lunes, 9 de junio de 2014

"Hablaré de tí, de lo que se adivina al verte, de ése silencio que no revela nada de tu ser, hablaré de tu mirada, la que refunde el significado de tu alma, hablaré de tu pelo, tan rebelde como tu propia esencia, hablaré de tus manos, que no estrenan caricias todavía.

Hablaré de la lluvia con la que juega a ser rocío en tu cara, hablaré del viento que no te pega sino que besa tu espalda, hablaré de la mañana que se queda atrapada en el brillo de tus ojos, y hablaré de la sonrisa que se hace mueca sería en lugar de carcajada.

Hablaré de tu simpleza y simpatía, de esa timidez que mimetiza un injustificado miedo, hablaré de la inocencia de tus años, de los llantos mudos, de las noches en vela, de la rabia que hace repuja en tu pecho, hablaré de la modestia y humildad de tu presencia.

Hablaré de la irreverencia con la que te mofas del mundo y sus trivialidades, de como le sacas a golpes música a los tambores, de como los redobles te aceleran la adrenalina de la vida, y le inyectan furia a la monotonía siniestra que amenaza tu vida.

Hablaré de lo que fui testigo, de unos ojos que todo lo esculcan, de una mirada que retrata y hace radiografía, de una que lo dice todo sin el uso o abuso del habla.

Hablaré de la honestidad que se asoma en tu rostro, del agrado o desagrado de un millón de vainas de las que participas, hablaré de ti como si te conociera, como si fueras de hace muchos años, de hace muchas vidas.

No te pareces a nadie, con nadie te comparo, más debo decirle al mundo que tu verdad se escapa por cada centímetro de tu joven piel, que los hipócritas no te llegan a los talones, que son solo estúpidos en sus ideas y manera de proceder, que no conocen del silencio inteligente, que les es extraño una persona 
diferente.

Hay tanta mugre suelta en el mundo, tanta inmundicia que se atreve incluso a señalarte, unas serpientes con rostros de ángel, demonios que enmascaran su vileza, en la "belleza" de su piel, más por debajo no pueden escapar a su vil naturaleza, rastrera y fastidiosa, lengua de reptil, más lisonjera que cualquiera, no hay filosofía en su nombre, ni miel en sus iniciales, pero es tan odiosa como pudiese imaginarse.

Escapas a toda esta podredumbre, sales invicta, sales inmaculada, como te sumerges en estas aguas infestadas de alimañas, bichos rastreros como sus engaños.

Que hermoso es saber que habitas un mundo ajeno a estas pendejadas, que tus sueños son tus cohetes y tus alas, que vuelas lejos en el alado de unas pocas letras o palabras, que tus libros son tus mejores amigos, y que no te aferras a nadie, ni a nada.

Desbarata esta pantomima llamada vida, quítale la ropa a la realidad que todos compartimos, escúpele al viento tu verdad, vive como te plazca y a nadie complazcas, y si alguien te insulta o te rebaja, no dejes que tan pocas cosas te minimicen, no valen nada!

Te agradezco estar allí tendiéndome la mano, levantando mi ánimo, cuando yo mismo lo arrojo como basura al piso, te agradezco la confianza, la fe y fidelidad a mis escritos, a la grosería que se filtra entre los párrafos, no son escritos para idiotas, para los alienados del mundo y sus banales excentricidades, mis palabras calan en los sensibles, los tontos, los inocentes, a los inteligentes no les sirven, su ego es tan grande, que no hay talla de calzón que les sirva para contenerlo, mucha testosterona en unos casos, en otros exceso de progesterona, les hincha el calzón y el sostén, pero les mengua la materia gris del cerebro y las neuronas.

A los pseudo-académicos, a los que se parapetan en la filosofía que ni siquiera entienden, para esos, un pañal usado o una hoja de papel higiénico, les cuadra perfectamente, con lo que rellena sanitariamente su ser, con lo que les viene como cólico del corazón y les brota como vómito de la boca.

Gracias por seguir mis pasos, mis gateos en el mundo de las letras, ojalá me veas caminar un día, ojalá podamos caminar juntos las mismas vías..."

viernes, 25 de abril de 2014

"Mataron un amor, lo acribillaron con mentiras, se desangró de indiferencia, el olvido lo asfixió, hasta que dejó de respirar.

