sábado, 8 de febrero de 2014

"Toma mi mano una noche de estas, y arrástrame a la oscuridad y estrechez de una calle solitaria y desconocida, estréllame contra al pared y estampa un beso cargado de lujuria en mi cuello, muerde el lóbulo de mi oreja, que tu lengua juguetona pierda el rumbo por mi piel, que se deslice serpenteando hasta mi vientre que convulsiona de placer, mientras tus dedos desprenden uno a uno los botones de mi camisa.

Sacúdeme el alma con suaves caricias que recorran mi espalda, dibújame un conato de orgasmos en el rostro, mientras me besas el pecho y el vientre, llena de antojos mundanos y perversos, al habitante de mi entrepierna, dame un beso francés que me arrebate en gemidos de placer el aliento, y que hagan eco en las paredes de aquella calle solitaria.

Cabálgame demonia, súbete a mi vientre, sacude con frenesí tus caderas, busca tu placer, mientras yo aguanto la descarga de mi esperma, muérdeme, aráñame, arranca de mi boca besos, aprieta fuerte mi cuerpo, moldea caricias como si fuera de barro, dame abrazos, hala mi cabello, deprédame, devórame, aunque sea por una vez, toma el control de mi sexo, sacia tu hambre y calma tu sed de lujuria, morbo y pasión.

Y cuando todo haya acabado, cuando el sudor empape las escasa ropa que aún nos cubre, dime cosas sucias al oído, miénteme, súbeme el ego, mírame a los ojos con deseo, dime que lo haremos de nuevo, una y otra y otra y otra vez, hasta que el hastío nos quite las ganas y desgaste el mutuo deseo.

Toma mi mano, una noche de estas, y mírame a los ojos, dime que me amas, tatúa un inesperado beso en mis labios, hala de nuevo mi cabello, y dime más mentiras, de esas que endulzan mis oídos, dime que te vuelvo loca.

Llévame lejos, a la espesura de un distante parque, y tumbémonos sobre la hierba, rodemos juntos por tierra, en un interminable abrazo, y que muchos besos resuenen solitarios por aquel inhóspito paraje, que sean tus labios húmedo rocío para mi rostro, y dulce miel para mi boca.

Toma mi mano un día de estos, y camina conmigo, para siempre, sin rumbo definido, sin planes, ni reservas, caminemos por la vida, riendo, cantando, bailando, soñando, llorando, hagamos el amor en todos lados, de todas formas, bendigamos de pasión al mundo, yo junto a tí, abrazados, unidos por un hilo invisible, que solo los dos vemos, cuando nos encontramos, en una mirada, en un beso, en un abrazo, en una caricia, en el sexo"










"Mortal herida, me dueles hasta los huesos, no mengua el llanto en mis ojos, y el dolor ha hecho morada permanente en mi alma, un vacío, un agujero negro, que se colapsa en mi pecho, y los recuerdos no son más que instrumentos de una cruel y prolongada tortura.

Vivir se ha convertido en el acto heroico de ver pasar los días frente a tus narices, frente a tus ojos, es pintar de gris los paisajes y el cielo, que de vez en cuando descarga sobre la hierba, la carga pesada de nubes de tormenta.

La misma tempestad que remueve mis entrañas, en un desespero absurdo, ansiedad que me inunda y que se desborda, repujando angustia, que talla lágrimas en mis ojos.

La locura me amenaza a cada instante, la poca cordura se diluye, en noches interminables de vigilia, y en eternos días, que no ven el ocaso.

Voy de aquí para allá, como un alma en pena, fantasma condenado al silencio de un olvido incoherente.

Perdí el rumbo, y las ganas de vivir, perdí la poca fé que guardaba celosamente en los bolsillos rotos de mi pantalón, extravié la esperanza, embolaté las pocas ilusiones que quedaban de pie en mi ser.

Espero en silencio, aguardo en el mutismo absoluto del abandono, mis ojos miran en todas las direcciones, queriendo llenar de imágenes la memoria.

De mi boca, solo sale mi aliento, el poco que me queda, camino sin rumbo alguno, me mezclo entre la muchedumbre, saturo mi vida de la monótona rutina de moverme por ahí y de llamarle vida, a la carrera sin freno que ha empezado mi ser, para ser borrado de repente del mapa, por la compasión y misericordia de la muerte.

