sábado, 8 de febrero de 2014

"Mortal herida, me dueles hasta los huesos, no mengua el llanto en mis ojos, y el dolor ha hecho morada permanente en mi alma, un vacío, un agujero negro, que se colapsa en mi pecho, y los recuerdos no son más que instrumentos de una cruel y prolongada tortura.

Vivir se ha convertido en el acto heroico de ver pasar los días frente a tus narices, frente a tus ojos, es pintar de gris los paisajes y el cielo, que de vez en cuando descarga sobre la hierba, la carga pesada de nubes de tormenta.

La misma tempestad que remueve mis entrañas, en un desespero absurdo, ansiedad que me inunda y que se desborda, repujando angustia, que talla lágrimas en mis ojos.

La locura me amenaza a cada instante, la poca cordura se diluye, en noches interminables de vigilia, y en eternos días, que no ven el ocaso.

Voy de aquí para allá, como un alma en pena, fantasma condenado al silencio de un olvido incoherente.

Perdí el rumbo, y las ganas de vivir, perdí la poca fé que guardaba celosamente en los bolsillos rotos de mi pantalón, extravié la esperanza, embolaté las pocas ilusiones que quedaban de pie en mi ser.

Espero en silencio, aguardo en el mutismo absoluto del abandono, mis ojos miran en todas las direcciones, queriendo llenar de imágenes la memoria.

De mi boca, solo sale mi aliento, el poco que me queda, camino sin rumbo alguno, me mezclo entre la muchedumbre, saturo mi vida de la monótona rutina de moverme por ahí y de llamarle vida, a la carrera sin freno que ha empezado mi ser, para ser borrado de repente del mapa, por la compasión y misericordia de la muerte.

Se muere por dentro, se finge que se vive, se enmascara una sonrisa, se parapeta una pena, detrás de un rostro de falso optimismo.

Nada volvió a ser igual, todo cambió, mutó a su lado más oscuro, sombrío y siniestro.

¡Aún hay esperanza!, me digo, sabiendo que ya no queda nada, sabiendo que todo acabó."






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