domingo, 8 de diciembre de 2013

"El marchó en pos de un recuerdo, el de ella, el siempre lo llevó en su pecho, colgado como medalla, de cuando en cuando le latía fuerte, más los años y la distancia, le habían menguado poder, el solo sentía que seguía allí, como una espina punzante, fué por eso que se fué hasta donde ella estaba, para verla con sus propios ojos, para ver lo que el destino no quiso mostrarle.

Ya no era el mismo, el tiempo había dibujado huellas de tiempo en su rostro, y en su cabello, el color blanco se asomaba, cada vez más, con menos timidez.
Abordó el avión, sin expectativa alguna, sin ilusión, sin esperanza, lo hizo con algo de ansiedad y curiosidad, aquella ave de metal, lo llevaría atraves del cielo, a la tierra lejana, en donde ella vivía desde algunos años, por fin la vería, sabría de cuenta propia, que fué de ella.

Quince horas de vuelo, recostado en el asiento de aquel pájaro, quince horas repasando el pasado, las memorias, los instantes breves, las charlas virtuales, las palabras, las promesas, los sentimientos encapsulados, lo que se dijo en aquel entonces, incluso imaginando lo que se guardó el silencio para si, en aquellos años de larga separación y olvido.

Durmió brevemente, de cuando en cuando oteaba en la ventanilla, mirando la extensión del horizonte y del mar, luego cerraba sus ojos, e imaginaba el encuentro.

Bajó del avión, y un viento frío acarició su cara, se metió de prisa por sus fosas nasales y casi le provoca un estornudo, procesó rápido el asunto de la aduana y el paso por el aeropuerto, buscó un taxi a la salida de la terminal aérea.

Pidió al conductor un breve paseo por la ciudad, antes de llevarlo al hotel, el recorrió con sus ojos y el resto de sus sentidos la majestuosidad de la arquitectura, el empedrado de las calles, las luces, el trafico, el río, la gente, todo aquel carnaval de formas, que se presentaba ante sus ojos.

Finalmente llegó al hotel, se instaló de inmediato en la habitación, muy confortable además, sin mayores lujos, pero con una buena vista a la calle, a la que decidió recorrer, pocos minutos después.

Salió solo, como siempre lo hacía desde algún tiempo, llevaba en su mano un mapa, que le prestaron en el lobby del hotel, había renunciado a la compañía de un guía, pues quería ver la ciudad, a pie y por sí mismo, experimentarla, grabarla para siempre en su memoria.

Buscó aquel legendario puente sobre el río, del que tanto le hablaron los guías, cuando le vendieron el paquete turístico, caminó por el, pensando que la encontraría mirando la tranquilidad pasmosa de las aguas que lo cruzaban, más no fué así.

Buscó en el bolsillo de su chaqueta, y sacó un papel, donde estaba anotada a mano, una dirección y un teléfono, buscó una cabina de prisa, y esculcó en una monedera rudimentaria, algo de efectivo para hacer la llamada.

Halló una cabina, casi enfrente de una parada de bus, más su mente, estaba fascinada, con los edificios, las calles, la modernidad en la que la historia de esta famosa ciudad se batía, entre lo pasado y lo reciente, cada esquina, cada calle, cada estructura, gritaba pasado, gritaba historia, mientras lo moderno, escupía un futuro de luces multicolores.

Marcó el número, repicó en varias ocasiones, no contestaron, insistió inútilmente, luego, guardó el papel y siguió caminando sin rumbo.

Encontró más adelante una seguidilla de cafés y bares, decidió entonces sentarse y pedir una taza, que le quitara el frío del rostro; sacó de nuevo el papel y repasó la dirección, cuando el mesero le trajo la taza humeante, le pidió le orientase el rumbo, que estaba garabateado en el trozo de papel.

-Está retirado de acá señor, deberá tomar un autobús, o en su defecto, el subterráneo-dijo sin agregar más, luego le dió instrucciones específicas de como hacerlo.

Bebió su taza, sin afán, pero con la ansiedad propia de los pies que quieren andar de prisa, pagó el café y dejó una generosa propina, además de la sonrisa y los agradecimientos del caso por la instrucción recibida.

Buscó una parada de autobús, y esperó, por treinta minutos, hasta que apareció su ruta, pidió al conductor que lo dejase en la dirección descrita, y este le dijo que aún le tocaría caminar un poco hasta hallar su destino, buscó un asiento en el segundo piso, y dejó que sus ojos se maravillaran de nuevo con el recorrido.

El bus recorrió de nuevo aquella ciudad de ensueño, inmensa ante sus ojos, pequeña ante sus expectativas, pasó casi una hora, cuando el autobús, finalmente se detuvo, el conductor le indicó, hacia donde dirigirse para que no extraviara el rumbo que estaba escrito en el papel.