Se muere por dentro, se finge que se vive, se enmascara una sonrisa, se parapeta una pena, detrás de un rostro de falso optimismo.

Nada volvió a ser igual, todo cambió, mutó a su lado más oscuro, sombrío y siniestro.

¡Aún hay esperanza!, me digo, sabiendo que ya no queda nada, sabiendo que todo acabó."






"Yo sujeté su mano, aquella vez, y mi alma quedó atada a la suya por un hilo invisible, que alguna vez vimos juntos y que hoy por hoy, solo yo puedo ver.

Y me llevó por los recovecos, de una taciturna calle, y las luces de un bar, nos invitaron a entrar, y la música, fué la banda sonora del reencuentro de ése par de extraños, conocidos.

Mis ojos la siguieron a todos lados, a donde fuera que se moviera su exótica figura, calcaban cada curva de su cuerpo y mi nariz se saturaba con el perfume de su piel, me sentí transportado en un viaje psicodélico, como en la hipnosis, una narcosis inducida, por la melodía de escasas palabras que brotaron de su boca.

Mis ojos, buscaban los suyos con insistencia, a tal punto de provocar incomodidad, ¡cuanto cielo, había en ellos!, ¡cuanto mar contenido!.

Sus juguetonas y redondas manos, dibujaban surcos en la tela de mi pantalón oscuro, y las cosquillas que me produjeron, hicieron estremecer cada fibra de mi ser.

Las canciones de rock iban y venían, al igual que las cervezas, de mi boca brotaron muchas palabras, disparaba preguntas a quemarropa, con el urgente afán de alguna respuesta sensata, que aclarara, todos mis ¿por qués?.

En un momento infinito y eterno a la vez, mis ojos lograron filtrarse por entre los espejos de sus lentes y sus ojos color miel se clavaron para siempre en mi ser, quedaron tatuados en el tejido cardíaco, y dos mundos, distantes, ajenos, extraños, entraron en conjunción, danzaron por un momento en órbitas comunes, gravedad atrayente, que aproximó nuestros rostros, magnetismo potente que juntó nuestros labios en un primer beso, beso que derramó endorfinas en cada célula nerviosa de mi cerebro, y la oxitocina se abrió camino hasta el músculo palpitante y allí danzó diabólicamente con la adrenalina que hizo que acelerara sus latidos, y mi cuerpo entero, pareció expulsar su contenido anímico por la boca, mi alma se escapaba en aquel beso, queriéndose fundir con la suya, cerré mis ojos y mis labios saborearon el néctar de su ser, ¡cuan hermoso, fué para mí aquel beso!.

La noche siguió su ritmo, pero los planes tomaron un rumbo distinto, su ser la empujaba hacia la aventura, fué el fin de aquel tiempo en aquel lugar, salimos y caminamos por varias cuadras, detuvimos un taxi con rumbo a lo incierto, y lo incierto suele hallarse lejos de las luces de la ciudad, en lo recóndito de la noche, un sitio que solo pocos conocen.

Alcahuetes de la lujuria, el éxtasis y el desenfreno, rostros desconocidos, y un ambiente enrarecido, un negocio con fachada disfrazada, y un aroma a cigarros prohibidos, hileras de polvo blanco sobre la mesa y botellas de licor, muchas fosas nasales saturadas de psicodelia.

En el último piso de aquel antro, aguardaba el cielo, esperaba por los dos, y una silla mecedora acunaría nuestro encuentro, una grabadora, reproduciría la música que como partitura, dibujaríamos en caricias mutuas y pródigas en nuestros cuerpos, besos en la frente, en los labios, en los dedos de sus manos, en las vellosidades que poblaban sus brazos, terciopelo y seda entre mis dedos.

Su cabeza en mi hombro, en mi pecho, su humanidad en mis piernas, las luces de la ciudad a lo lejos, la noche, testigos mudos de una locura que empezaba a consumarse.

La noche se fué desvaneciendo, en presencia nuestra, y las cervezas por fin, fueron aflojando de a poco su lengua, y pudimos hablar, de algunas cosas comunes, de filosofía, de arte de música, de medio ambiente, y pude saturar mis ojos con la belleza de aquel rostro y mi alma con la hermosura de su ser, aquella noche, cupido traspasó mi corazón, con la más puntiaguda y envenenada de sus flechas, quedé prendado de su inteligencia, de su sabiduría, de su frescura, de su manera de ver la vida, fluí con ella, me dejé llevar por su locura.

