viernes, 10 de abril de 2015

"-Mira pues lo que ha hecho el mundo conmigo, le ha restado sabor a mi gusto y ha saboteado siempre mis ganas de respirar.
Le veo extrañamente a través de una ventana del bus, o del avión que vuela por encima de las tierras desconocidas.
Le veo pasar como una película derruida por los grises matices del tiempo y su implacable marca.
Y aunque lo recorra paso a paso, me pesa como fardo en la espalda.
Los días van y vienen como aves migratorias y migratorio se han vuelto mis ánimos, mi alegría y mis pesares.
El hambre me empuja a la cocina, o a la calle, ya sea para devorar dignidades o la bajeza propia de los canallas que nos someten con las mentiras que publican en los diarios.
Me estruja la tarde de melancolía el alma y la noche la pisotea en humillante llanto.
Mi soledad no es más que otra copa de vino que embriaga mis sentidos, para hacer eso precisamente, liberarlos de sensibilidad alguna, por algo o por alguien.
La tibieza de mi cama es un remedo del calor de aquel cuerpo que reposó en mi pecho.
Y la almohada es un muñeco relleno de trapos y tela barata, como el relleno del corazón que una vez me dijo que me amaba, cuando en realidad tal cosa no pasaba.
Una taza de café pone en reposo mis ganas de dormir, y el sueño anhelado no dura más de un par de horas, para regresar de nuevo a esta vida que se desvanece en horas y horas de mortífera rutina.
¿La has visto?, ¿a tu vida?, ¿ves como disimulas su provecho?, ya fuese con licor en la sangre o pasión en tu vientre, o una sustancia que envenene la percepción de tu mente. La realidad implacable nos persigue y nos alcanza, nos estrella contra el mundo, nos hace odiarlo y aborrecer su careta de perfección.
Así que acudes a los disfraces, al de gran ejecutivo, al de intelectual, al de adinerado, al de siempre alegre o deprimido suicida.
Al de diva de cine, al de mujer fatal, al de virtuosa recatada, o puta descarada.
Al de santo sin manchas en la sotana, o al de asesino de emociones.
Al de vendedor de presentes, al de traficante de inciertos futuros.
El pasado doloroso es una mancha que no sale con detergente del barato.
Olvidar sale tan caro como enamorarse del ser equivocado.
Así que de vez en cuando vienen a mi mente los recuerdos a escupirme un pasado saturado de triste memoria.
Se me revuelve el estómago y lo poco que allí guardo amenaza con salir por mi boca, en esta náusea permanente de la vida.
Esta renuncia irrevocable y no aceptada por continuar en la inútil lucha por sobrevivir a la costumbre.
Así que no me queda más que seguir "chapuceando" en este vaso con agua que me ahoga.
Arrastro la poca dignidad que me queda y me resigno a permanecer en este anonimato siniestro del olvido.
Entonces entrego mi destino a la dejadez, a mi intolerancia existencial.
Dejo que el silencio se apodere de mi mente por largos períodos y que el hastío amarre mi lengua para que no diga nada nunca.
Castro mi consciencia y todo deseo de despotricar de la humana condición.
Vegeto, esperando que un viento de novedad y frescura sacuda el calcio de mis huesos y haga bullir la sangre de mis venas.
Pero escasean los milagros en el cielo, y el universo está ocupado en su balanceo, como para andar violando sus propias leyes y perpetrar para mi algún evento inexplicable en el laboratorio de mi propia vida.
Me queda el recurso de rendirme a la estremecedora verdad de los acontecimientos y dejar que el destino haga conmigo como con todo el mundo, lo que se le de la gana.-"