Quedó tendido en medio de la calle, en medio de la noche, nadie pudo ver el asesino, huyó silente, sigiloso, sin ser detectado, sin dejar rastro.

Ése amor cayó de repente, se desplomó y no volvió a levantarse, dicen que agonizó lenta y cruelmente.

Hoy es el sepelio, las honras fúnebres de ese sentimiento, que estuvo en cámara ardiente durante algunos meses, siendo llorado y lamentado, extrañado por su único y solitario doliente.

Nadie vino a reclamar su cuerpo, nadie se apareció a reconocerlo, es ahora un N.N., que será sepultado en la común fosa de los tristes recuerdos, en el cementerio de pasadas memorias.

Le espera una tumba de olvido, una fría lápida de silencio, no hay tierra que lo reciba, será un corazón de piedra, quién haga las veces de lúgubre cripta.

Quisieron cremarlo y reducirlo a cenizas, para arrojarlas al viento, o a un río de lágrimas que todavía caen de vez en cuando, pero prefirieron echarle tierra al asunto, tal ves su deudo cree que puede ser llamado algún día a resurrección en el bíblico día del levantamiento de los muertos.

Ése amor reposa ahora en una fría y solitaria tumba, una que nadie visita, una que se adorna con flores de ausencia.

No hubo oración, ni sermón de despedida a su querida memoria, no hay descanso eterno, ni brilla para el la luz perpetua, no hay quien lo saque de pena, ni lo lleve a descansar."





"Coqueto dicen que soy, por que me seducen las bellas mentes, las inteligentes, las abiertas de par en par, las que no tienen espacio para los prejuicios, los tabúes, los sociales preceptos, las que no se doblegan ante los dogmas, las que no se fanatizan en banalidades, las que no subastan su conciencia, las que no se ponen grilletes de credos ni escrituran su libertad en contratos matrimoniales.

Me seducen las bellas ideas, las bellas palabras, los bellos sentimientos, las hermosas acciones, tanto como los bellos rostros, la buena actitud, como la lozanía, turgencia y voluptuosidad de un sensual cuerpo.

Me seducen los bonitos ojos, si de ellos emana una sincera mirada, me seduce una boca, si de ellos emerge la melodía de un poema, o sus labios jugosos me insinúan una noche de besos (perdón), versos, si se hacen prosa en mi cuello y poesía erótica en el papel en blanco de mi espalda.

Yo no tengo la culpa, de que sean tan bellas las mujeres, ni que su hermosura, esté tan repartida en tantas.
Puedo desearlas a todas y a cada una, fantasear con ellas, imaginarlas, anhelar un millón de aventuras con todas ellas, pero mi alma solo quiere a una, una sola a quien amar, a quien cuidar, a quien hacerle el amor cada mañana, o cada tarde o cada noche, o cada vez que se le pegue la regalada gana, una que trascienda de la noche a la mañana, cada día de la semana, cada día de mi vida, una con quien pueda envejecer, una que no huya, que no salga corriendo a la primera adversidad, que aún sintiendo miedo, quiera permanecer hasta el final, que me acepte como soy, y como pueda llegar a ser.

Yo admiro la belleza, yo me deleito en ella, no soy ciego, y el ciego la belleza en los sonidos la experimenta, y los sordos la música disfrutan en la vibración de la naturaleza que les rodea, yo la veo en todo, y en todas, por que de algún modo, todo es bello y las mujeres bellas son todas ellas.

La belleza es un asunto de percepción, y cada quien decide en donde y en quién verla.

En mi realidad de humano, una araña es un monstruo de ocho peludas patas, en la realidad de la araña, soy un mutilado que no tiene si no la mitad de extremidades y pretende negarle su derecho de existir aplastándola.

Hay personas atractivas en todo lado, y hay fealdad postiza hasta en un diseño de sonrisa, en una pose fingida de modelo de revista.

Hay gente bonita muy mala, y gente fea muy buena, hay feos con corazón, y bonitos sin alma.

Lo bueno y lo malo, lo bello y lo bueno, de la misma lluvia se escampan.

