"-Mira pues lo que ha hecho el mundo conmigo, le ha restado sabor a mi gusto y ha saboteado siempre mis ganas de respirar.
Le veo extrañamente a través de una ventana del bus, o del avión que vuela por encima de las tierras desconocidas.
Le veo pasar como una película derruida por los grises matices del tiempo y su implacable marca.
Y aunque lo recorra paso a paso, me pesa como fardo en la espalda.
Los días van y vienen como aves migratorias y migratorio se han vuelto mis ánimos, mi alegría y mis pesares.
El hambre me empuja a la cocina, o a la calle, ya sea para devorar dignidades o la bajeza propia de los canallas que nos someten con las mentiras que publican en los diarios.
Me estruja la tarde de melancolía el alma y la noche la pisotea en humillante llanto.
Mi soledad no es más que otra copa de vino que embriaga mis sentidos, para hacer eso precisamente, liberarlos de sensibilidad alguna, por algo o por alguien.
La tibieza de mi cama es un remedo del calor de aquel cuerpo que reposó en mi pecho.
Y la almohada es un muñeco relleno de trapos y tela barata, como el relleno del corazón que una vez me dijo que me amaba, cuando en realidad tal cosa no pasaba.
Una taza de café pone en reposo mis ganas de dormir, y el sueño anhelado no dura más de un par de horas, para regresar de nuevo a esta vida que se desvanece en horas y horas de mortífera rutina.
¿La has visto?, ¿a tu vida?, ¿ves como disimulas su provecho?, ya fuese con licor en la sangre o pasión en tu vientre, o una sustancia que envenene la percepción de tu mente. La realidad implacable nos persigue y nos alcanza, nos estrella contra el mundo, nos hace odiarlo y aborrecer su careta de perfección.
Así que acudes a los disfraces, al de gran ejecutivo, al de intelectual, al de adinerado, al de siempre alegre o deprimido suicida.
Al de diva de cine, al de mujer fatal, al de virtuosa recatada, o puta descarada.
Al de santo sin manchas en la sotana, o al de asesino de emociones.
Al de vendedor de presentes, al de traficante de inciertos futuros.
El pasado doloroso es una mancha que no sale con detergente del barato.
Olvidar sale tan caro como enamorarse del ser equivocado.
Así que de vez en cuando vienen a mi mente los recuerdos a escupirme un pasado saturado de triste memoria.
Se me revuelve el estómago y lo poco que allí guardo amenaza con salir por mi boca, en esta náusea permanente de la vida.
Esta renuncia irrevocable y no aceptada por continuar en la inútil lucha por sobrevivir a la costumbre.
Así que no me queda más que seguir "chapuceando" en este vaso con agua que me ahoga.
Arrastro la poca dignidad que me queda y me resigno a permanecer en este anonimato siniestro del olvido.
Entonces entrego mi destino a la dejadez, a mi intolerancia existencial.
Dejo que el silencio se apodere de mi mente por largos períodos y que el hastío amarre mi lengua para que no diga nada nunca.
Castro mi consciencia y todo deseo de despotricar de la humana condición.
Vegeto, esperando que un viento de novedad y frescura sacuda el calcio de mis huesos y haga bullir la sangre de mis venas.
Pero escasean los milagros en el cielo, y el universo está ocupado en su balanceo, como para andar violando sus propias leyes y perpetrar para mi algún evento inexplicable en el laboratorio de mi propia vida.
Me queda el recurso de rendirme a la estremecedora verdad de los acontecimientos y dejar que el destino haga conmigo como con todo el mundo, lo que se le de la gana.-"
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