible.
Yo despertaba a tu lado, tu estabas dormida aún, la luz del sol se filtraba por las cortinas, llevabas puesta una blusa que marcaba la desnudez de tus pechos y tu ropa interior de color rojo insinuaba deseo.
Mis ojos te recorrieron del cuello a los talones, te abracé y sentí la tibieza de tu cintura, ésa de la cual le gusta a mi boca ceñir un cinturón de besos.
Puse un beso en tu cuello y tu nariz soltó un resoplido.
Me concentré en tu respiración, en como tu vientre se llenaba y se vaciaba con el aire de tus pulmones.
Deslicé mi mano hasta tu pecho izquierdo, no para provocar tu sexo, lo hice para sentir los latidos de tu corazón, tus manos instintivamente tomaron la mía, giraste la cabeza y me diste un beso en la boca.
Y yo que imaginé que el cielo no tenía sucursales, ni sabor alguno, comprendí que tenías un pedacito en la carnosidad de tus labios.
Olí tu cabello, besé tu espalda, jugué a dibujar constelaciones con los lunares que encontré por allí, y mis dedos bajaron hasta más allá por entre tu ropa interior.
Se fueron sin promesa de volver.
Desperté, volví de aquella utopía, estaba solo en mi habitación, abrazaba mi almohada como un naufrago a un trozo de madera.
Sentí el enorme e insondable vacío de mi cama, mis ojos se plantaron en el techo, los cerré y vi los tuyos, su brillo, la intensidad y el alma que se solía asomar.
Algo oprimió mi pecho, un amago de congoja, mis ojos se humedecieron, pero prefirieron permanecer en la sequía del llanto inútil.
Suspiré como si estuviera profundamente enamorado, más el aire que se me escapó no tenía amor, estaba envenenado de nostalgia pura.
Me levanté, caminé hacia la ventana, abrí las cortinas y dejé que el sol encandilara mis ojos.
Deje que su calor me quemara el pecho, como lo hicieron una vez sus besos.
Miré la calle y estaba llena de todo, vendedores, estudiantes, transeúntes, niños, jóvenes, ancianos.
La calle estaba repleta de cosas, de personas, pero faltabas tú, faltaba yo, faltábamos nosotros dos.
El mundo entero era lo mismo, pero nosotros lo hacíamos diferente, respirable, vivible, posible.
El mundo no cambió cuando te fuiste, solo el mío, el que destruyó tu adiós sin explicaciones.
Cerré mis ojos y luego la ventana y las cortinas, para que la luz no me lastimara mas con el recuerdo del brillo de tu mirada.-"