Llegó la hora de marcharnos, nos echaron del lugar, prácticamente, y sin embargo no nos fuimos de inmediato, retrasamos adredemente el adiós, no nos fuimos muy lejos, en frente nos sentamos en la húmeda hierba, y aguardamos el amanecer, yo tomé un souvenir de aquel lugar, un par para ser exactos, nos tomamos de la mano, y caminamos varias calles, hasta abordar un taxi, y fuimos hasta cerca de su casa, yo seguí mi camino, verla bajar del auto, llenó de lágrimas mis ojos, verla caminar hasta la puerta de su casa, me fué quebrando, pero faltaba quebrarme aún más después de aquello.

Llevé conmigo el par de recuerdos llenos de aire, y mi corazón lleno de ilusiones, llovió intensamente aquella mañana, llegué una hora después a mi casa, y mis recuerdos llenos de aire, soportaron los embates del clima, testigos mudos de nuestras caricias, nuestros besos y abrazos.

El aire se les escapó dos semanas después, incluso después de que ella se marchara, a otras tierras...para siempre, llevándose consigo, mi alma, mi ser y el amor que le ofrecí aquella noche."



-Jincho y Pea-(sabes de quien hablo)



"Quizás doy demasiado crédito a mis sentimientos y emociones, demasiada e inútil importancia, quizás veo algo en ello, que nadie más puede, quiere o no logra ver.

Quizás es tan cruda y difícil, la realidad en la que sobrevivimos, que necesito escapar de ella, de alguna u otra forma.

Siempre quise amar y ser amado, fué quizás la filosofía "barata", que ves en la tele, y en el cine, la que envenena tu mente, y tergiversa la realidad de las cosas y de la vida.

No hay "príncipes", ni "princesas", ni el amor es un cuento de "hadas".

El amor, no viene siendo más que un intento, frustrante de hallarse en alguien más, incluso más extraviado que tu, de encontrar lo "bueno" del otro, sin buscarlo primero, en uno mismo.

Soy adicto a la Oxitocina, a la Luliberina, a la Seratonina, a la Vasopresina y a las endorfinas, la carga hormonal asociada a este fenómeno, con el que la ciencia deshumaniza y desensibiliza esta terrenal emoción.

Amar no es más que un esfuerzo, que a veces resulta desgastante, por lograr lo imposible, por soñar lo posible, por materializar lo increado, es el impulso, el propósito, lo que nos mueve, lo que nos empuja, es combustible que todo lo enciende, es la sal que le da sabor a la sopa insípida de la vida.

Supongo que hay distintos niveles, en aquello que llaman amar, que empieza como una afinidad, algunos le llaman "química", los más superficiales y "hormonales", empezarán por lo "físico", la atracción provocada por el estímulo y sobre estímulo de los sentidos, el atractivo, el sex appeal, de la "química", se pasa con bastante rapidez a la "física", que es como una especie de comunión, una "alquimia" de los sentidos, una expresión amalgamada de mente, cuerpo y alma (por supuesto, para quienes creen que el alma existe).

Luego viene el apego, el estado de enajenamiento, el enamoramiento, la dependencia psicoemocional, por aquel ser que completa tu rompecabezas existencial, que te hace feliz compañía.

Más eso que llaman amor, tiene más enemigos, que el gobierno de los E.E.U.U., pero el más mortífero sin lugar a duda, y la raíz de su mortal destino, es el miedo, miedo al abandono, a la mentira, a la traición, a la decepción, a la pérdida, una suma de inseguridades y dudas que todo lo daña, que lo desmorona, en desconfianza, en indiferencia, en olvido, en desinterés, en ausencia premeditada.

El miedo es el gran contaminante de ése océano cristalino en el que todos nos zambullimos, con alegría, pensando que no nos puede tragar, o ahogar, éso que llamamos amor.

Quizás le doy demasiada importancia y trascendencia a mis sentimientos y emociones, quizás debo tomar las cosas y las personas como vienen, disfrutar solo el momento y dejar que se vayan, que se alejen, y seguir adelante, como si nada, como si no importara nada, como si su paso fuese intrascendente, insignificante.