Tuvo que preguntar a varios transeúntes, pero finalmente dió con la dirección, en una calle un tanto estrecha, una puerta, de madera, un timbre discretamente oculto, pulsó el botón, y su corazón se aceleró como auto de carreras.

Una mujer de unos cuarenta y cinco años aproximadamente, le abrió la puerta, lo miró con cierta reticencia, miedo y curiosidad, el la saludó cortésmente, y ella respondió con diplomacia, el averiguó por ella, pero ella le dijo que ya no residía allí, que se había mudado, preguntó por la relación con ella, el, guardó para si su frustración y tristeza, y le dijo, -soy un familiar lejano-, -¿podría  usted decirme, si dejó alguna dirección de a donde se mudó?-la mujer pensó por un momento, y dijo, -la verdad no le puedo decir, no le conozco, como usted comprenderá y no estoy autorizada para darle la mueva dirección-, el no dijo nada, la miró y le dió las gracias, luego se retiró, no había dado muchos pasos, cuando la dama le gritó desde el pórtico,-espere, señor, le diré donde encontrarla-, el se alegró en su corazón de que la señora aquella cambiase de parecer.

La casera le pasó una factura, al parecer de una agencia de mudanzas, en donde se especificaba el sitio donde ella se había mudado, sonrió y fué tal la alegría, que abrazó a la señora, ella intentó rehuir el abrazo, pero al verle la cara, comprendió que había hecho algún tipo de bien, entonces, sonrió también, el, se despidió con un -gracias, gracias, no sabe cuanto se lo agradezco- y siguió su camino.

Tomó un taxi, y regresó al hotel, con el corazón henchido de una melancólica esperanza, tenía una posibilidad muy grande de hallarla, al día siguiente.

Casi no cenó, y se fué tarde al abrigo de la cama, con algo de incertidumbre, con las mismas preguntas que le provocaban insomnio durante tantos años,: ¿me reconocerá?, ¿tendrá esposo?, ¿hijos?, ´¿estará mas vieja?, ¿estará mas bella?, el sueño se apoderó de su ser mientras las preguntas inundaban su mente, quedó dormido profundamente en medio de sus múltiples cuestionamientos.

El sol de la mañana, penetró tímidamente por entre la cortina plegadiza de la ventana, el se levantó prontamente, y se duchó con rapidez, hasta tarareó una vieja canción que le dedicara en el pasado, entonces, muchos recuerdos hicieron fila en su mente, el sonreía en el espejo, y su corazón pareció saltar de alegría mientras se repetía insistente, -hoy es el día-, -hoy he de hallarla-.

Buscó la factura en el bolsillo de la chaqueta, donde la guardara la noche anterior, y fué en busca de un taxi que lo llevara, a la dirección que aparecía en el registro.

El taxi recorrió de nuevo el puente, el recreó de nuevo la vista con las aguas del río, viendo las pequeñas embarcaciones, las gentes en las orillas, los ciclistas en las pequeñas callejuelas, los buses de dos pisos, repletos de turistas, los altos edificios, los museos, la torre del reloj, los palacios y jardines, las amplias plazas, en fin, pareciera que la ciudad quisiera reemplazar sus recuerdos, con toda la belleza plasmada en la impecable  e histórica arquitectura de esta famosa ciudad.

Pasó más de una hora, cuando finalmente el taxi lo dejó en frente de una edificación, el taxista el mostró el portón que correspondía con la dirección que aparecía en la factura, pagó un monto bastante alto, pero descendió con alegría del taxi.

Los latidos de su corazón se aceleraron, y parecía entrecortarse su respiración, se acercó al portón, no había timbre, así que tocó, con algo de timidez, nadie respondió, tocó de nuevo, pero no fué atendido su llamado.

Sintió que la frustración, le hacía un nudo en el estómago, miró en todas direcciones, como buscándola, esperando que apareciese de repente en una de las esquinas de aquella calle desconocida.

Decidió entonces,sentarse en unas escalas que quedaban justo en frente, y esperar, respiró profundamente, tratando de exhalar su cóctel de desespero y ansiedad.

Pasaron los minutos, era casi medio dia, cuando se percató de que su espera se haría inútil, pensó incluso que el taxista le había engañado, dejándolo en aquel callejón solitario, todas las calles de aquel sector eran idénticas, solo los números  en las puertas, hacían la diferencia.

Nadie cruzó ese callejón en el tiempo que esperó sentado en la escalera,tomó entonces la decisión de levantarse y buscar un taxi que lo llevara de regreso al hotel, sin embargo, sintió hambre y sed, y buscó un lugar cercano para calmar su natural antojo.