El sol para todos y para todas, las sombras con su luz, aclara!"



"No te lastiman mis palabras, te lastima que no digan lo que quieres de ellas escuchar.

No te lastima el destino que ellas puedan tener, te lastima que el destino no las conduzcan a tí.

No te lastima que no cante, te lastima que la melodía que entono, no te mencione en ninguna parte.

No te lastima mi silencio, te lastima imaginar que estoy enojado, que no quiero hablarte, que no tengo nada importante y valioso que decirte.

No te lastima que me aparte, que me aleje, te lastima que a otra me aproxime, que me le acerque.

No te lastima que te ignore, te lastima que mi atención, esfuerzo y tiempo, lo gaste con otra que si lo aproveche.

Tú esperabas de mi algo que no puedo darte, yo solo de mi ser, te ofrecí una parte, tu fuiste la que esa decisión de aceptarla tomaste, y con ella conformarte, luego quisiste más, y mas no podía yo darte.

Ahora que cambia la marea, yo soy el malo del paseo, el que te abandona a tu suerte, el que se hace de la vista gorda con tu dolor, un desagradecido más y un aprovechado de tu buena fe y amor.

Yo te digo: es mejor herir con la verdad, que agradar con hipocresía, tú me ofreciste una amistad, y eso creí que de tí recibiría.

Una sin contratos, ni prevendas, sin imposiciones, respetando libertades, cautelando independencias, protegiendo integridades, valorando dignidades, sin preceptos, condicionamientos, concesiones o emocionales chantajes, cada uno tan libre de ataduras y obligaciones como fuera posible darse.

Yo si quiero ser tu amigo, pero si no te sirve, lo que soy ni lo que te ofrezco, entenderé tus particulares motivos, aceptaré y trataré de asimilar la decisión que tomes basada en tus personales razones, pero ten presente estas cuestiones.

Quien sacrifica amor por amistad, o amistad por amor, no reconoce la valía de una mala transacción de emociones."



"Pobres niños ricos, a quienes la vida los ha castigado y maldecido con fama, gloria, poder, honra, fortuna y dinero, cosas que se canjean y cotizan bajo el mismo concepto y valor.

Pobres niños ricos, cuyos ilustres apellidos, y esos ancestrales lazos familiares, les anteceden y preceden a donde quiera que vayan, que les abren todas las puertas, y que les tapizan y alfombran de elogios y adulaciones los pasos que dan, los mismos niños de cabeza acomodada que andan escoltados por su ego rechoncho y abultado, tanto como las cuentas corrientes de sus papitos, por el orgullo y distinción de ser fulano de tal.

Pobres niños ricos, cuya extrema riqueza y exagerada fortuna, les crea y les alimenta esa falsa sensación de invulnerabilidad, de inmortalidad, de impunidad.

El dinero es el fin que justifica sus medios, sus actos, sus pensamientos y sentimientos, se convierte en su más valiosa herramienta y en un poderoso instrumento, en la justificada excusa para arriesgarlo todo, darlo todo, intentarlo todo, a cualquier costo, a cualquier precio.

Pobres niños ricos, que crecen con la idea de que todo está a la venta, las cosas, las personas, los sentimientos, la mente, el corazón, el cuerpo, el alma, el espíritu, la dignidad, la inteligencia, el honor, el sexo, lo que se puede ver, oler y palpar, lo que no, también creen que precio puede tener, si se ofrece lo suficiente.

Creen poder comprar todo lo tangible y todo lo que escapa a su mortal y material entendimiento, su propia megalomanía, es una especie de ariete, que derriba toda frontera, toda barrera social, política, moral, religiosa, psicológica, filosófica y por supuesto económica.

Su venerado dios dinero, es su única fé, su credo, su dogma, su paradigma, su obsesión, su estandarte, por encima de todo, de todos, de sí mismos, lo harían todo por seguir siendo ricos.

Pobres niños ricos, cuya autoestima se sustenta y se reafirma en la posesión y colección de objetos a los que se aferran como garrapatas a la carne, objetos en los que gastan una fortuna para impresionar a otros menos ricos en materia gris, y en espíritu.

costosos y caros amigos, compran aduladores del poder que les da el dinero, visten a la moda, pues la ropa les es tan importante como cualquier persona, siendo cualquier persona, menos importante que la marca de su ropa, ahorradores mezquinos son algunos, prefieren vivir de las apariencias y los apellidos, mientras sus tripas les silban de hambre y tacañearía absurda.