Me cuesta trabajo, pasarme por la faja de la indiferencia, tales cosas, son mis sentimientos, mis emociones, es lo que le da sabor y sentido a mi existencia, ¿que sentido tendría entonces vivir así?.

Quizás debiera ser un "aprovechado", y sacar ventaja de todo y de todos, así como lo hace casi todo el mundo, y no sentir vergüenza o remordimiento alguno, como pasa tan de seguido hoy por hoy.

Tal vez algo anda mal en mi sistema de creencias, tal vez se me vino el siglo encima y no me di cuenta.

Yo aún creo en la palabra dada, en la promesa hecha, en el compromiso, en lo eterno de lo hermoso, en el amor correspondido, en el respeto de la persona, de su ideología, de su pensamiento, en lo sagrado de sus emociones y todo lo que albergue su corazón.

Yo creo y valoro todo aquello que no puede verse al microscopio, ni probarse en laboratorios, ni formularse en complicadas teorías o postulados filosóficos, creo en la sinceridad de las palabras, cuando las personas son honestas y francas, yo creo en el afecto, cuando es demostrado, yo aún creo y confío en la "buena fé" de las personas.

Pero debo aceptar con crudeza, que no todo el mundo piensa, ni cree o siente de la misma forma o manera, hay quienes desestiman esta y muchas otras escalas de valores, les rechazan como paradigmas impuestos, hay quienes su confianza no está puesta más que en si mismos, y dan de acuerdo a la mezquindad de su propio ser.

Creo que he amado toda mi vida, de manera incorrecta, de manera imperfecta, de forma equivocada.

Mas creo, que no se ama a personas equivocadas, incorrectas o imperfectas, se ama de manera equivocada, incorrecta e imperfecta.

Parece ser que no hay manera alguna de amar sin salir lastimado, a veces esperamos o exigimos demasiado de los demás, sobrepasamos las humanas expectativas, endiosamos a los individuos, deseamos que sean como quisiéramos que fueran, sin aceptar lo que son.

Esperamos que nuestro amor, nuestro sentimiento los haga "cambiar", los transforme a la imagen de nuestros particulares deseos, entonces, olvidamos, que ya dejan de ser originales, dejan de ser ellos, por complacer nuestros caprichos, olvidamos que cada quien es un cosmos, un mundo, que gira en su propia órbita, cada quien es un universo que se rige bajo sus propias leyes físicas.

El verdadero amor, podría resultar a ciencia cierta, la cosa más insípida emocionalmente hablando.

El amor tiene su cortafuego, que es la mente racional, debe entonces haber un balance y un equilibrio, una danza armónica entre mente, corazón y sexo.

Sin embargo, y es mi caso...corazón siempre apuesta, mente siempre aconseja, sexo no hace caso, y el que pierde es el que palpita."

Amar, dicen algunos, es dar sin esperar nada a cambio, más es ilógico amar de tal manera, muchos lo expresan así, más interiormente se agita otro tipo de tormenta mental, es hipócrita plantear un amor en ese sentido.

Amas y esperas ser amado, si das amor, esperas recibir amor, si das sexo, esperas sexo, si das compañía, esperas recibir compañía, si das lealtad, esperas recibir lealtad.

Todas, absolutamente todas, son expectativas, es lo que esperas que te devuelvan, es en lo que "inviertes", es a lo que le "apuestas".

¿Amor desinteresado?, ése tipo de amor como tal, no existe, si los que no creen en Dios, se les dice ateos, a los que no creen en el amor se les dice "Áfilos".

El amor resulta a todas vueltas una transacción, un intercambio, algo que das con la expectativa de recibirlo de vuelta, a veces das mucho, inviertes mucho, quizás demasiado, pero lo que recibes, puede no ser lo que esperas, no da rédito, frente a lo que invertiste, apuestas y resultas perdiendo.

El amor, resulta entonces una mala inversión, una pérdida de tiempo, el acto sadomasoquista de lastimarse y hacerse mutuo daño con otra persona.

He perdido mi fé en él, ya no lo quiero en mi vida, no quiero hacer tratos, ni negocios con esta emoción.