Caminó un par de calles y encontró un bar, entró en él, y aunque había un grupo reducido de personas, éstas le miraron con curiosidad, el se acercó con timidez a la barra, y pidió una cerveza, buscó un lugar apartado de la barra y se sentó con la amarga en al mano, la verdad, fué un sabor dulce, el que mojó su sed, luego fijó su mirada en un grupo de muchachos que estaban bebiendo al otro extremo del bar.

Los miró fijamente durante varios minutos y ellos a él también con curiosidad, parecían hablar de el, el no prestó mucha atención y bebió tranquilo la cerveza, mientras miraba a la calle con tristeza, esperando verla pasar; jamás pasó.

Pagó su cerveza, y buscó de nuevo la calle, entonces caminó de nuevo hasta el portón y tocó insistentemente, pero nadie respondió, y justo cuando se dispuso a abandonarlo todo, lleno de tristeza desazón y frustración, una voz gritó detrás de el diciendo-¡no regresan hasta muy entrada la noche!-, el giró sobre si, y vió a una anciana, escoba en mano, barriendo el pórtico,-¿busca la pareja que vive allí?-, preguntó la anciana, ¿pareja?, ¿se casó de nuevo?, se preguntó instintivamente, y guardó un silencio del que la insistencia de la anciana lo sacó, -¿a quien busca usted señor?-

-Buena tarde señora, disculpe usted, si no le contesto de inmediato, estaba pensando, ¿me dice usted que aquí vive una pareja?-, preguntó con doble intención, la viejita lo miró con perspicacia y algo de desconfianza, pensando que había cometido una imprudencia al mencionar a los habitantes de la estancia.

-Si así es- afirmó con la cabeza, -un caballero inglés y una muchacha extrajera creo-, -pero ambos trabajan y llegan hasta muy tarde en la noche-.

-¿Tarde?, ¿que tanto? y disculpe la pregunta-, la anciana, recostó ambas manos sobre la escoba y como repasando en su mente la respuesta y le dijo,:- a eso de las once, casi media noche creo, hacen mucho ruido, ella se ríe demasiado, hacen mucho escándalo cuando beben y llegan borrachos en la madrugada-, refunfuñó la anciana y casi sin preguntarle ella agregó, -creo que se reúnen con sus amigos en un bar que queda a unas calles de aquí, a veces vienen y hacen su escándalo en esa estancia, no me caen muy bien, que tenga una buena tarde señor-, continuó barriendo y luego cerró bruscamente la puerta tras de si, el quedó de pié allí, con algo de esperanza y confundido con la nueva información.

Decidió entonces buscar un restaurante que calmara su ansiedad, más que su hambre, se aventuró de nuevo por el vecindario, pero no vió ninguno, así que regresó al bar y preguntó, el barman le indicó que a varias calles de allí vendían comida rápida, así que, el se encaminó hacia allí, finalmente, sació su hambre, con algo de pescado y papas fritas, y una cerveza negra del lugar, mientras comía, a su mente llegaron en estampida las preguntas que tanto temía responderse.

-Sin duda se casó, vive con su esposo allí-, no quiso pensar más en esto y prefirió esperar hasta la noche, para comprobarlo con sus propios ojos.

Siendo las once de la noche, estaba allí en el callejón en frente del portón, en las mismas escalas en las que esperó infructuosamente aquella tarde, pasó media hora, y nadie llegaba, así que se impacientó de tal forma, que decidió ir hasta el bar en donde la anciana dijo que solían reunirse.

Cuando llegó el lugar estaba lleno, era un viernes, le costó trabajo llegar hasta la barra y solicitar una cerveza, las mesas estaban llenas de lugareños que charlaban, reían, cantaban, en fin, todo el jolgorio de un bar en fin de semana, en medio del tumulto atisbó a las mesas del lugar, y de repente, ¡eureka!, allí estaba, en una mesa distante, era ella, ya no tenía el cabello negro, como cuando la conoció, llevaba unos anteojos, estaba pulcramente vestida, tenía una cerveza en la mano, y guardaba silencio mientras el grupo con el que compartía, parecía bullir de ánimo exaltado por la cebada.

El se quedó impávido, la miró desde la distancia, esperando que por un azar loco del destino ella conectara su mirada, desde aquella distancia, pero estaba bastante entretenida con la charla y alegría de las personas que estaban sentados con ella.