Gastar les calma las crisis nerviosas, se curan la depresión coleccionando cosas, personas, experiencias que puedan publicitar, que mejoren su fama, imagen y buena fortuna.

Su afán de ostentar es compulsivo, una maniática-mediática conducta, casi involuntaria, pero fría y calculadamente premeditada.

El dinero, se convierte en una prótesis a su mutilada y discapacitada naturaleza humana, algo con lo que no se puede llegar a vivir si hace mucha falta.

No conocen el hambre, ni la carencia, más que a través de las noticias de periódicos que consideran mentirosos, exageradores de la realidad y amarillistas de la tragedia ajena.

Por supuesto que saben del trabajo, quienes sudaron su frente y doblaron su espina dorsal para amasar fortuna a costa de su propio esfuerzo y salud, pero también los hay que saben del trabajo duro, por que lo ven hacer por otros para beneficio de ellos.

Pobres niños ricos, cuyas vidas privilegiadas y bendecidas por las autoridades del clero y la política, se ven amenazados, por una masa ignorante, una chusma de envidiosos, y resentidos sociales, parias que carecen de buenos modales y buenos apellidos.

Pobres niños ricos, que deben soportar la compañía de toda esa plebe, que pretende ilusamente tener la clase, y distinción que les caracteriza desde antes de nacer, ¿como diablos se les ocurre que puedan siquiera pretender ser como ellos?, ¿como pueden ser tan igualados?, ¿no pueden ubicarse bien, y ver que no son como nosotros?, ¿somos la élite del ego?.

Pobres niños ricos, aún a pesar de todo su dinero, y el poder que les inflama el ego, padecen de enfermedades terminales, como cualquier pordiosero, también les da hambre, mal aliento, y cuando mueren, si no son cremados, los gusanos los devoran como a cualquier cristiano.

Ni todo el oro del mundo les puede dar la inmortalidad, algunos mueren con estilo, estampillados contra un muro en sus ferraris, en sus porches, y lambourginis, en sus aviones privados, ahogados en sus tinas con enchape de oro.

En medio de las cirugías tan plásticas como sus propias vidas,  con las que mejoran el aspecto de su superficialidad, pero no el aspecto de su alma, añaden artificialmente belleza a su vanidad mundana, pero no se operan el corazón egoísta que se les pudre en el interior y corrompe el resto de sus entrañas, allí donde reposa su mayor fealdad.

Todo lo que quieren o se antojan lo pueden comprar, en efectivo, cheque o crédito, pero con dinero contante y sonante no compran la paz de sus conciencias, ni el sueño para su insomnio, ni la cura a su cáncer terminal, ni el milagro de caminar para su cuadraplegia, ni el amor en sus matrimonios de encanto, ni la felicidad para sus vidas llenas de cosas y vacías de humanidad, no pueden comprar la sinceridad de un amor, la lealtad de una amistad, un perfume fino apenas y disimula la hediondez de su trasero, o el mal aliento de sus refinadas y políglotas bocas.

Un generoso diezmo podrá perdonar sus múltiples pecados de la carne, pero no les aparcará un lugar en el cielo, que creen se vende como privada propiedad.
Se vestirán de seda y chiffón, de lino fino, pero será lo único fino que poseerán jamás, no ocultarán su ser mezquino ni el bajo precio en el que su negra alma cotiza en la bolsa de los verdaderos valores.

No tengo nada en contra de los que nadan en dinero, hay fortunas bien habidas, con sudor y esfuerzo, con dignidad y trabajo duro, son pocas, como las brujas, pero que las hay, las hay.

Mi problema es con los que hacen del dinero un instrumento del mal, uno que usan para humillar, para denigrar, para rebajar, para pisotear, para comprar la dignidad, para pagar el trabajo sucio del homicidio a un enemigo, para sobornar la ley, para comprar la conciencia, para imponer la voluntad a la fuerza.