Si he de dar amor, sabré de antemano que no habrá retribución en ello, será como un regalo, que no habrá recompensa, ni garantía de reconocimiento en ello siquiera, que no habrá rédito alguno en esta inversión.

Me he propuesto dar amor sin expectativas, sin esperanza.

Creo que solo hay una forma de encontrar una persona que te ame como tu quieres que te amen, una que piense, crea y sienta lo mismo que tú; y efectivamente, ésa persona eres tú mismo, así no tendrás que convencer a nadie de nada, ni esperar a que cambie, ni desgastarte en transformarlo en algo o alguien más.

La única persona a la que no debes decepcionar, traicionar, dejar de creer, en la que debes confiar, y amar profundamente, es a tí mismo.

Y no es narcisismo, todos los demás te fallarán, te mentirán, te causarán profundas y dolorosas heridas, que te resultarán insoportables; más las heridas que tu te causes, serán siempre parte de tu aprendizaje y más llevaderas y soportables, son tuyas ¿por qué no?.

"He de amarme profundamente, de ahora en adelante"..."




"Abro mis ojos, y el techo de mi habitación es el horizonte que logra abarcar mi mirada, espacio finito que una bombilla alumbra tenuemente, en la mesita de noche, se atiborran objetos personales, una fotografía sin su marco, un reloj que me dice que son las siete de la mañana, las llaves que abren la puerta de mi habitación, el habitáculo estrecho, donde recluyo mi humanidad, un par de billetes y algunas monedas, las poquedades, con las que apenas y alcanzo a desordenar la simplicidad de mi insulsa existencia...

Una repisa con libros, compañeros de mis largas noches de insomnio, una taza vacía, tanto como lo está mi alma a la hora en que escribo estas cosas, un vaso con agua hasta la mitad, una vela de cera medio derretida, una luz que titila solitaria en la penumbra...

Un espejo, que refleja el paso inclemente de los años en mi rostro y en el color de mi cabello...

Una cama, espacio infinito de dos por tres, desierto nocturno, un colchón que no hace ruido, y que solo el peso de mis huesos deforma cada noche...

Unas sábanas blancas y limpias, lienzos que ningún orgasmo pinta todavía, ni sudor que humedezca, ni cuerpo que dibuje su silueta, excepto el mío, cuando busco un cálido refugio en días y noches de invierno frío...

Soledad, vives conmigo, duermes en el rincón de mi cama, habitas en cada recodo de mi habitación, me esperas desnuda en la ducha, en los cajones donde guardo mi ropa, de pié en la escalera que me conduce a la entrada de la casa...

Soledad, me espías al vestirme, te ríes en mi cara, por mi torpeza en la cocina, te asomas por la ventana del patio, empujas el portón de la entrada, lo disimulas disfrazándote de viento...

Soledad me sigues a donde vaya, esperas conmigo el autobús, te sientas a mi lado, no me hablas, no me dices nunca nada, solo estás ahí, en el vacío del asiento, ocupando el espacio de la nada...

Soledad, sabes a ausencia, a abandono, a olvido inmisericorde, te escondes detrás del silencio, usas máscaras de mutismo, te disfrazas de susurro, te mimetizas de murmullo...

Soledad, estás en lo que miro, en lo que toco, en lo que hago, en lo que vivo, en lo que siento...

Soledad, yo te respiro, y tú me circulas por las venas, como ponzoñoso veneno...

Soledad, de tí estoy enfermo, contagiado de aislamiento, recluido en el vacío, condenado en el anonimato, exiliado en el más completo olvido...

Soledad, vives conmigo, cada día, cada instante, incluso con mucha gente, incluso conmigo mismo, entre multitudes estás presente, en el barullo y el tumulto del mundo, y toda la inmundicia que ensordece la existencia...

Soledad, no te vas de mi vida, te quedas a mi lado, para siempre, te sientas descarada en mis piernas y te burlas, en mi propia cara, me escupes insolente, tu inmortal presencia...







"No es tu pelo, es la oscuridad de tus cabellos que simulan el cielo nocturno...

No son tus ojos, si no el brillo que emana de ellos, como un par de soles, que hacen eterna la mañana en tu mirada...

No es tu boca, ni son tus labios, las dulces promesas de un beso, que el tiempo no logra desvencijar, y que el hastío no logra marchitar en el ocaso de la eternidad...