Así permaneció el, en aquel sitio, fué entonces cuando uno de los chicos que estaba sentado junto ella, le besó furtivamente los labios, -ese debe ser el esposo-se dijo el, para si mismo, ella le correspondió el beso y cruzaron miradas y una charla al margen de lo que ocurría a su alrededor, el, entre tanto los veía a la distancia, su corazón sintió muchas cosas, una mezcla de celos y envidia, ella era feliz, allí, con otro, eso, le molestó en principio, pero, su conciencia, le trajo de nuevo a la realidad, como auto recriminación, -merece ser feliz, y creo lo es-, bebió su cerveza de prisa, y entonces recordó que debía ejecutar el plan que ideó desde que se le metió en la cabeza la idea de ir al encuentro de ella.

Sacó entonces de uno de los bolsillos de su chaqueta un sobre, y del bolsillo del pantalón un antiguo amuleto que ella le dejara como recuerdo, antes de marchar a aquel país lejano. Lo metió con cuidado en el sobre y luego buscó un mesero del lugar para hacérselo llegar en el momento oportuno.

El se acercó un poco más a la mesa, y se quedó mirando fijamente al grupo, ellos seguían en lo suyo, riendo, cantando, bebiendo, ella y su acompañante, se besaban repetidamente, intermitentemente, cruzaban palabras entre si, mientras se miraban.

El desde la distancia, veía aquella escena, y vinieron a su mente las memorias de cuando bebieron juntos una noche de viernes, en aquel que fuera su hogar natal, recordó sus manos sobre las de ella, el aroma de su perfume, el color de sus ojos, el timbre de su voz, el calor de sus manos; regresó del trance de los recuerdos y al ver que era otra persona quien desfrutaba ahora de aquello que tanto el amó, sintió que de nuevo se rasgaba su corazón y su alma, y decidió marcharse,Entonces se acercó a uno de los meseros, y le pidió el favor de que le entregara el sobre y su contenido a la chica que estaba en la mesa, y le señaló el rumbo, el mesero tomó el sobre lo puso en su bandeja y llegó hasta la mesa donde estaba ella, el mesero cruzó un par de palabras, y ella, dejando un beso en los labios de su compañero de mesa, recibió el sobre, lo abrió y reconoció el amuleto, preguntó al mesero entonces, -¿Quien ha enviado esto?, el mesero señaló al hombre en la distancia, y el que ya casi se marchaba, cruzó una mirada con ella, ella, le miró y pareció no reconocerle, estaba, confundida y extrañada, no daba crédito a lo que veían ahora sus ojos, aquel hombre de la distancia, parecía a aquel que dejara en aquella tierra añorada unos años atrás, se sintió incómoda, pues, pensó que con toda seguridad, el acababa de ver el beso que estampara en la boca de su enamorado.

El, se puso de pié y buscó la salida, sin mirar atrás, ella, trató de seguirle, pero debió primero dar una convincente explicación del motivo de su repentina salida, el logró llegar a la calle, y esperaba la llegada de un taxi que lo llevara al hotel, sin embargo no apareció ninguno, por lo que optó por caminar, caminó por varios minutos, y una voz conocida, le gritaba desde lejos, el giró y la vió seguirle, casi corriendo, -espera-, le dijo, el se detuvo, y ella logró alcanzarle, lo miró,y dijo jadeando por el esfuerzo de la carrera -eres tu-, -¿cuando llegaste?-, el no supo responderle, ella, se abalanzó sobre sus dudas y le dió un abrazo, el, no supo como reaccionar, pero al tenerla en su brazos, un suspiro brotó silente de sus labios.

Caminaron, por algún rato,el no habló mucho, pero la observó todo el tiempo, ella, no cesaba de preguntarle, -¿hasta cuando te quedas?-, el la miró a los ojos y le dijo, -me marcho mañana-, -¿tan pronto?-preguntó de nuevo, y con tristeza marcada, el dijo, -si, ya hice lo que vine a hacer-, ella entendió que se estaba despidiendo de ella para siempre, no preguntó nada más, solo murmuro un lamento conocido, -¡Ou!-,-¿por que tan rápido?, insistió ella, -ya no importa-, dijo el, ella guardó silencio y dijo mostrando el amuleto, -¿y que hago con el entonces, es tuyo?, el le dijo, -no, es tuyo, siempre lo fué, como el amor que sentí por ti, ahora te lo devuelvo, espero que seas muy feliz, yo parto ahora en paz y en busca de mi propia felicidad-, ella no supo que responder, lo miró con tristeza en los ojos, parecieron aguarse sus ojos pero contuvo el llanto y dijo quedamente, -entiendo-, que te acabe de ir muy bien, volteó y se alejó cabizbaja de el, más adelante se encontró con el chico del bar, y el parado allí, vió como el la envolvió en un abrazo, mientras sus siluetas se perdían a la distancia, el, sintió que su alma se vaciaba de nuevo, y le murmuró al frío de la noche,:-Adiós, que seas muy feliz, te amé, te amo ahora, así no estés más conmigo, te amaré por siempre.

