"Mataron un amor, lo acribillaron con mentiras, se desangró de indiferencia, el olvido lo asfixió, hasta que dejó de respirar.
Quedó tendido en medio de la calle, en medio de la noche, nadie pudo ver el asesino, huyó silente, sigiloso, sin ser detectado, sin dejar rastro.
Ése amor cayó de repente, se desplomó y no volvió a levantarse, dicen que agonizó lenta y cruelmente.
Hoy es el sepelio, las honras fúnebres de ese sentimiento, que estuvo en cámara ardiente durante algunos meses, siendo llorado y lamentado, extrañado por su único y solitario doliente.
Nadie vino a reclamar su cuerpo, nadie se apareció a reconocerlo, es ahora un N.N., que será sepultado en la común fosa de los tristes recuerdos, en el cementerio de pasadas memorias.
Le espera una tumba de olvido, una fría lápida de silencio, no hay tierra que lo reciba, será un corazón de piedra, quién haga las veces de lúgubre cripta.
Quisieron cremarlo y reducirlo a cenizas, para arrojarlas al viento, o a un río de lágrimas que todavía caen de vez en cuando, pero prefirieron echarle tierra al asunto, tal ves su deudo cree que puede ser llamado algún día a resurrección en el bíblico día del levantamiento de los muertos.
Ése amor reposa ahora en una fría y solitaria tumba, una que nadie visita, una que se adorna con flores de ausencia.
No hubo oración, ni sermón de despedida a su querida memoria, no hay descanso eterno, ni brilla para el la luz perpetua, no hay quien lo saque de pena, ni lo lleve a descansar."

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