El dinero, puede ser como muchas cosas que se usan, una bendición o una maldición, como instrumento y como medio, esto depende, del ángel o el demonio, que lo gasta o que lo usa."
















martes, 22 de abril de 2014

"En un día como cualquier otro, un montón de papeles sobre el escritorio, un montón de asuntos pendientes, contratos, facturas, y demás; la lucecita parpadeante del contestador, anunciando un montón de llamadas en espera.

Unos sofisticados y glamurosos anteojos oscuros, disimulan un insomnio prematuro y las ojeras de una resaca mañanera. Levanta a penas su mano cuando cruza el hall que lo conduce a los cubículos que se apiñan a la entrada, como un insorteable laberinto hasta su oficina, en la otra mano sostiene su teléfono movil y atiende una de sus muy tempranas llamadas.

Cierra tras de sí la puerta, se sienta cómodamente en su silla, mientras mira por la ventana con algo de indiferencia, los edificios de enfrente que hacen de pintura realista, mientras la luz del sol se filtra por el cristal y las persianas que cubre la panorámica de su ventana, no tarda mucho en el asunto del teléfono.

Del otro lado del cuarto, la secretaria se apresura a organizar un fajo de papeles y documentos, se mira en el espejo que gurda en el bolsillo de su cartera de mano, y mira atentamente el panel del conmutador, esperando que una luz de las muchas que titilan se encienda, indicándole, su presencia inmediata en la oficina de aquel ejecutivo con pinta de gentleman gigoló.

Con disimulo organiza su blusa, su chaqueta, mientras remanga sobre si la corta extensión de su falda, acomoda unos ligueros que ciñen de sensualidad y provocación el nacarado de sus piernas.

Dentro de la oficina, aquél que hace las veces de su patrono, la monitorea sigiloso en una pantalla que conecta una cámara de vigilancia, mientras sus ojos se clavan como puñales en la diminuta pantalla, su mente se retuerce en pensamientos cargados de testosterona, lo que hace que casi y como acción involuntaria se abulte su entrepierna.

El instinto le ha seducido con aquellas imágenes físicas y mentales, su razón se desvanece y le hace campo en el inconsciente a la líbido que parece desbordarse, oprime finalmente el interruptor, y con aquella voz que mezcla algo se apostura, seriedad y autoridad, hace llamar a su asistente personal.

Mientras la silueta de aquella joven y hermosa mujer hacen su aparición por el umbral, él mañosamente cierra las persianas que cubren la ventana, bajando adrede la intensidad de los rayos del sol que se levantaba y que lograban filtrarse llenando de luz aquella sala.

La luz queda atenuada en el interior, él se recuesta cómodamente en su silla como si fuese a presenciar un show, la pasarela de un desfile de deseos que le aceleran los latidos y le desorbitan los ojos lujuriosos.

Ella ingresa lenta y cadenciosamente, como escribiendo una partitura en el alfombrado de aquel lugar, un halo de misterio la sigue, una sombra le hace huella mientras le persigue los pasos, de la misma forma, los ojos de su empleador le caen encima, mientras sus tacones hacen eco en el recinto.

Un suspiro y una bocanada de aire silente,  casi imperceptible se escapa de la boca abierta de aquel ejecutivo espectador.

Ella se inclina y coloca una carpeta atiborrada de papeles sobre el escritorio, y su escote descarado, hace que las órbitas de los ojos de aquel hombre adquieran un singular y elevado tamaño, y la dilatación de sus pupilas, las que no dejan de escanear los contornos de aquella figura femenina.

Su corazón aprieta el acelerador de los latidos, y el que habita en su ropa interior, no parece tener mucho espacio, en el lino de aquel fino pantalón.

Ella le clava el verdor de sus ojos cargados de lujuria pecaminosa, mientras coqueta, baja un poco los anteojos que enmarcan su letal mirada, luego con un ademán felino se sienta en una esquina del escritorio, mientras cruza con descaro las piernas dejándose ver el color de la ropa interior y los ligueros, tan negros como sus sucias intenciones, haciendo morder los labios de su jefe, dibujando perversión en su rostro ruborizado de fascinación.