Se alejó de allí y al siguiente día abordó el avión que lo regresaría de nuevo a su país, y a la soledad de los años que fueron desde que ella le dejó.









sábado, 7 de diciembre de 2013

"Me despierto, como tantas veces, lleno de la misma incertidumbre, que sazona mi vida, esa que se pasea lentamente ante mis ojos, con una sonrisa disfrazada de optimismo...

Suelo asomarme a la ventana, con la idea absurda de ver en el horizonte, algún evento extraordinario que rescate mi existencia de la mortal monotonía de mis días, uno cada vez más gris que el anterior...

Repaso con mis ojos los rincones de mi habitación y con mi memoria los recuerdos de un pasado distante, feliz, donde cabíamos perfectamente tu y yo, sin la complicada pesadez de la existencia y los conflictos modernos que deterioran la conexión íntima de los seres...

Miro las sábanas de mi cama, y recuerdo aquellas que arroparon nuestra mutua desnudez aquel domingo en la tarde, miro la cama, y te busco en mi memoria, evoco entonces, la cama en la que recostada pude recorrerte con mi boca, calcando a besos tu figura...

Ahora mi mente, empieza el viaje, sumergida en el silencio, en los ecos de voces lejanas, de ruidos de autos, del viento que choca contra la ventana, de cantos furtivos de pájaros, de risas de niños en la calle...

Me parece escuchar a mi corazón palpitar en mi pecho, el susurro quedo de mi respiración cuando exhala el aire por mi boca, una sutil tibieza que embarga la frialdad de mi ser...

Cierro mi ojos, brevemente a la luz del día que se asoma en el horizonte, inhalo el aire enrarecido de nostalgia y melancolía, contengo una lágrima en mis ojos, y dejo que la congoja se repuje en mi pecho...

Me abandono ahora a los quehaceres del día, preparar una taza de café, ver las noticias, escuchar una canción en la radio, levantar una plegaria mental, deseando una felicidad para ti, y la paz de mi alma, esa que subasto cada día, a todas las deidades del azar...

Salgo a la calle, a batirme en duelo con la realidad, con el trafico, el bullicio estridente, la indiferencia fría y calculada de la humanidad que me circunda, con el odio colectivo que a veces me traspasa, con el hambre y la sed de los desposeídos, con el ego regordete de los "snobs" y la falsa moralidad de los "puritanos"...

Sobrevivo a la jornada, con algo de fé en mis bolsillos, con la leve esperanza de que algo extraordinario sacuda mis entrañas, a la espera siempre de un suceso inesperado que dilate mis pupilas y se clave en mi memoria como recuerdo, uno que ocupe el lugar en el que te has entronizado...

La tarde cae, con el peso del cansancio, el que se suele acumular en mi cuello, y que me hace cerrar los ojos con un sueño prematuro, que no logra sobrevivir a mis largas noches de insomnio...

Una cerveza, suele ser la recompensa al esfuerzo del día, una cerveza, materializa en mis labios, el sabor de tu boca lejana, la humedad de tus labios perdidos, una cerveza es el "souvenir" perverso, que te trae de nuevo, con la desgastada promesa de volver a verte algún día...

No hay consuelo, para los tontos, no para los que amamos así, no para los que entregamos todo, no para los que damos de más, no para los que renuncian a sí mismos, con la inútil fe de ser correspondidos de la misma estúpida forma...

Regreso a la intimidad de mi habitación, trato de ir a la cama desnudo, de pena, desvestido de recuerdos dolorosos, sin el ropaje de rencores absurdos, me voy a la cama, cansado, agotado de recuerdos, con una carga insostenible de memorias, es imposible huir de una ciudad que grita tu nombre en cada esquina...

Me abandono al sueño, a ése breve instante de inconsciencia, que se parece a un orgasmo, después de que la noche me amenaza extinguirse con la luz del alba, el insomnio me revuelca en la extensión de mi cama, y en los sueños, te encuentro sentada, no me miras, no me hablas, te levantas, y te vas, no me dices adiós, no me dices nada...

Despierto de nuevo, ha amanecido ya, y descubro que como en el sueño, así en mi realidad pasa, aún ya despierto me entero, que no me hablas, que cada ves te alejas más, que no me dirás nunca nada...

A veces pienso que ya he muerto, y que es en el silencio que me dejaste y en el que habito, donde la vida se me escapa..."





lunes, 2 de diciembre de 2013

"Hay una niña que desconozco, una mujer encapsulada en su alma, una que se agita y revuelve como demonio que quiere salir sin ser exorcizada...

