viernes, 18 de abril de 2014

"Sin afán alguno de ofender, solo voy a señalar, a mostrar lo evidente, lo que todos ven, y se pasan por la faja, incluso la propia.

La hipocresía colectiva de la que participamos a diario, en los días que la iglesia santificó, y consagró para enraizar la tradición de un culto que carece de fundamento histórico, otra de sus muchas manipulaciones de la conciencia e ignorancia humana.

Como sea, la gran mayoría de la masa, se arroja a las calles en procesión, con lo mejor de su bisutería y tapicería, pero su fanatismo no les alcanza para abandonar por un solo día sus adicciones personales.

La exhibicionista usa su falda más corta y su escote más pronunciado, ella logra incluso distraer la homosexualidad de cualquier presbítero con la descaradez de sus ropajes, que más que cubrirle la desnudez, lo que hace es que los ojos de los lujuriosos le quiten la poca ropa que la cubre.

El reggaetonero, disimula su escandalosa vida en unos anteojos negros, que le disimulan el estado de narcosis permanente en el que mantiene, la música retumba a altos volúmenes, en sus oídos, mientras sus ojos escanean en la multitud, alguna gata para coleccionar, poco le importa la religión, ni el carnaval de imágenes llevadas al hombro.

La comunicadora del barrio, no deja de murmurar, su curiosidad se deposita ahora en las vidas y aspectos del común, ya no está en su ambiente de barriada, dónde todas las demás vidas importan, menos la suya propia, ella despotrica en críticas de sus semejantes, mientras empata su pecaminoso proceder, con un par de padrenuestros incompletos y unas avemarías a medio terminar.

El ricacho chicanero, con todas sus alajas, sus posesiones publicitarias, su pantalón de moda, sus anteojos de un millón de pesos, su acento extranjerizado por la ridiculez, una sonrisa tan hueca como su ser, una postura santurrona, más cuando se encuentra en la calle con algún pordiosero, le mira con desprecio y le ignora, prefiere entregar un billete arrugado que siga alcahueteando la pedofilia de su credo, que calmar el hambre de algún infortunado mal oliente.

Y ni que decir de los que abiertamente se van a los balnearios a rostizar sus pieles, a exhibir sus carnes, a beber, a fumar, a parrandear y a pecar como siempre, sin el más mínimo pudor o arrepentimiento, tienen un dios todo misericordia, un dios que todo lo perdona, un dios que ya pagó por sus pecados.

Lo que en principio fué una tradición sacra, una cuya solemnidad nada podía sobrepasar, es ahora la pantomima colectiva de quienes se presumen pertenecientes a una iglesia en decadencia, unos golpes de pecho que no alcanzan para redimir las conductas pecaminosas en las que no dejan de caer.

Los mismos que van a misa cada domingo, son los que gritan y golpean a sus esposas en noches de borrachera, los mismos que abusan de su propia sangre, que roban y mienten.

Las amantes se perfuman y se encopetan en las primeras filas de los templos pero dudo que se arrepientan de arruinar los matrimonios.

El drogo, no siente remordimiento por el corazón roto de su progenitora, el ya eligió el mundo sureal de los narcóticos, esos que efímeramente le extravían de la realidad, y que no le da para percibir el amor eterno de su propia madre ni el de nadie.

Es el asunto de este mundo, solo uno se sacrificó por todos, solo uno dió su sangre, solo uno murió por la verdad que defendía, solo uno fué fiel a sus principios, solo uno practicó el amor en todo su real sentido, y por el nadie es capaz de hacer sacrificio alguno, es la decadencia de las creencias, la muerte lenta de la fé, por causa de la moda y los tiempos modernos, es la pérdida de los valores y del respeto, ya no hay asuntos sagrados para nadie, o para muy pocos.

Me asquea parapetarme en una fé que no profeso, aparentar una fe en un Dios en el que no creo o al que no respeto, por ello no voy más a los templos, ni escucho sermones que no tomo como ejemplo, yo busco en mi interior y evalúo mis defectos, yo soy mi propio acusador, mi verdugo, mi abogado defensor, yo mismo me condeno y me absuelvo, yo entendí que no es pecado equivocarse, pecado es vivir equivocadamente, el pecado no es más que una culpa que te endilga la propia conciencia, esa que te dice que hiciste un mal.

Mas las cosas están tan patas arriba, que lo malo ya tiene cara de bueno, y lo bueno apesta, tanto como todo lo malo, pareciera que no hay malos, ni buenos, ni pecadores, ni pecados, todos estamos en lo correcto, o todos estamos equivocados.