lunes, 5 de enero de 2015

"-Ya te hiciste tentación y nunca desnudaste más que tu pensamiento, tu manera racional del ver al mundo.
Tus ojos devoran páginas de libros, en donde la simiente humana se desbarata en acertijos, en diatribas absurdas sobre la existencia y la caducidad del raciocinio.
La guerra no es otra cosa que el reflejo de las insatisfacciones del ser, el conflicto de la mente y sus cuatro jinetes apocalípticos, mente, alma, corazón y sexo.
Y en esas batallas que todos fraguamos y en las que participamos;  de las que a su vez somos soldados, civiles en peligro, víctimas y victimarios, se resumen los desafíos que enfrentamos quienes ostentamos la condición humana.
Y en esta cuestiones del espacio y el tiempo, de la realidad que nos oprime y aplasta, de los sueños que son humo, como el de los cigarros que pones en tu boca; allí al borde de la verdad estabas tu.
Estás tan cerca de mis afectos, pero tan ajena de mis coincidencias.
Has sabido estar inteligentemente distante, a tiro de piedra, sin involucrarte, solo siendo testigo de lo absurdo de respirar por respirar.
Nunca he querido más que arañar un poco del entendimiento que tienes de todo lo que pasa, a tu alrededor.
No se si te abstraes del mundo cuando lees, o cuando escribes, no se si se enajena tu alma o conserva los pies en la tierra que maldicen las balas, las bombas y la barbarie de los violentos.
Tus palabras no taladran mis oídos, perforan mi alma, se abren paso por entre mi pecho y martillan las paredes de un agujero que hay allí, simulando latidos.
Tu sola presencia revoluciona mi ser, sumerge en el caos mi frágil cosmogonía, contigo se vienen abajo antiguos paradigmas y se saborea algo de filosofía en lo que compartimos.
Y aunque la distancia sabotea el encuentro de nuestros seres, yo me siento ligado a ti como por un cordón umbilical, uno que nutre mi intelecto tanto como mi propio ser.
Lo que me une a ti, no es la razón, ni el sentimiento, es un cóctel esotérico y metafísico de cosas que tu y yo aún no entendemos y que vamos descubriendo a medida que nos bebemos la mutua presencia, el tiempo que nos brindamos y que compartimos.
No te idealizo, te miro con sentidos que me fueron otorgados desde el principio, no están basados en las percepciones de este mundo.
Pues este mundo no te da ojos para mirarlos, mas bien procura arrancarlos, no te da oídos para escucharlo, más bien te entretiene, te hipnotiza con el ruido; no te da olfato, su hediondez te satura por si misma, no te da piel, ni tacto, éste mundo nos aja nos despelleja vivos, nos destiñe en el tiempo y el espacio, nos hace arruga, nos tatúa dolores, nos rasga la blancura de frágiles huesos.
Tu sigues en lo tuyo, construyendo muros, fronteras, límites, peajes entre el sentimiento y la razón.
Abismos para los descorazonados, los poetas de la tragedia nunca han logrado echar soplete sobre el témpano en el que reposan tus instintos.
Yo seguiré en lo mío enajenando mi propia realidad, poniéndole colores al blanco y negro de la vida, haciendo verano con una sola golondrina.-"



martes, 30 de diciembre de 2014

"-Quisiera engañarme creyendo que fui algo para ti, un amanecer alegre, o la melancolía del sol cuando se pone en el horizonte.
Quisiera creer que cuando mirabas el mar, el vaivén de sus aguas traía a tu memoria nuestros cuerpos mojados de sudor y nuestros labios húmedos de besos frescos.
Quisiera creer que me extrañaste a morir cuando te fuiste y nos dejamos de ver.
Que la distancia te rasgaba por dentro como papel y que el llanto mudo y seco tocaban tu rostro por las noches.
Quisiera creer que fui algo para ti, mas que un punto verde que se encendía en tu pantalla cada día hasta altas horas de la noche.
Quisiera creer que confiabas en mi, en mi palabra en la firmeza de mi intención de estar contigo, de hacernos a un futuro compartido.
Quisiera creer que no hice nada malo, que nunca te lastimé, que no te mentí cuando dije que te amaba más que al mundo y que ciertamente este mundo te quiere un poco menos de lo que te adoro yo.
Quisiera creer que no me olvidaste, que es tu orgullo el que te encierra como en una cárcel, una prisión de soberbia que te ata la lengua y te condena a cadena de perpetuo silencio el corazón.
Quisiera creer que no me engañaste, que si te enamoraste, no lo ocultaste, lo quisiste decir, terminar las cosas como se deben y no como el miedo dice que debe hacerse.
Quisiera creer que no mentiste, que fuiste leal hasta el final, que sencillamente te confundiste, que no supiste que hacer con esto que te ofrecí.
Quisiera creer que no habitaba crueldad alguna en tu alma, cuando no me diste explicación alguna de tu abandono, de tu cambio de planes e itinerario, de tu repentino arrepentimiento, del súbito miedo a vivir una vida juntos.
Quisiera creer que me amaste, que fue cierto, pero lo cierto es que el silencio dice más que lo que tu indiferencia grita.
Y ése grito silencioso de tu alma dice, que lo que quisiera que fuera, nunca fue, no para ti, no para mi, no para los dos.-"