Blasfema notas musicales, con la guitarra a la que abraza en un amor casi lésbico, y descarga la ira de la "mocedad" de sus años en retumbantes "rolos" de tambor...

Ella es anatema de las modas, de los modos, de los modales, dice lo que piensa, te lo grita, te lo lanza a la cara, te lo escupe con una sonrisa, te insulta inteligentemente, o como le salga, es un alma libre, no hay reja humana o divina que pueda atraparla...

Tan libre como una ráfaga de viento, tan fría como un témpano de hielo, mordaz y franca, no hay grosería en su repulsa natural de las cosas, simplemente es un ser que no encaja, y que no lo pretende, no lo ansía, no le importa, su alma esto no le reclama...

Lo de ella es perderse en melodías profanas, en la maldición de una letra proscrita, que vomite rock por sus entrañas, ella araña las cuerdas como un acto sado-masoquista y hace que su cuerpo se contorsione poseído de locura y frenesí descontrolado...

Yo no se si la han besado, no se si sobrevivió el que lo haya intentado, pero si llega a hacer el amor algún día, habrá un concierto de rock debajo de sus vírgenes sábanas, y no se perderá su virtud, si no que se elevará su alma, en un grito de pasión, en el "yeah" del rock, al que le vendió su alma...

Golpea con su mirada, aturde a veces con su silencio, y en esa rabia maldiciente que suele escaparse por su boca, en "hijueputas", y "maricadas", y todo ese cúmulo de "malparideces", que parecen vaciar de ira contenida y rabia repujada su ser, habita silente, una mujer, una diferente, una distinta, una que se sale del molde...

No será jamás tu esclava, ni tu ama de casa, no la convencerás de que se acueste contigo, por tu dinero, tu fama, tus riquezas, tu cara de idiota, no se casará contigo, ni hipotecará sus sueños, no venderá tan barato su alma...

Yo ya no sé como tratarla, me parece un cóctel peligroso, una pócima extraña, una mezcla de miel y veneno, que te endulza y luego te mata, un acertijo, el rompecabezas de toda mujer contenido en su ser...

Yo no pretendo entenderla, si acaso, escasamente puedo intentar descifrarla, es un espíritu libre, no es de aquí o allá, no pertenece a ningún lugar, supongo que es de ella misma, no sé si lo sepa, o lo entienda siquiera, pues a sus años breves y saturados de juventud, vive la vida como le viene...y generalmente le viene en gana la vida..."

-Para Juliana Gómez Layton, fiel lectora, "alcahueta" de mis letras-





"Yo solo quería...

Ver el amanecer abrazado junto a tí, mirar la luz del sol contenida en la pupila de tus ojos miel, ver el reflejo diminuto de mi rostro en el mar infinito de tu mirada, y decirte mentalmente "te amo"...

Entrelazar mis dedos con los tuyos, así como nuestras almas en un beso furtivo, recostar mi cabeza en tu regazo, dibujar "muñequitos" en tus piernas, jugar con las vellosidades de tus brazos...

Caminar tomado de tu mano, sentir la suavidad de tus caricias, el sonido de tu voz, como melodía celestial en mis oídos...

Ver el mundo desde otra perspectiva, la que en el amor nos unía, y matizaba para nosotros de alegría, de ésa que escasea hoy en la vida, y que se disfraza de momentos y de cosas que te satisfacen brevemente el vacío existencial que cargas...

Reír, llorar, cantar, bailar, atarme a tu cintura, vivir en la locura de hacerte mía, sin follarte, de atraparte con un ¿me quieres? y liberarte con un ¡para siempre!...

Amanecer contigo, desnudo de deseo, vestido de amor puro, a tu lado, sereno, callado, pensando en tí, en nosotros, en el plan maestro que nos conduciría a trascender lo efímero, y que convirtiera un "nosotros" en algo eterno, memorable, imborrable, inolvidable...

Un instante de muchos años, y unos años de bellos instantes, momentos de charla, de ajedrez, de filosofía, de religión, de libros y poemas, de cartas y cuentos, de cine "barato", de romance, de paseos por un parque, de cervezas en un bar, o en el andén de una calle...

Una palabra de aliento que brotara de tu boca, una que me diera fe, esperanza, que me hiciera creer que todo era posible, contigo, a tu lado, de mi lado, a mi favor, en contra de todos, en contra de todo, del que dirán, de la opinión de la familia, de la envidia de todos los demás...

Tu presencia, ni siquiera física, saber que existías ya era bendición en mi vida vacía, estar para mi, en mi tristeza, en mi melancolía, en mi llanto, en mi pena, así como en la alegría efímera, en las tonterías de las que ambos éramos cómplices y nos causaban risa...

