"-Salí a caminar un rato, a despistar la mente con otras imágenes que no tuviesen nada que ver contigo; más ya sabe el puerco destino como poner frente a mis ojos algún souvenir de la memoria distante que te haga aparecer como fantasma frente a mí.
Yo no se como enfrentar la dura realidad de materializarte de la nada, de verte en cada par de ojos con los que se cruza mi mirada, de perseguir por inercia el vaivén cadencioso de un par de caderas simétricas al caminar.
Yo no se disimular mi pena y una que otra lágrima se cuela por entre mis anteojos, mientras veo la vida pasar enfrente de mi nariz.
El frío en las manos es insoportable y en la madrugada se congelan mis ganas de abrazarte.
Me duelen los ojos en la mañana buscándote inútilmente entre el tumulto de la gente que va a trabajar.
El color de tu cabello se ha hecho popular en las cabezas huecas de muchas chicas de hoy en día.
Hasta la vellosidad en tus brazos que una vez te creí exclusiva, se anda haciendo burdas copias en ajenos brazos.
La ciudad entera se prostituye y se hace cómplice arrojándome recuerdos tuyos al rostro, uno que se aja con el tiempo, uno que se hace surcos con llanto que nadie ve ni escucha.
Es por eso a veces que prefiero refundirme en mi prisión de soledad infranqueable, en aquella habitación apenas una cama, una mesa, un desorden de hojas blancas, otras llenas de letras, las que te mencionan, las que te maldicen, las que destiñen mis lágrimas cuando les escribo sobre ti.
He quitado los espejos de mi casa, no me asomo a los cristales para que no me reconozca en ellos, ni vea el tiempo marcar mi rostro con los achaques de los años.
El humo blanco que un cigarro, simula una neblina que recorre las cuatro paredes de aquel mustio cuarto y se hace figuras mientras se disuelve en el aire.
De vez en cuando una cerveza llena de amargura mi boca y de paso se llena de amargura mi ser cuando recuerdo los besos dulces que brotaban de tus labios.
Guardé tus fotos en el cajón de abajo de mi mesita de noche, para que mi espalda se resienta cuando intente inclinarse ante la tentación de verlas de nuevo.
Tus dibujos los guardé en mi maleta, allí se van decolorando, más conservan la silueta de tus manos y tu pié izquierdo.
Yo espero que la noche ataque con sueño y cansancio mi cuerpo, pero mi mente se resiste a dormir por temor de hallarte en el onirismo auto inducido.
Mi plegaria de cada noche es el olvido, el desahucio de la pena, el archive de las emociones, el deslustre de las imágenes.
No viene el olvido, no se van tus recuerdos, no hay manera de extraviar la memoria, ni de mentirle al agujero en mi pecho.
Todo está intacto, tal cual lo dejaste, tu imagen, tu presencia, tu ausencia, tu indiferencia, todo lo tuyo regado por todas partes.
Estoy infectado, infestado, en una epidemia absurda de todo lo que una vez fuiste, cuando te fuiste, quedándote, dejándote dentro mío, terreno que fue baldío y del que te apropiaste, del que me expropiaste.
Ahora enajenado, apenas y respiro por inercia, un aire raro y me aturdo los oídos con una música ligera y me refugio la mirada en las páginas de los libros.
Yo he decidido para mis días el exilio, de la realidad que ya no reconocen mis sentidos, de la que formaste parte un día y que te llevaste contigo.-"
Lyon Hearth