No es tu rostro, sino el paisaje de tus mejillas, el monte perfecto que se eleva hasta la punta de tu nariz, como la cúspide de la ternura, hasta donde escalan mis besos, es tu frente la llanura esteparia, y tus cejas la hierba fresca en la que mis labios, furtivos se desploman...

No es tu cuello, tentación y deseo, sensibilidad y lascivia, puesta a prueba, pista de hielo, en la que juguetona se desliza mi lengua...

No son tus brazos, es su perfecta y torneada redondez, y aquellas vellosidades que los pueblan, como ramificaciones de un árbol de seducción que extiende sus raíces, terciopelo acariciable y totalmente deseable...

No son tus manos, sino lo que provocan al contacto con mi piel, corriente eléctrica, que erotiza mis sentidos, que magnetiza los poros de mi carne, en un intercambio energético de placer...

No es tu cuerpo, ni la constelación infinita que dibuja cada lunar en la extensión onírica de tu espalda, no es la lujuria, que redondea y abulta ésa tentación libidinosa en tu par de nalgas...

No son las piernas, perfectamente esculpidas, las que liberan endorfinas, hormonas juguetonas de una retorcida e inescrupulosa perversidad mental (imaginación sexy)...

Es el todo, la suma de tus partes, es el paisaje completo, el amplio panorama de tu ser, expresándose y poniéndose de manifiesto, haciendo explosión en cada uno de mis sentidos...

Belleza infinita, materia densa, energía vibrante, universo contenido, cosmos encapsulado, cuerpo celeste, orbitando la existencia, magnífica presencia, de un cúmulo de fuerzas que se manifiestan en la realidad perceptible de mis ojos, tacto, oído, sabor y olfato...

Mas es lo que se esconde detrás de tus ojos, el alma que habita la belleza y perfección de tu cuerpo, lo que agita el océano que se contiene en mi pecho, el huracán hormonal que sintetiza la líbido en mi sexo, es tu ser inmaterial, que no se puede ver, oír, ni tocar, ni oler, ni probar, eso es lo que amo, eso es lo que me atrapa, lo que me envuelve, lo que me enreda, me hipnotiza y me idiotiza...

Néctar y ambrosía, alimento para dioses es tu alma, tu esencia anímica, espiritual sustento, que la ciencia descarta, que el ateísmo rechaza, que la indiferencia colectiva desprecia, y que tu misma te niegas a aceptar...

Es lo que nadie más ve en tí, lo que yo amo, a lo que pertenezco, en lo que creo y siento, es la imagen que me construyo de lo que eres, y de lo que no ves..."






viernes, 7 de febrero de 2014

"No deja de sorprenderme la vileza del ser humano, humanos dañando a otros humanos, en esta escala involutiva de destrucción colectiva.

Unos pocos con el poder que les otorgan sus millones, sus excelsos apellidos, su trayectoria familiar, fortuna, muchas veces labrada en sangre y maldad, en ego y codicia, mancillando la dignidad de muchos infelices, "dormidos", "analfabetos", "borregos", "esclavos", "lazarillos" de los poderosos, esos "avivatos" que ya no solo gobiernan a través de la trampa y el engaño, si no que su afán avaricioso, los ha llevado al homicidio, al genocidio, y ahora son lo más organizado de la sociedad, por que de cierto es que lo único organizado hoy por hoy es el crimen.

La política no es más que una serie de argumentos trillados, discursos símiles de utopías rebuscadas, todo puesto al servicio de la demagogia de éstos encantadores de serpientes, de estos "culebreros", expertos en promesas a incumplir, todos con el afán de el poder a través de una ideología barata que cada año nos sale muy cara, "la democracia", el más grande sofisma, la mentira más caduca de todos los tiempos, un estandarte que logran hacer ondear estos pícaros de la palabra y la oratoria, sobre la masa ignorante, que los elige y reelige.

Es esta masa ingenua, la que labra el camino expedito para que estos abusadores y plutócratas de la política, dicten y proscriban leyes que les sean absolutorias de sus crímenes y les permita legitimizar su conducta por demás inmoral, ladrones de cuello blanco que se parapetan en ideologías de una seudo democracia, los laceradores de lo público, legalizadores de sus conductas criminales, con sus poderes políticos quieren levantar cortinas de humo, sobre su oscuro y delictivo pasado, que suelen heredar a sus futuras generaciones.