Compartir mi mundo contigo, mis sueños, mis esperanzas, mis frustraciones, mis miedos, mis ganas de hacerle frente al destino, a la vida, de arañar el futuro a la sociedad que nos hipnotiza de consumismo, de tecnología, de religión, política y economía...

Encontrarme brevemente contigo en un beso profundo, en un abrazo silente, en la desnudez de tu piel sobre la mía, en un millón de caricias, que hicieran exudar los poros de tu piel, entrar en tu cuerpo con cariño y afecto, con respeto y delirio, que mi esperma fecundara tu corazón, más que tu vientre perfecto, llenar tus entrañas de amor pretendía, más que de sexo, hacerte llorar de alegría, más que de placer por nuestro encuentro...

Una vida juntos, un presente, un futuro incierto, un destino ininteligible, un acertijo mutuo, un reto para nuestras almas y nuestro intelecto, un sueño compartido, unas metas comunes, un camino recorrido hacia un lugar previamente concertado, pero al fin y al cabo desconocido...

Tantas cosas, tantos sueños, tantas ganas, un todo...

Yo lo quería, por que creía que a tu lado valdría la alegría y no la pena, por que a tu lado, la vida me sonreía por donde iba...

Que fueras el regalo cósmico, el premio, el dharma, la "jubilación"...

Pero hay algo doloroso, que hoy debo aceptar...que

Yo!...solo!... quería!

(tu no!)"


-Con todo cariño, para Mónica, en Argentina-





jueves, 28 de noviembre de 2013

"Quiero zambullirme en una profunda mirada, una que taladre mi mente, y esculpa en mi memoria su imagen, que sustituya recuerdos, que reemplace paisajes, que no produzca dolor, cuando las repase en mis sueños de cada noche...

Quiero el calor de un cuerpo al que pueda abrazarme, el olor de una piel que intoxique mi olfato, un hedor angelical que sature de feromonas mi nariz, la suavidad de una piel, en la que mis dedos se deslicen, como hoja de acero sobre hielo seco...

Quiero unos besos en la  breve extensión de mi rostro, que recorran mi cuerpo, sin el miedo del pudor, sin la contención de la castidad social y religiosamente impuesta, unos que trasciendan las fronteras de lo que se considera prohibido, unos que mojen mi líbido y empapen de morbo mis lujuriosos sentidos...

Quiero unas caricias, que levanten las vellosidades de mis brazos, que ericen mi piel de deseo y pasión, que hagan que la electricidad alojada en mi ser, convulsione de lujuria mi cuerpo entero, y que arranquen de mi cohibido sentimiento, gemidos quedos de placer sublime...

Quiero revolcar tu cama, que el piso se estremezca bajo nuestros cuerpos, quiero estrellarme contigo contra la pared del cuarto, empañar los vidrios de tu ventana, arrugar las sábanas, empapar de sudor tu pecho, tu vientre, tu espalda, empujar mi sexo, dentro de tu cuerpo, y traspasar tu alma, que mi esperma recorra tu vientre, y dibuje orgasmos en tu cara, hacer que tu corazón palpite fuerte en medio de tus pechos, y que de placer, broten de tus ojos lágrimas, que tus gritos y gemidos, rompan el silencio de la noche, y el sueño de los que se van temprano a la cama...

Quiero amanecer contigo, abrazado, "entrepiernado", tan enjuto y pegado, como un siamés, fundido en sudor y cansancio, quiero posar un par de besos en tu desnuda nuca, morder el lóbulo dulce de tus orejas, susurrarte un "te quiero, linda", muy quedo, que te de frío de nuevo, y reclames por un abrazo y un beso...

Quiero mirar, cuando duermes, y acariciar tu rostro, dibujar tus cejas con mis dedos, besar la punta de tu nariz perfecta, respirar el aire que exhala tu aliento, quiero mirar en silencio la desnudez de tu cuerpo, repasar las curvas, los accidentes anatómicos, quiero desearte de nuevo, llenarme de ganas los sentidos, "erectar" de nuevo mis sentimientos...

Quiero una noche de pasión, un día, una mañana, una tarde, veinte minutos, un par de horas, en la sala de tu casa, en la piscina, en el patio donde tiendes la ropa, en el comedor, en el ático, en el auto, en el ascensor que nos lleva a la oficina, después del almuerzo, en la ducha, en la banca de un parque solitario, a la luz de una luna llena que nos espíe...

Por que para amar no tenemos que escondernos, se hace la guerra abiertamente, en las calles de casi todo el mundo, más el amor, nos lo hace, en cualquier parte, y en cualquier parte, es hermoso hacer el amor, si es amor, lo que se hace...