La invitación a los sentidos ya había sido hecha, ambos sienten el flujo de la adrenalina por sus torrentes sanguíneos, su respiración se da prisa, y un sudor tibio recorre sus espaldas, sus pensamientos recrean todo tipo de imágenes cargadas de líbido, se dibujan escenas cargadas de morbo en la complicidad de una mutua mirada, ella y él, sienten que sus deseos rompen filas, que las ganas les hacen un tropel que no logran contener, el deseo los empuja, no ofrece mayor resistencia, ellos deciden súbitamente, darle rienda suelta a la insensatez, de algo que les supera en instinto la razón, de algo que ya los dos no aguantan.

Ella le salta encima, como fiera sobre su presa indefensa, lo toma por el cuello, sujeta una de las solapas de su camisa y con la otra mano le hala la corbata, se estampan un beso intenso y sus lenguas entablan una muy particular conversación, se entrelazan, como serpientes, con frenesí y un desespero inexplicable, recorren sus cavidades, se mordisquean, los labios, los mentones, como bebiéndose un néctar que les brota de su saliva, el jugo de un fruto prohibido, que apenas van a empezar a comer.

Él con una de sus manos busca uno a uno en la espalda de ella, los botones de la blusa, mientras que la otra mano con descaro consentido, masajea y moldea la redondez de su par de nalgas.

Es un manoseo intenso y descarado, como un calco a mano limpia, pero con conciencia bien sucia, las manos de ambos andan por todos lados, como esculcando las formas y las partes, los contornos, hendiduras y protuberancias, parecía más una requisa, el reconocimiento de una ceguera que ninguno padecía, cuando menos, no de la vista.

El logra despojarla de una sola vez, de su blusa y sostén, y la suerte le premia con un par de pechos desnudos que se agitan frente a su rostro, fruta fresca que se ofrece a degustación.

Ella desabotona su camisa como puede, mientras el le besa del pecho para abajo, ella le afloja la corbata y le desata el cinturón, el continúa usando su boca para emparejar la talla del sostén, y su lengua enfrenta su puntiagudez con los redondos vértices de aquellos rosados pezones.

Ahora las manos de él no están mas sujetando la parte más baja de su espalda, sus dedos se aventuran juguetones, en busca de pliegues húmedos y hendiduras mojadas, mientras su lengua se adhiere como pegajoso instrumento a su vientre, y pincelea los contornos del ombligo de su asistente.

Ella siente que su ropa interior se humedece, con la amenaza de una precoz descarga orgásmica, entonces se retira súbita y provocativa, y se agacha entre las piernas de aquel fetiche, ella masajea la protuberancia del pantalón de su amante, baja lentamente el cierre, y esculca en la ropa interior con un afán pecaminoso, mientras dibuja lujuria en su rostro y un morbo casi diabólico en los ojos.

Ella sujeta con fuerza lo que halló entre el calzón, y entonces satura su boca con un beso de acento extranjero, uno galés, que logra arrancar los gemidos de placer de su no tan casual pareja, en perfecto castellano.

Lo que mutuamente se hicieron luego el uno al otro, un lenguaje oral, del que muchos considerarían prohibido escribir, no fué sexo escrito, pero fué oral y lo que se dijeron sus bocas con sus partes, de ellos solo brotaron quejidos, no palabras.

(cosa más absurda llamar sexo oral, a lo que haces sin poder decir ni una sola palabra)

Aquel escritorio confundió su función y le tocó hacer de lecho, ambos lograron borrar de su mente el pudor y el miedo a ser repentinamente descubiertos, haciendo una nueva edición del kamasutra, sobre aquel improvisado catre.

Se besaron tanto, que ambos sintieron la necesidad de beber agua, pues se les agotaba la saliva.

Él la embistió con acelerado desenfreno, ella lo recibió con complacencia participante, ambos se follaron, se fornicaron uno al otro y cometieron uno a uno todos los pecados de la carne, se profanaron aquellos templos del alma, ardieron juntos en un infierno de pasión que ellos mismos se inventaron.

Aquello fue más una batalla campal, un devorarse mutuamente, en su desaforada manera de amarse, sacudieron telúricamente el escritorio echando por tierra, los objetos de oficina y la papelería.