El crimen es el retrato hablado de una sociedad enferma, en constante declive, en la decadencia de los valores, en el desmoronamiento de la estructura familiar, una radiografía cruda, del deterioro paulatino de los componentes básicos de la sociedad y de los valores del ser humano.

Padres abusivos, hijos rebeldes, padres enfrentados contra sus propios hijos, hijos enfrentando a sus padres, explosión de la demografía, manifestada en familias numerosas y embarazos prematuros, en los que el hambre y la miseria protagonizan estas desgarradoras historias de pobreza e ignorancia.

La cuna de la violencia, se mece en el interior de los hogares, en su más cruda y cruel expresión, la raíz de toda la podredumbre, que suele juntarse en pandillas que patrullan las calles de barrios, que se acumulan en las esquinas, que se organizan para el delito.

Se agrupan para asaltar la dignidad incluso de los más pobres, lo hacen en buses, taxis, calles, en casi todo sitio inimaginable, incluso en frente de los guardianes del orden, que hacen de sus cómplices muchas veces.

Es el origen de todo mal, que va tiñiendo de sangre, las ciudades, que sube cada día y cada mes, la curva de las estadísticas criminales, que llena de fosas y lápidas los cementerios, y satura los hacinados recintos carcelarios.

Corromperse, ha resultado el camino facilista que se exhibe apologética e impúdicamente, en series de televisión, cine, radio y prensa, un culto morboso por lo ilegal, por la inteligencia y pericia criminal.

El alma humana (si existe tal cosa), jamás estuvo tan a la merced de la maldad, vender el cuerpo, la dignidad tan puesta en duda, como el alma misma, todo por dinero, ése dios todopoderoso, "que todo lo puede", "todo lo compra", "todo lo consigue", por lo que se asesina, moneda contante y sonante, que te viste de gala, de seda y chiffón, que disfraza de marcas tu codicia absurda, pero que deja desnudo el vacío interno de tu ser, ése en el que no crees, o que dejaste de creer, que desdeñas y desprecias, por la riqueza del intelecto, ése que engordas con pan de filosofía y vino de ateísmo.

Modelo de conducta, es ahora el criminal, el tramposo, el que hurta sin ser visto, el que se sale con la suya, y que no es atrapado, el que "tumba" a los incautos, el que se hace rico con la ingenuidad ajena, el que logra burlar la justicia, los intelectuales del crimen, que estudian bien la jugada, para en caso de ser atrapados, no dejar prueba sustentable de sus crímenes, y no perder mucho, para cuando salgan libres poder disfrutar del botín "coronado", tranquilamente y sin cargos de conciencia alguna.

Robar, matar, prostituir, traficar, negocios redondos, los atajos facilistas de los que rinden culto al dios "plata", por que hay que ser ricos, famosos, bellos, altos, fuertes, de mejor estrato, de mejor posición social y económica.

Todos lo quieren, pocos lo logran, y los que lo hacen guardan dentro de si, la podredumbre de todos a los que pisotearon, todos a los que les mintieron y engañaron para satisfacer su afán de poder.

El pecado de este mundo es creer que hay vivir por encima de todo y de todos, una ley evolutiva que justifica la supervivencia del más fuerte, o del más "vivo", del más inteligente, del mas listo, del más apto, una ley que va en contravía, que nos hace más viles a través de los actos, más violentos y más inhumanos.

No hay alentador panorama, no, para quienes disparamos versos, no para quien apuñala lienzos con navajas de pinceles, no para quien hace estallar granadas de arte, en los muros de las ciudades, no, para quien estampa rebeldía en la piel y la carne a través de un tatuaje.

Se espera vivir, sobrevivir, con la certeza que es cuestión de tiempo, que una bala perdida te borre del mapa, en alguna calle o esquina, que algún "muerto de hambre" de dinero o drogas, vacíe tus bolsillos y tus esperanzas en el acto sucio de un atraco.

No se sabe a ciencia cierta, como ser feliz en medio de tanta maldad, como resistir a la tentación de mentir, robar, prostituir, y matar, como lo hace todo el mundo, como lo hace Vicente y toda su gente."