PROXIMIDAD
"-Mi vida la veía venir, algunas veces en sueños, otras en visiones, hecha paisaje o carretera; hecha nubes cargadas de lluvia que amenazan aguacero y muchas otras era día soleado y noche estrellada.
Ella nunca tuvo nombre, ni apellido, ni patria, ni arraigo alguno por las cosas de este mundo, que se cuelgan en el cuello o se usan en las muñecas.
No le perseguía la vanidad por las calles cuando caminaba, ni jugaba escondidillas con el espejo que reflejaba su natural belleza.
Guiñaba el azul de sus ojos, coqueteándole siempre a mis ganas, y se mordía la lengua en un gesto adrede de mórbida provocación, invitándome a lo furtivo de un beso, lo prohibido de una caricia y lo proscrito de un encuentro sexual, que condenara nuestra alma a los tormentos infernales de un placer muy terrenal.
Sus pasos hacían eco en mis oídos y un prematuro temblor de manos me invadía de manera involuntaria, como presintiendo las caricias.
Se me hacía la piel de gallina, sintiéndola cerca, escuchando su respiración haciendo pausas en mi oído, mientras mis vellocidades caían bajo los efectos de la física eléctrica.
La química hacía salivar mi boca, amagando cascadas de besos, mientras mis ojos, absortos, perdidos en los focos de sus ojos, bajo una hipnosis voluntaria, un enajenamiento consentido de mi alma.
La punta de su nariz rosa mi rostro y siento las cosquillas en mi panza y un ardiente fuego en mi entrepierna.
Mis dedos se deslizan por su espalda, como un esquiador en la nieve de muchos inviernos, cuesta abajo mis manos calculan la circunferencia de sus caderas, mientras los montes de sus pechos, chocan con sus cimas la cuadratura de mi diafragma.
Estamos tan cerca, como el océano cuando se toca con el horizonte, y en esa colisión consentida de cuerpos nuestras almas vibran al unísono y tocan una melodía celestial que se filtra por entre nuestras miradas.
Un beso sella nuestra metafísica unión en lo etéreo del deseo, nos abrazamos más, como fusionando mucho más que carne o hueso.
Siento el calor de tu cuerpo, y los latidos que aumentan la velocidad de tu corazón palpitante.
Nos baña entonces un sudor, uno que impregna la ropa que llevamos puesta, una que nos estorba, que no hace parte de la naturaleza de la piel que nos reclama.
Ya el deseo de mi mente se delata en caricias temerarias, seduciéndonos las ganas de cubrirnos el uno al otro con la única sábana de la que disponemos para dar rienda suelta a nuestra lascivia, nuestra piel, la tuya y la mía, susurrándole desnudez al universo que nos creó.-"