Finalmente y entre gemidos que hacían eco en aquel lugar, llegó el espasmo de la descarga, y hubo una especie de pausa silenciosa, entremezclada con resoplidos de una respiración entrecortada y agitada, hubo un cese de actividad, un estado de aletargamiento y reposo entre el cazador y su presa, y por un momento, uno único, uno casi mágico, justo cuando el descargó su contenido seminal, y ella simultánea y en sincronía hacía también la suya, sus ojos se encontraron en la profundidad de una mirada, se reconocieron brevemente en el color de sus pupilas, y aunque el orgasmo les dolía en sus genitales, permanecieron así brevemente, como extrañados de lo que ambos se vieron en los ojos.

Se besaron por instinto complaciente y agradecido, pero como si hubiesen sido descubiertos por algún paparazzi camuflado, se vistieron tan deprisa como pudieron, se limpiaron las evidencias químicas y físicas de su sexual encuentro, ella y él su mutuo desorden recogieron.

Él ciñó de nuevo el sostén, y uno a uno los botones de la blusa, ella hizo lo mismo con la camisa de él y anudó de nuevo su corbata en aquel cuello tatuado de labial.

Se arreglaron el desgreñe del cabello, y luego cada uno ocultó una vergüenza y un remordimiento que no sentían en sus respectivos anteojos.

Ella se subió de nuevo la falda y acomodó su ropa interior y sus ligueros, como si nunca hubiesen sido retirados de su humanidad.

Se dieron un último beso, se susurraron descarados y atrevidos elogios al oído, ambos dibujaban ahora una sonrisa que mostraba la mutua satisfacción de aquella hambruna de fantasía sexual compartida.

El móvil de él sonó rompiendo el silencio, fracturando el momento, pifiando el instante, el identificador escribió un nombre:¡es mi esposa!, una mueca fría, un cóctel de sorpresa y ése natural susto de saberse sorprendido, fué lo que recibió su amante, su voz antes masculina, perversa y siniestra, durante el acto, ahora se amansaba y titubeaba ante la voz de la fémina interlocutora con la que hablaba.

Se sentó con un leve temblor en las piernas, no fué producto de la faena, mas bien fué la sorpresa de aquella inoportuna llamada, el giró su silla y abrió de nuevo la persiana, dándole a ella la espalda.

Ella tomó nerviosa la carpeta con la que entrara del escritorio recién ordenado, y preguntó con algo de incomodidad nerviosa y molesta en la voz:"¿se le ofrece algo más?".

Él sujetaba el móvil aún en su oído con una de sus manos y con la otra masajeandose la frente y el cabello, casi con desdén y desinterés en la voz le respondió:"¡por ahora no!, ¡así estuvo bien!, luego la llamo, si llego a necesitarla".

No la miró más y siguió su conversación con una fingida sonrisa, endulzó de nuevo el tono de la voz, para agasajar a la mujer que estaba del otro lado de la linea telefónica, la mujer que una vez juró amar y serle eternamente fiel en un sacramento que acababa de profanar.

Ella salió de la oficina, y con algo de rabia y celos buscó su movil en el bolsillo de la cartera de mano, varias llamadas perdidas aparecían en el registro, ella marcó de retorno, y una voz masculina resonó en el auricular de su teléfono diciendo:"¡hola mi amor!, ¿en dónde estabas?, ¡te he estado marcando hace más de una hora!, ¿por qué no contestabas?"

Ella con la frialdad de una mentira prefabricada le responde:"¡estaba en una junta, con mi jefe, no podía contestar el teléfono!".

Y así siguieron jugando el peligroso juego del engaño, cada día, en las horas del almuerzo, en la tarde, a horas de juntas y reuniones que no aparecen en la agenda y que nunca fueron convocadas.

Él engaña a su devota esposa con su asistente, ella a su novio con el jefe."

Nadie está nunca conforme con lo que a su disposición tiene, y anda en la búsqueda peligrosa de lo que no se le ha perdido, con quien no debe.

Qué lúdica mas peligrosa, es eso de andar tentando al destino, el propio y el ajeno, con falsedad de sentimientos, resulta ser la seducción de los sentidos y de la carne, un juego cruel y perverso, en donde priman las mentiras y en donde la verdad se deja a su propia suerte.

