"Hoguera no te extingues, llama vívida que perfora la oscuridad de la noche, un ardor lejano, lenguas de fuego en las entrañas de una tristeza arraigada en el abismo profundo de una soledad declarada.
Una gastritis de mariposas, una cardiopatía de sentimientos, un edema cerebral de recuerdos, el envenenamiento de un amor altamente tóxico, enfermedad terminal, cáncer de emociones.
No veo la mejoría con la medicina que me recetó el tiempo, no hay pastillas que borren la memoria, ni inyecciones que inhiban el efecto doloroso de los recuerdos, no hay cirugía que extirpe un tumor de amor, ni radio terapia que impida crecer un sentimiento en cada célula de tu cuerpo.
No hay cura para el mal de amores, y un amor así está mal, está enfermo, como enfermo es quien lo padece, quien lo sufre y lo retiene, quien se aferra al sufrimiento como madero en el océano.
Debo soltar, dejarlo ir, que se hunda en la profundidad, y empezar de nuevo, a nadar a la orilla del mundo, de uno nuevo, de uno desconocido, de uno que no he visto jamás.
Debo dejar de arrastrarme adrede en el fango de los inútiles reproches, debo abandonar mi papel de víctima, y seguir endilgándole un karma a mi victimario, ya caerá su torre de papel, bajo el peso de sus letras, su boca será su verdugo, sus palabras dictarán sentencia sobre su vida, serán el resultado de sus hechos quienes hagan de juez en su propia existencia.
Yo ya no quiero esta cruz auto impuesta, una que pesa, que saca ampolla, que deja llagas en mi piel, en mi alma, que me hace nazareno en una semana que no es santa, en un mes que no es abril, en un año que no es bisiesto, en una década que no es memorable, en un siglo que no trasciende la historia.
No eres el cristo que parte mi historia en dos, ni el profeta que anuncia un armagedón en mi vida, eres más bien un nombre y un apellido que blasfema lo sagrado del amor al viento de la indiferencia, algo así como una música profana y anatema, un himno a la ignominia que nadie se sabe y que nadie más entona.
Polvo eres y en polvo te convertirás, en cenizas, en tierra seca, en inerte desierto, en aridez perenne, una roca vacía, un cometa vagabundo del espacio infinito, una luz que el cosmos apaga con la inmensidad de las sombras.
Llegará el ocaso para tu día, tu cuarto de hora pasará, sin dejar huella, sin dejar rastro, serás un crimen impune, memoria de un extraño, el olvido te inmortalizará, una amnesia existencial habrás de padecer, como si no hubieses vivido jamás.
No habrá libro que te mencione, ni letra de canción que te haga memoria en la boca de un juglar vagabundo, las fotos contendrán una imagen irreconocible de un pasado sin gloria, serás un rostro más en el collage de los colores, de las razas, de los sexos.
Tu nombre no estará en el pié de página de los libros de filosofía que tanto te gusta leer, no habrá mención alguna de tu presencia en la metafísica del ser, ni siquiera una reseña de algún artículo de prensa, quizás, si mucho, el obituario de un evento desafortunado.
No te deseo el mal, ya naciste así, sin alma, sin corazón, sin sentimientos, con lepra de emociones, nada te ata, te sientes libre de hacer lo que quieras, a quien quieras, cuando quieras, como quieras, sin dolor, sin pena, sin remordimiento alguno, sin sentimiento de culpa que te oprima el pecho, y te trasnoche en insomnio la conciencia.
No quiero verte caer, no quiero verte, no quiero saber de ti, no quiero recordarte, que se me olvide tu nombre, tus formas, tus modos, el sonido de tu voz, la comisura de tu boca, el aroma de tu piel, los contornos de tu cuerpo, que se me olviden las fechas, los días, los meses, que no tenga memoria alguna de tu ser, que para mi no existas, que de mi mente te borre.
Que no me importe más tu ser, ni tu vida, ni tus actos, ni tus palabras, ni lo que dices sentir, una especie de amnesia auto inducida es lo que quiero padecer"