Lo único real y cierto, es que compartimos el mismo infierno, con la esperanza inútil de alcanzar un cielo que quizás no existe, que solo inventamos para no perdernos."









jueves, 17 de abril de 2014

"Ni te enteraste siquiera, nunca supiste, tu cabeza estaba en otra parte, y tu corazón, aunque deprisa latía sobre mi pecho, añoraba los brazos de alguien más.

Ingenuo fuí al creer que las lágrimas que rodaron por tu rostro, las provocaba el hecho de encontrarnos efímeramente y no volvernos a ver en mucho tiempo.

No era más que remordimiento haciendo repuja en tu pecho, arrepentimiento, volver de repente a la conciencia, el despertar de una resaca de pasión y lujuria.

No te enteraste jamás,de lo que mi corazón te gritaba, de lo que mi cuerpo te reclamaba,de lo que mi ser te entregaba en besos, abrazos, caricias y esperma.

No entendiste mi dialecto, el de mis dedos por la desnudez de tu espalda, no mientras calcaba tu tatuaje con mi lengua, ése idioma escapó al entendimiento de tu políglota vida.

No comprendiste mi mirada, ni mi miedo a tenerte, ni el temblor en mi cuerpo cuando te estrujaba, no fuiste más allá de los hechos, de lo que había en frente de tus propias narices, no miraste debajo de la piel, sólo de las sábanas, unas que apenas y arrugamos.

No pudiste adivinar lo que nació en mi ese día, no lo que creció después, no lo que mataste enseguida, le diste alas a un sueño del que me despertaste, me animaste a volar, y en el aire me dejaste caer, me enseñaste a nadar en la turbulencia del oleaje, y me abandonaste en la mitad de la tempestad, me dejaste ahogar, que me hundiera hasta el fondo de un mar inmenso de soledad.

No hay diccionario que te enseñen el lenguaje de mis ojos, la lengua muerta de mis besos, los glifos de mis caricias, la criptología de mi sexo, lo que fué ya fué escrito, lo que fué olvidado dejado a un lado, lo que se ha perdido, no será jamás recuperado.

Todo queda en el archivo de la memoria, en los recuerdos difusos, en canciones que ya casi no resuenan en la radio, en uno que otro latido de éste corazón que ya no llora lágrimas de sangre.

El cielo no volvió a arropar celestino mi cariño, ése se marchó contigo para siempre, se fué prendido de tu pelo, estampado en tu piel, ése lo llevas contigo como la sombra que te sigue en los días de verano, es un viento que te pega en la cara y que no reconoces más.

Es un aroma a flores, un dejavú que hace que te interrogues, en dónde diablos estás.

Miras el horizonte, y aquel sol sigue siendo el mismo, que una vez vimos salir juntos en aquel hotel, miras la luna en la noche, y ella no ha cambiado, sigue siendo la alcahueta de un sueño que juramos hacer realidad en aquel bar.

Ahora soy yo el que no logra entenderte, entender tu silencio, tu indiferencia, la crueldad injusta de tu ser, soy yo el que necesita re aprender, re entender, re pensar y replantear su propia existencia, para no volver a caer, para no volver a sufrir, para no volver a perder."







"Yo también fuí crucificado, y también padecí persecución, yo también prediqué en el desierto de algunas mentes áridas de ideas, en algunos corazones resecos de sentimiento.

Yo también cargo una cruz de recuerdos, fuí azotado con indiferencia y crueldad, yo también fuí traicionado con un beso, con una promesa, en medio de la fiesta que celebraba mi corazón, por creerla mi alma gemela.

A mí también me negaron, y me niegan, dicen que no existo, que no soy hijo de Dios, que soy un hijo de pu..., un peligro, un falso profeta, un rebelde con causa perdida, un blasfemo, un charlatán.

A mí también me escupieron el amor que dí en la cara, me abandonaron cuando caí en desgracia, me abofetearon con silencio, se burlaron de mis sentimientos, apostaron por mi desdicha, se jugaron mi suerte en comentarios.

Mi pecho también fué traspasado, para ver si todavía vivía, más no brotó agua de la herida, brotó poesía, brotó sangre, no hubo clavos en mis muñecas, ni corona de espinas en mi cabeza, las espinas están clavadas en mi corazón, y en mi cabeza tus recuerdos.

Yo tuve sed, atado al madero del olvido, y un amargo sabor de boca, fué el vinagre que remojó la sequía de tus besos, los que ahora estampas en otra boca.

El universo me gritó en la cara: "¡he ahí a tu Karma!"
y fuí etiquetado "L...Rey de los Jodidos!".

A mi costado también hay un par de ladrones conmigo, uno que me quita el sueño, Insomnio le llaman...otro que me roba la paz...memoria le dicen.

