"Estaban tan lejos el uno del otro, tanto como una galaxia distante del centro del cosmos, él sin embargo rompió el hielo del silencio, lanzando preguntas a quemarropa, Ella abrió su mente, y su corazón, el abrió la boca y desparramó su alma, sus secretos, el dolor y la pena de su alma, de su boca, brotaron las palabras que se volcaron sobre el teclado, transmitiendo su enojo, tristeza y frustración.
Del otro lado, ella leyó atenta, con curiosidad, pero con el alma predispuesta, con la empatía de su ser, leyó cada expresión, y sintió como aquella alma distante, se quitaba la ropa de la timidez, dos desconocidos, auto revelándose, confesando emociones, compartiendo experiencias.
El quiso interrogarla sobre asuntos que merodeaban en su cabeza, intrigas que le restaban horas de sueño en sus noches de bohemia melancolía, el quiso entender la naturaleza de lo que sacudía sus entrañas, y empapaba sus mejillas con lagrimas, agua salada, que ocultaba, que guardaba para si, como un pecado no confesado.
Ella, llenó de palabras sabias, su pantalla, le mostró las perspectivas de su mente, de su alma, de su corazón y de su espíritu, en el lado más imparcial de la naturaleza femenina, siempre hubo consuelo para el dolor padecido, consejo sabio, para las palabras que llevaban fardos de enojo, siempre guiando hacia la luz, aún cuando el sentía que lo que llevaba dentro, lo conducía a la profunda oscuridad del resentimiento.
El no derramó lágrimas en sus ojos, cuando menos, ella no podía verlo, pero sintió su tristeza, su angustia, la soledad traspasante de su corazón contrito, sintió compasión, y decidió sacudir su alma, con sabias reflexiones, le ayudó a drenar el mar salado de amargura que desbordaba su ser.
El se sintió en grata compañía, sintió que había soltado por un momento una pesada carga, la culpa se había ido por un instante, su semblante dibujó una caricatura de esperanza en su rostro, el testimonio de aquella dama, le sugirió un destino más optimista, una luz tenue, que brilla siempre al final de todo oscuro túnel.
Ahora, ya no eran un par de extraños, ahora se descubrían mutuamente, ella en lo que leía de él cuando escribía, y él, en lo que leía de ella, cuando le preguntaba, por las cosas que los hombres, ignoran de la naturaleza femenina.
Jamás hubo una charla tan sincera y clarificadora, ahora ya no había, cuando menos, sombras de dudas, que asaltaran por el momento, la escasa tranquilidad, que le era esquiva, desde hace tantos meses.
Quizás el vuelva a escribirle, a indagar a través de ella, el misterio de la conducta femenina, de las difíciles decisiones que suelen tomar las damas, y que resultan incomprensibles para la finitamente masculina.
El buscará a través de ella, las respuestas que el destino, no ha querido responderle, que ha preferido tatuarle de dolor y sufrimiento en el alma, ella es ahora un oráculo abierto, a la curiosidad de su ser.
El estará para ella, y ella quizás para el, siempre que el tiempo se lo permita."
"A veces, todo lo que necesitamos, es un alma, como la nuestra, sensible a nuestras penas, y nuestros esfuerzos, que entienda nuestras luchas y se conmueva con nuestras derrotas, que nos acompañe, aunque sea por un instante, y a pesar de las barreras y distancias, nos de una voz de aliento, una luz de esperanza, que ilumine un poco, las sombras que solemos dibujar en el sombrío paisaje de nuestra propia existencia."
Gracias, Magdalena!






