miércoles, 8 de abril de 2015

"-Me voy desvaneciendo como neblina, como la tenue luz de la tarde cuando la noche le arropa con manto de oscuridad.
Y así mismo lo que por ella sentía. En el vacío de mi pecho, solo un lejano eco remeda mi palpitar.
Ajenos mis ojos se entretienen en multitudes, tan anónimas como yo.
Mis pasos ya no van con la prisa de la ansiedad por llegar a ningún lado.
Y mi mente dejó de acosarme con pensamientos inútiles.
Se me va la mañana leyendo los signos del cielo y el sol toca mi frente para recordarme mi celeste origen.
El frío me abraza con tal vehemencia, que parece amar la poquedad de mis años.
Voy de aquí para allá, como un viento vagabundo.
Dejo que el hastío le pase factura a mi manera optimista de enfrentar la rutina de mi existencia.
Soy un perro callejero, un gato de callejón, una rata de alcantarilla.
El abandono de la realidad hace palpable mi locura.
Mi trascendencia no está en el aire con el que se llenan mis pulmones, no con la tibia sangre que corre por mis venas.
Eso que llamo vida es un estado de somnolencia, que remeda en mucho el sueño de la noche y la muerte del sepulcro.
Mi mundo es una tira larga de imágenes repetidas.
Otro grano de arena en la inmensa playa de este universo.
Esta liviandad y ligereza me satura y aunque no me eleva, tampoco me pesa la gravedad de su naturaleza.
En este fluir de la vida, de observarlo todo sin participar en los eventos, es que la oscuridad me tienta con la adrenalina de lo prohibido.
¿Qué hago conmigo?, ¿qué le hago a mi ser?, ¿acaso le condeno prematuramente al decline de los años sin sentido?.
Voy a la cama y dejo caer más que mi cuerpo, dejo mis ganas y me entrego a los sueños.
En ése mundo onírico me extravío, me invento una vida nueva en aquel universo paralelo.
Y por unos instantes muero y nazco de nuevo cuando despierto.
Y trato de ver el mundo del que vengo de nuevo, con otros ojos.
No puedo con el hastío.
¿Cómo hago para no dejar que el mundo que todos aman se me venga encima y aplaste la escasez de mi esperanza?.
Ahora entiendo el ánimo del suicida y la tristeza del depresivo.
Comprendo la ansiedad del adicto a las drogas y la miseria del alcohólico.
Ahora entiendo por que todo el mundo quiere huir de si mismo, de la realidad a la que sobrevivimos, del dolor que soportamos, del hambre que aguantamos.
Ahora entiendo como agoniza el futuro en nuestras manos.
Como nos asesina el pasado y como nos martiriza el presente.
Ahora entiendo que no soy de ningún lado, que soy de esta vida otro penitente.
Soy una especie de carta sin destinatario y sin remitente.
Soy el acertijo que nadie resuelve, un símbolo que nadie entiende.
El encripto del universo que no cumple ningún especial propósito en el lenguaje del cosmos.
Yo soy otra luz que se extingue por el millón que se encienden.
Yo soy el todo de mi nada, yo soy la nada del todo.-"

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