No hay promesa de paraíso para mi tortura, ni esperanza de resurrección para este sentimiento terreno, no hay un cielo que me espere, ni vida eterna para un amor que fallece, no voy a sentarme a la derecha de nadie que la ciencia niega, no hay Arimatea que me baje del madero.

No recogen mi sangre en copas, no limpian mis heridas, no hay viuda que me llore, y mi madre no conoce mi martirio en esta cruz de amores.

Mi cama es la tumba que alquilo todas las noches, en la que envuelvo en mortaja este amor que aún por tí siento, un sudario de pasiones, de caricias y besos tuyos que se fermentan con el paso del tiempo.

No hay resurrección para mi, para este amor, y aunque diga una y mil veces al cielo "¿por qué me has abandonado?", solo responde el silencio...el tuyo, el que me hace descender hasta las profundidades de mi propio infierno.

Mi padecimiento no redime pecados, no borra las culpas de nadie, no he sido dado en sacrificio, no puesto en ofrenda como holocausto, aquí el cordero manso(menso) fué mi corazón enamorado, el que entregué con todo, el que ofrecí, el que fué despreciado, el que no fué aceptado como libación, ni como regalo.

No soy el redentor de nadie, ni el Mesías de ninguna causa perdida, no soy el elegido de ningún santo espíritu, no fuí ungido de piedad o sabiduría, no me transfiguró la gloria, ni me hizo caminar sobre las aguas de tristeza, ningún poder sobre humano, no sano leprosos, ni levanto de su cuadraplegia a ningún discapacitado, no le devuelvo la vista a ningún ciego, ni resucito de entre los muertos vivientes, ninguna alma perdida.

No he salvado nunca de la lapidación a ninguna prostituta, no he pronunciado sermón alguno a los pies de ninguna montaña.

Mas yo también fuí traicionado,  juzgado, condenado y castigado, yo soy de algún modo un nazareno, que pretendió salvarte y salió crucificado, que te quiso querer, y te quedó a deber".




miércoles, 16 de abril de 2014

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"¿Qué le dirás al tiempo cuando te pinte de blanco las sienes?, ¿qué le susurrarás al viento, cuando las palabras ya no quieran brotar más de tus labios ajados y desvencijados de besos?.

¿Le inventarás a la vida una de las muchas excusas baratas que guardas en los bolsillos del alma, de ésa que niegas con la filosofía que lees?, o ¿mostrarás un rostro diferente que engañe a los más ingenuos a los que no sepan nada de ti?, ¿le darás la espalda a lo sagrado en tu interior?, ¿harás de lo efímero tu nueva razón de ser?.

¿Le fingirás al mundo una felicidad que alguna vez sentiste?, ¿le dirás a todos que no pensaste en mí nunca?, ¿que no me amaste jamás?, ¿que fuí sombra oscura en tu vida?, ¿que dibujaba lágrimas en lugar de sonrisas en tu rostro?, ¿negarás que agité tu pecho con la mirada inquisitiva de mis ojos?, ¿me borrarás con un no rotundo de tu boca?.

¡Anda! y dí que no existí jamás en tu vida, que no fuí nada, que no fuí nadie, que no me conoces, que no sabes quién soy, ni lo que hago, que te vale madres, que estás en otro rollo ahora, niégale a todos nuestra historia, dí que son rumores, inventos de gente loca, de chismosos y habladores, de los metiches que andan sueltos y en todos lados.

Y por la noche, cuando mi lánguida imagen se te aparezca en un sueño, despierta deprisa y moja tu cara, con agua fría del grifo, olvida, y sacude tu cabeza, y a tu corazón reprímele el sentimiento, dile a tu memoria lo tonta que es, dile que te deje en paz, dile basta ya a los recuerdos, engáñate una vez más, así como engañas a todos.

Levántate sonriente, que la hipocresía de tu sonrisa no delate el sufrimiento de tu ser, ni la soledad absoluta de tu alma, besa al chico con el que sales, dale un un beso mentiroso, cargado de saliva sin amor, entrega tu cuerpo con lujuria pero vacío de pasión, y cuando te arrepientas de dar migajas, fúmate un cigarro que te anestesie la culpa y el remordimiento, deja que las lágrimas laven el pecado de tus acciones.

Sal a la calle y satúrate de ciudad, de esa que te maravilla tanto, llena tu ser de mampostería, de arte pintado por manos ajenas, llena tus ojos con colores, métete de lleno en la psicodelia de los días, confúndete entre la multitud para que nadie más te vea, para que no seas encontrada nunca, para que nadie te reconozca jamás.

No necesitas esconderte, no necesitas huir más, escondida estás de la realidad, has huido de ti misma todo el tiempo, ni siquiera te conoces, no sabes lo que quieres, ni a donde vas, vagas por la vida y por el mundo, y tus huellas no te trascienden más que tus heridas, las que haces y las que te haces a tí misma.