Se hace tan fácil hallar hoy por hoy el sexo, y tan difícil eso que llaman amor.

¿Si un orgasmo remplaza los sentimientos, lo sublime de lo eterno, puede entonces lo eterno sucumbir ante lo efímero de un casual encuentro?

Hay quienes afirman que al mal amor, bueno es el sexo, y quienes dicen que a falta de sexo, buen consuelo resultaría ser el amor.

Yo solo sé que el sexo es el sexo y que el amor...bueno, no se que coños es...solo sé que el sexo sin amor, es terriblemente insípido, y el amor sin sexo, terriblemente cojo e incompleto."

























lunes, 21 de abril de 2014

"Que le diremos a la historia, si ya parece estar todo dicho, que le diremos a la memoria de aquellas guerras de antaño, de hermanos asesinando hermanos, de ideologías que llevaron en masa a la locura colectiva, a unos a las armas y la barbarie, a otros a la ignominiosa complicidad de la indiferencia, ante el dolor, la tragedia y el padecimiento de sus hermanos humanos.

¿Qué infierno le espera a quien viola y asesina niños y mujeres?, ¿qué karma debe pagar quien asesina por dinero?, ése que se vende al mejor postor para segar vidas, culpables o inocentes, mercenario de la tragedia, al que la vida le vale "huevo", gatillero alegre, matarife alevoso, cínico de la muerte a domicilio.

Asesinamos todo el tiempo, con pensamientos envidiosos, con palabras hirientes, con acciones denigrantes, llevamos en la boca una daga filosa que perfora sentimientos y desangra emociones, en nuestros pensamientos las psicopatía de un asesino serial, envidia, celos, ambición, rabia y todos los pecados capitales, que aguardan ser cometidos en algún momento.

Nos hacemos cómplices del crimen, del maltrato, del abuso, de la violencia hacia otros, e incluso en nosotros mismos.

Nos da lo mismo, si matan o roban al vecino, si violan a la hija de un desconocido, si atracan, si ponen bombas, si desaparecen, si del mapa los borran.

Es una película ajena, que solo vemos, para escandalizarnos, abrir la boca y cruzarnos de brazos.

Estamos de este lado, del más cómodo, en el que no nos pasa nada, en el que apenas y sentimos repugnancia, nos escandalizamos, nos compungimos hipócritamente, pero nada más.

Volvemos a nuestra zona de confort, dónde nunca nos pasa nada, gracias al dios a quien también le echamos la culpa por no hacer nada, con los malvados, los asesinos, pedófilos y violadores, los arrojadores de ácido, destructores de identidades, los sicarios de subasta, los que se venden al que más paga, los que venden veneno que los niños se fuman, sin terminar su escuela, los que que robando fácil se la ganan.

Y ni que decir de los que viendo la trampa guardan silencio, o le ponen precio a su dignidad cerrando la boca ante el robo, la calumnia, la mentira y la estafa, los de cuello blanco que van a prestigiosas universidades, a estudiar las leyes para saber luego como quebrantarlas, como huir ileso de las manos mutiladas de una justicia que no persigue sino a los de ruana.

Lo que duele no es la maldad que el mundo exhibe con publicidad periodística, lo que duele es la indiferencia ante la tragedia de nuestro hermano, mientras tu te llenas la panza con el abundante almuerzo que te das el lujo de regatear por cualquier causa, un niño muere de hambre en el áfrica, otro baleado o en un bombardeo en la franja de Gaza.

Mientras respiras, están matando, violando y masacrando por un montón de sucios billetes, por lo que en tu cabeza guardas y defiendes, por cualquier cosa te quitan la vida, y muchas veces por nada.

Somos carne de cañón, ratas de laboratorio, no respetamos nada, ni árboles, ni animales, nada, depredamos todo, todo lo destruimos, somos una plaga, una que consume el mundo, una enfermedad caníbal, en la que la selección natural, desnaturaliza el título de humanos que solemos ostentar, lucha salvaje del más fuerte, del más inteligente, del más apto, del que más plata tiene, más armas dispara, más poder ejerce, más dolor inflige, más tragedia y miedo causa."