-Ella-
Se levantaba temprano, como todas las mañanas, desde hace ya quince años, años duros, en los que ambos sufrieron, en los que lucharon juntos, por crear un hogar, una familia.
Ella, ya no decía nada, hace tiempo que él no la mira con deseo, él le dejó morir, junto a las ganas. Ella se afanaba en quehaceres domésticos, el cuidado de los niños, las compras del día, las obligaciones de la casa, ella guardaba silencio frente a la cruel realidad que le pintaba de gris el día, la enfermedad que postró, los mejores años de su vida, y que amenazaba con dejarla sola en la vejez.
Se apresuraba a terminarlo todo temprano, para ayudar a su hombre, a aquel, que la conquistó con flores y poemas, que tantas veces, tentó la ira de su padre, y la mala fama en la lengua de su madre.
El ya no hablaba hacía más de un año, recostado en la cama, la enfermedad, le quitó la vitalidad, dejándolo vegetando, solo sus ojos tenían aquel brillo que titila, que le mostraba a ella, que allí, en aquella decrepitud, había todavía un alma, una que cuando menos y a pesar de las circunstancias, todavía amaba.
Ella, lo bañaba, lo aseaba, lo vestía de gala, lo sentaba frente al televisor, le daba su desayuno, le leía versos, que alguna vez el escribiera para ella, él solo la miraba, ella contenía las lágrimas de impotencia, y pretendía seguir son su vida, sin demostrar mucha tristeza, eso lo ponía peor.
De vez en cuando, salía a la calle, buscando el aire puro de la mañana, o la brisa de la tarde, se adentraba en algún parque, o subía de prisa alguna colina cercana, y a pesar que en ocasiones, cuando llegaba a la cima, se le escapaba el aire, ella respiraba profundo y miraba el horizonte, se veía a si misma, en años más joven, y recordaba con nostalgia la primera vez que se topó con la mirada de aquel hombre, que ahora, se consumía en una cama.
Llora desconsolada, de impotencia, de rabia, tantos años, tantos sueños.
Se va de nuevo a la casa, atiende a los niños que llegan de la escuela, hace las tareas con ellos, prepara su cena, los lleva a la cama, lo mismo hace con él, le administra la medicina, y le lee un libro esperando que el pueda conciliar el sueño que el extremo dolor le arrebata a veces, el se queda dormido, y ella sumida en su tristeza, se levanta, y se escapa por un instante de aquella pesadilla en la que se despierta cada día, desde hace más de un año.
Se va sin rumbo alguno, camina un par de calles, ve la entrada de una vieja taberna, en la que solía tomarse un par de cervezas,con el, entra, se sienta en la barra y pide una "amarga", la música le recuerda, los días mozos en los que ambos bailaban, hasta el amanecer en ocasiones, algo ebrios, reían mucho, se besaban mucho, se hacían el amor, veían la luz del sol aparecer en el horizonte.
Se bebe su cerveza, muchos intentan coquetear con ella, algunos incluso logran tentar su femenina naturaleza, hubo uno, incluso que le propuso una huida fácil, llegó incluso, a persuadirla de abandonar a aquel despojo, prometió casarse con ella, y hacerse cargo de los niños también, pero ella rehusó rotundamente, la infame propuesta.
El que yacía en la cama no era un hombre cualquiera, era el hombre de su vida, siempre la trató con respeto, siempre le dió amor, la apoyó en todas sus cosas, incluso cuando sus padres la echaron de la casa, el no se aprovechó de la situación, siempre cuidó de ella, veló por que estudiara, por que no le faltara nada, cuando los hijos llegaron, el compartía los deberes de la casa, y juntos fueron felices muchos años, antes que la enfermedad de el, todo lo cambiara.
Ella, se sentía sola, triste, desconsolada, abrumada por las circunstancias, pero aún así, lo amaba, incluso cuando su cuerpo dejó de calentar su cama.
-El-
Yace silente en un lecho de muerte, está vivo, pero se muere, cada día que pasa es un infierno, una pesadilla, el ve como ella se esfuerza por atenderle, por que se sienta bien, el sufre viendo como su belleza se escapa, al mismo ritmo que la vida le abandona a el.
El llora en silencio, cuando ella no mira, o cuando sale a la calle, el ve impotente como ella da la batalla con los hijos que desearon años atrás, el quisiera morirse, para no verla sufrir así.
El en ocasiones, sueña que ya está sano, y que puede abrazarla de nuevo, y caminar con ella, por las calles del pueblo tomados de la mano, e ir por la playa y jugar con los niños, y besar la frente de su amada, y escribirle versos, cantarle canciones al oído, y llevarla por las noches a la cama, y saciar las ganas de sus años maduros, y mojar sus labios con besos de antaño, que les hacían sentirse vivos, juntos, unidos.
El despierta cada día, con más ganas de morir, al verla a ella, llorando en silencio su soledad.
El le pide al cielo que lo olvidó, que se lo lleve pronto, para que ella pueda volver a reír, como en aquella tarde cuando la vió en la cima de aquella colina, cuando el viento le agitaba los cabellos, fué allí cuando cupido, atravesó sus corazones con la potente flecha del amor, uno que llegó a ser perpetuo, cuando menos, más allá del tiempo, que el jamás pensó.
El quiere verla reír de nuevo, y que viva el tiempo que le ha tocado, que no se apague su vida, ni la escasa juventud de su cuerpo, que vuelva a enamorarse, a sentirse viva.
El ya no quiere seguir viviendo, ni sus hijos le dan motivos, el sabe que con ella, ellos serán buenos, estudiarán y llegarán lejos, y cuidarán de ella, cuando el ya haya abandonado el lecho, en la muerte que tanto desea y que no llega.
El quisiera decirle, que lo abandone, pero ella no lee el pensamiento, el la ama en silencio, desde su enfermedad, y por eso quiere morirse, para librar al amor de su vida de tanta desdicha e infelicidad."
"Es el destino una cruel ruleta rusa, nunca habrá prueba más dura, ni exámen más difícil para el alma humana, que amar...amar de verdad, amar más allá de la enfermedad...más allá de la adversidad...más allá del ego que domina la sociedad actual, sociedad de amores pasajeros, amores de "cama rápida", de dinero, apellidos, posición social, perjuicio familiar...el verdadero amor, suele nutrirse con la cruel adversidad, el falso amor muere, cuando llega el hambre, o las duras palabras del "que dirán"...pero el amor verdadero, va más allá de lo efímero de la carne y el hueso, el amor verdadero, es extremófilo, se levanta donde nadie cree, sobrevive, donde todos mueren, tiene éxito donde todos fallan, el amor verdadero, siempre sobrevive al final"