lunes, 29 de diciembre de 2014

"-Se forjó tu alma y la mía al calor de las estrellas y un hilo invisible se entretejió para ambos, entonces el cosmos quiso materializarnos, hacernos carne y hueso, espíritu y alma, razón y conciencia.
Nuestras almas empezaron el viaje, cada una por su lado, nos perdimos de vista, pero el hilo nunca se ha roto, se enreda, se tuerce, se alarga infinitamente parece extraviarse, enredarse, pero no se rompe.
Ya por mares o montañas, por valles tupidos de verde vegetación, o dunas secas de áridos desiertos.
Ya por calles atestadas o la soledad de parajes extraños y lejanos.
Así es el viaje de lo que una vez fue uno y ahora ya no es más.
Personas y objetos tocados por nuestra energía.
Fuera el aire del campo o el smog de la ciudad, nos buscamos en los aromas, en las formas, en los paisajes, en los rostros, en los sonidos, en los sabores, en el calor de cuerpos ajenos, en las soledades propias y ajenas, en nuestras tristezas y fracasos, en el dolor de los demás.
Nos buscamos todo el tiempo, sin quererlo, sin pensarlo, sin prestar atención al momento, a tientas en la oscuridad de los eventos.
Perdidos cada uno por su lado.
Embriagados de ego, henchidos de soberbia, con una resaca mutua de rencores y cabos sueltos.
Navegamos mares diferentes, pero el viento que los agita es el mismo.
Caminamos en rumbos que parecen distintos, sin saber que el mundo es redondo y tarde o temprano podríamos cruzarnos de nuevo.
Tu rostro no será el mismo, ni las formas de tu cuerpo, yo seré un extraño más que cruza enfrente de tus ojos, pero nuestras almas, que no conocen de las cosas vanas de este mundo, lo sabrán, sabrán que estuvimos unidos, antes que el mundo fuese y se llenara de pendejadas.
Estará de nuevo tu aroma en el aire y en el brillo de tu mirada la memoria del tiempo en que fuimos uno, antes de que ya no fuéramos más.-"

viernes, 26 de diciembre de 2014

"-El amor quizás sea algún tipo de energía, una sumatoria de átomos, partículas subatómicas y un campo magnético que une las personas.
O una pócima mágica si es que tal cosa como la magia existe, entonces te bebes el contenido de la botella y entras en el trance autoinducido, en el alucinamiento del amor.
Deformas tu realidad, tu percepción del mundo y sus cosas.
Lo feo empieza a verse hermoso y lo hermoso exagera su naturaleza.
El amor es un licor que embriaga hasta la pérdida de la conciencia.
Te "enlaguna" la razón, es una resaca de la sensatez.
Y en aquel sueño te sumerges y te hundes hasta su profundidad, una de la que cuesta luego salir.
En el fondo de todo esto y como tantas otras cosas, solo hay oscuridad, una que crees llena de luz, la pesadez de tales emociones termina aplastando tus razonamientos.
Entonces te fías de tu alma, te aferras a una fe que tu ser dice experimentar, basada en años de doctrinas falsas que adoptaste como credo.
Y cuando el castillo se viene a bajo, la estructura moral de todo aquello en lo que depositaste tu fe se derrumba también, se reduce a polvo y cenizas que esparce el viento de la desesperanza.
Te ahogas en el vaso con agua que bebías con gusto.
Y lo que una vez sentiste que de daba vida, ahora te la arrebata a sangre fría sin el más mínimo de compasión.
Entonces ya estás jodido, con líquido en el cerebro y pulmones, un edema mortal de emociones y sentimientos mezclados, un dolor punzante como un ataque fulminante al corazón.
Y no te mueres aunque lo sientas, te empiezas a morir cada día, con cada recuerdo o pensamiento que te ataca.
Y lo que te costó hacer de la nada, lo tienes que deshacer, desechar, desestimar, ignorar, hacer de cuenta que nunca fue, que nunca pasó siquiera.
El amor amigos míos, no es mas que una hermosa mentira que nos queremos creer cada vez que nos sonríe, que nos tienta con desnudez, con música o con flores, con caricias, con besos, con calor de cuerpo, con perspicacia en la mirada, con presencia en tiempos de soledad, con ayuda inesperada y desinteresada, camuflada de amistad.
El amor es una enfermedad que se agazapa, para ver como te inocula de esperanza inútil la existencia.
El amor es un sedante para la actividad de tu corteza cerebral.-"