Si es amor, lo que se siente, cuando me eclipso con tu cuerpo, cuando me fusiono con tu alma, en el amor y en el sexo..."





sábado, 23 de noviembre de 2013

"Despierto, del sueño profundo de haber amado, de haberme entregado, de haberlo dado todo de mí...

Confieso que esta realidad, de saber que todo fué un sueño, es lo más doloroso que quizás haya traspasado mi alma y mi ser en toda su vida...

Me siento aletargado por el tiempo, la ausencia, la indiferencia de la vida misma, pasan los días, pasa mi vida, frente a mis ojos, y es una película muda y en blanco y negro...

Recojo mis trozos, de las cosas que pienso, de las cosas en que creo, de lo que siento y guardo en mi corazón, de lo que me revuelve la mente y se revuelca en mi ser...

Será una suerte, que logre armar algo que sea de nuevo reconocible, que algún día se vuelva deseable, o por lo menos "querible", "besable", amable...

Darle un sentido, una dirección y un nuevo significado a una existencia que ha sido vaciada, removida, conmovida, buscar un norte, en el inmenso y agitado mar de confusión, en que mi alma navega, olas de incertidumbre, que amenazan, hacer zozobrar  el barco de sueños, que una vez parecieron posibles...

Levantarme del suelo, como quien emerge de una tumba, como aquel que resucita de su propia muerte, volver a arañar los sueños, al insomnio de las noches, en las que solía encontrarme contigo, clandestino, concubino de interminables charlas...

Que la música que dibujaba tu ser en mi mente, ya no me taladre más los oídos, ni se rasgue mi corazón cuando te traiga a mi memoria, que no te busque más en los rostros de otras mujeres, de tu misma estatura, del color de tus ojos, del largo de tu cabello, del aroma del perfume con que unges el cuerpo que alguna vez tuve acunado en mis brazos, hasta que el sol, se metía en nuestros ojos, como mis ganas en tu vientre...

Doy pasos de tortuga, sin tiempo, sin espacio en el que moverme, todo pasa lento, mi pena, mi llanto, tu olvido, todo está congelado, detenido, suspendido en el infinito vacío que dejaste en mi...

Solo yo que amé de esta forma se lo que duele, entregar un amor tan grande y un sentimiento tan fuerte, a quien no lo quiere más, haber creído en un sueño, haber tenido esperanza, haber depositado una fe y una confianza, solo yo sé lo que mi ser palpitó por ése ingrato ser...

No se perderá mi alma nunca más, no pasará de nuevo, no del mismo modo, no hay forma alguna de pasar de nuevo por el mismo dolor y pena, no habrá quien merezca más mi llanto, ni mis ganas de vivir, ni mi deseo vano de morir, me he dado cuenta, tarde, que nadie merece el amor que guarda mi corazón, les queda grande, se les hace un problema, que tanto sentimiento y poder penetre sus almas, y por eso, lo abandonan, lo ignoran, lo olvidan...

Recojo mis pasos, lo que me queda es seguir andando, mirando con indiferencia, dejando fluir al destino, al mismo que se burló de mi, contigo, al que me hizo creer y tener fe, al mismo que me esperanzó con la falsa promesa de un futuro a tu lado...

Que venga la vida, lo que queda de ella, que venga la muerte, cuando quiera, cuando se le de la gana, que me lleve, o me deje un tiempo más, a ver si el amor de una vez por todas se atreve a darme la felicidad que tanto le pido..."







jueves, 21 de noviembre de 2013

"Mas distinto, es el aire que respiro, si no es el mismo que exhala tu aliento...

Sin tus pasos, ya no tienen nombre, estas calles desiertas, y la lluvia, aunque caiga inclemente, no refresca la tierra, con el rocío de la mañana...

Y aunque el sol del medio día queme, ya su brillo declinante, no ilumina, los pasos aciagos de la sombra que proyecto, cuando camino errante...

Hay un silencio, por demás macabro, flotando en el aire, es la ausencia absoluta de tu presencia...

Hace frío como nunca, y mis pasos silenciosos, parecen arrastrarse en medio de la tarde, tratando de encontrar el brillo de tu mirada, en los ojos de alguien más...

Escarbo tu figura, en los tumultos de gente, que espera en los paraderos de buses...

Te busco en las ventanas de altos edificios, dónde se asoman las luces de la noche...

La radio me castiga, con la música que me trae a la memoria tu recuerdo, solo puedo tenerte en mis pensamientos, solo allí soy tu dueño, solo allí me apropio de tus besos...

Extrañarte es mi constante, el amarte mi principio, el perderte ha sido mi final, mi vida ya no tiene más sentido, que el sentido que le dió tu amor, tiempo atrás...


-De Ángel Gabriel, para Lucciana Fortuna Días-