Que te compre quien no te conozca, para que tenga la misma suerte de salir lastimado, que entregue su miocardio pensando que es eso lo que te importa, que se fracture su vida en un montón de promesas que no cumplirás, que lo carcoma tu silencio y tu indiferencia, cuando el amor le brote por los poros, que muera de a poco, mientras tu asesina crueldad, guarda silencio, y se mofa de apatía ante su suerte final.

Sigue matando sueños, sigue quebrando almas, sigue exprimiendo de sangre y emociones corazones, que hecha fuiste para lastimar."






lunes, 14 de abril de 2014

"Hoguera no te extingues, llama vívida que perfora la oscuridad de la noche, un ardor lejano, lenguas de fuego en las entrañas de una tristeza arraigada en el abismo profundo de una soledad declarada.

Una gastritis de mariposas, una cardiopatía de sentimientos, un edema cerebral de recuerdos, el envenenamiento de un amor altamente tóxico, enfermedad terminal, cáncer de emociones.

No veo la mejoría con la medicina que me recetó el tiempo, no hay pastillas que borren la memoria, ni inyecciones que inhiban el efecto doloroso de los recuerdos, no hay cirugía que extirpe un tumor de amor, ni radio terapia que impida crecer un sentimiento en cada célula de tu cuerpo.

No hay cura para el mal de amores, y un amor así está mal, está enfermo, como enfermo es quien lo padece, quien lo sufre y lo retiene, quien se aferra al sufrimiento como madero en el océano.

Debo soltar, dejarlo ir, que se hunda en la profundidad, y empezar de nuevo, a nadar a la orilla del mundo, de uno nuevo, de uno desconocido, de uno que no he visto jamás.

Debo dejar de arrastrarme adrede en el fango de los inútiles reproches, debo abandonar mi papel de víctima, y seguir endilgándole un karma a mi victimario, ya caerá su torre de papel, bajo el peso de sus letras, su boca será su verdugo, sus palabras dictarán sentencia sobre su vida, serán el resultado de sus hechos quienes hagan de juez en su propia existencia.

Yo ya no quiero esta cruz auto impuesta, una que pesa, que saca ampolla, que deja llagas en mi piel, en mi alma, que me hace nazareno en una semana que no es santa, en un mes que no es abril, en un año que no es bisiesto, en una década que no es memorable, en un siglo que no trasciende la historia.

No eres el cristo que parte mi historia en dos, ni el profeta que anuncia un armagedón en mi vida, eres más bien un nombre y un apellido que blasfema lo sagrado del amor al viento de la indiferencia, algo así como una música profana y anatema, un himno a la ignominia que nadie se sabe y que nadie más entona.

Polvo eres y en polvo te convertirás, en cenizas, en tierra seca, en inerte desierto, en aridez perenne, una roca vacía, un cometa vagabundo del espacio infinito, una luz que el cosmos apaga con la inmensidad de las sombras.

Llegará el ocaso para tu día, tu cuarto de hora pasará, sin dejar huella, sin dejar rastro, serás un crimen impune, memoria de un extraño, el olvido te inmortalizará, una amnesia existencial habrás de padecer, como si no hubieses vivido jamás.

No habrá libro que te mencione, ni letra de canción que te haga memoria en la boca de un juglar vagabundo, las fotos contendrán una imagen irreconocible de un pasado sin gloria, serás un rostro más en el collage de los colores, de las razas, de los sexos.

Tu nombre no estará en el pié de página de los libros de filosofía que tanto te gusta leer, no habrá mención alguna de tu presencia en la metafísica del ser, ni siquiera una reseña de algún artículo de prensa, quizás, si mucho,  el obituario de un evento desafortunado.

No te deseo el mal, ya naciste así, sin alma, sin corazón, sin sentimientos, con lepra de emociones, nada te ata, te sientes libre de hacer lo que quieras, a quien quieras, cuando quieras, como quieras, sin dolor, sin pena, sin remordimiento alguno, sin sentimiento de culpa que te oprima el pecho, y te trasnoche en insomnio la conciencia.

No quiero verte caer, no quiero verte, no quiero saber de ti, no quiero recordarte, que se me olvide tu nombre, tus formas, tus modos, el sonido de tu voz, la comisura de tu boca, el aroma de tu piel, los contornos de tu cuerpo, que se me olviden las fechas, los días, los meses, que no tenga memoria alguna de tu ser, que para mi no existas, que de mi mente te borre.

Que no me importe más tu ser, ni tu vida, ni tus actos, ni tus palabras, ni lo que dices sentir, una especie de amnesia auto inducida es lo que quiero padecer"