sábado, 8 de febrero de 2014

"Abro mis ojos, y el techo de mi habitación es el horizonte que logra abarcar mi mirada, espacio finito que una bombilla alumbra tenuemente, en la mesita de noche, se atiborran objetos personales, una fotografía sin su marco, un reloj que me dice que son las siete de la mañana, las llaves que abren la puerta de mi habitación, el habitáculo estrecho, donde recluyo mi humanidad, un par de billetes y algunas monedas, las poquedades, con las que apenas y alcanzo a desordenar la simplicidad de mi insulsa existencia...

Una repisa con libros, compañeros de mis largas noches de insomnio, una taza vacía, tanto como lo está mi alma a la hora en que escribo estas cosas, un vaso con agua hasta la mitad, una vela de cera medio derretida, una luz que titila solitaria en la penumbra...

Un espejo, que refleja el paso inclemente de los años en mi rostro y en el color de mi cabello...

Una cama, espacio infinito de dos por tres, desierto nocturno, un colchón que no hace ruido, y que solo el peso de mis huesos deforma cada noche...

Unas sábanas blancas y limpias, lienzos que ningún orgasmo pinta todavía, ni sudor que humedezca, ni cuerpo que dibuje su silueta, excepto el mío, cuando busco un cálido refugio en días y noches de invierno frío...

Soledad, vives conmigo, duermes en el rincón de mi cama, habitas en cada recodo de mi habitación, me esperas desnuda en la ducha, en los cajones donde guardo mi ropa, de pié en la escalera que me conduce a la entrada de la casa...

Soledad, me espías al vestirme, te ríes en mi cara, por mi torpeza en la cocina, te asomas por la ventana del patio, empujas el portón de la entrada, lo disimulas disfrazándote de viento...

Soledad me sigues a donde vaya, esperas conmigo el autobús, te sientas a mi lado, no me hablas, no me dices nunca nada, solo estás ahí, en el vacío del asiento, ocupando el espacio de la nada...

Soledad, sabes a ausencia, a abandono, a olvido inmisericorde, te escondes detrás del silencio, usas máscaras de mutismo, te disfrazas de susurro, te mimetizas de murmullo...

Soledad, estás en lo que miro, en lo que toco, en lo que hago, en lo que vivo, en lo que siento...

Soledad, yo te respiro, y tú me circulas por las venas, como ponzoñoso veneno...

Soledad, de tí estoy enfermo, contagiado de aislamiento, recluido en el vacío, condenado en el anonimato, exiliado en el más completo olvido...

Soledad, vives conmigo, cada día, cada instante, incluso con mucha gente, incluso conmigo mismo, entre multitudes estás presente, en el barullo y el tumulto del mundo, y toda la inmundicia que ensordece la existencia...

Soledad, no te vas de mi vida, te quedas a mi lado, para siempre, te sientas descarada en mis piernas y te burlas, en mi propia cara, me escupes insolente, tu inmortal presencia...







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