miércoles, 8 de abril de 2015

"-Me voy desvaneciendo como neblina, como la tenue luz de la tarde cuando la noche le arropa con manto de oscuridad.
Y así mismo lo que por ella sentía. En el vacío de mi pecho, solo un lejano eco remeda mi palpitar.
Ajenos mis ojos se entretienen en multitudes, tan anónimas como yo.
Mis pasos ya no van con la prisa de la ansiedad por llegar a ningún lado.
Y mi mente dejó de acosarme con pensamientos inútiles.
Se me va la mañana leyendo los signos del cielo y el sol toca mi frente para recordarme mi celeste origen.
El frío me abraza con tal vehemencia, que parece amar la poquedad de mis años.
Voy de aquí para allá, como un viento vagabundo.
Dejo que el hastío le pase factura a mi manera optimista de enfrentar la rutina de mi existencia.
Soy un perro callejero, un gato de callejón, una rata de alcantarilla.
El abandono de la realidad hace palpable mi locura.
Mi trascendencia no está en el aire con el que se llenan mis pulmones, no con la tibia sangre que corre por mis venas.
Eso que llamo vida es un estado de somnolencia, que remeda en mucho el sueño de la noche y la muerte del sepulcro.
Mi mundo es una tira larga de imágenes repetidas.
Otro grano de arena en la inmensa playa de este universo.
Esta liviandad y ligereza me satura y aunque no me eleva, tampoco me pesa la gravedad de su naturaleza.
En este fluir de la vida, de observarlo todo sin participar en los eventos, es que la oscuridad me tienta con la adrenalina de lo prohibido.
¿Qué hago conmigo?, ¿qué le hago a mi ser?, ¿acaso le condeno prematuramente al decline de los años sin sentido?.
Voy a la cama y dejo caer más que mi cuerpo, dejo mis ganas y me entrego a los sueños.
En ése mundo onírico me extravío, me invento una vida nueva en aquel universo paralelo.
Y por unos instantes muero y nazco de nuevo cuando despierto.
Y trato de ver el mundo del que vengo de nuevo, con otros ojos.
No puedo con el hastío.
¿Cómo hago para no dejar que el mundo que todos aman se me venga encima y aplaste la escasez de mi esperanza?.
Ahora entiendo el ánimo del suicida y la tristeza del depresivo.
Comprendo la ansiedad del adicto a las drogas y la miseria del alcohólico.
Ahora entiendo por que todo el mundo quiere huir de si mismo, de la realidad a la que sobrevivimos, del dolor que soportamos, del hambre que aguantamos.
Ahora entiendo como agoniza el futuro en nuestras manos.
Como nos asesina el pasado y como nos martiriza el presente.
Ahora entiendo que no soy de ningún lado, que soy de esta vida otro penitente.
Soy una especie de carta sin destinatario y sin remitente.
Soy el acertijo que nadie resuelve, un símbolo que nadie entiende.
El encripto del universo que no cumple ningún especial propósito en el lenguaje del cosmos.
Yo soy otra luz que se extingue por el millón que se encienden.
Yo soy el todo de mi nada, yo soy la nada del todo.-"

lunes, 6 de abril de 2015

"-Podría decirse que ya no me ataca ese estado de ansiedad por lo desconocido de mi futuro.
Ni que el pasado viene seguido a martillarme con recuerdos dolorosos.
O que mi presente está perfectamente maquillado de felicidad y plenitud para la ocasión.
Podría decirse que ya no me angustian los recuerdos, ni las memorias.
Que una especie de letargo sumerge mi alma en el sofisma de una paz que llegó por si sola y sin ser invitada.
Podría decirse que la lluvia no está más asociada a mis estados de tristeza o melancolía.
Que el sol no es más que una promesa optimista de la venida de buenos y mejores días.
Podría decirse que duermo tranquilo en las noches, que el insomnio dejó de poseer la energía de mi cuerpo, que ya no lo agobia con cansancio, ni lo amenaza con locura.
Podría decirse que me he acostumbrado al lado vacío de la cama, al frío de la madrugada.
A la erección matutina y a la continencia obligada de mis ganas.
Podría decirse que doy pasos adelante, aún sin la perspectiva clara de un horizonte.
Podría decirse que estoy listo, preparado para salir al mundo y gritarle unas cuantas verdades.
Podría decirse que en mi pecho remendado siguen latiendo los pedazos de este corazón herido.
Podría decirse tantas cosas, mentirle a mi esperanza, ilusionar mi fe, hacerle trampa a mis ganas de verte y hablarte, ponerle una carnada a mi deseo y lujuria para que despierten de aquel sueño de olvido y distancia.
Podría amasar un futuro brillante en mis manos, o "cranear" una conquista importante.
Podría incluso desviar lo recto de mis pasos y torcer el camino de mis paradigmas.
Podría tejerme una manta fina de preceptos nuevos, de ideas vanguardistas, que me muestren falsamente sofisticado.
Que refinen el maquillaje de mi propia estupidez.
Podría cantar, reír, bailar, ponerme esa careta de alegría en este penoso carnaval, al que llamamos vida.
Podría fingir que todo va bien, que el éxito supura por mis poros y que emana de mi una luz que penetra cualquier oscuridad.
Podría indicar con vehemencia que ya te olvidé, que no vas más, que te quedaste atrás, como el día de ayer, como la semana pasada, el mes pasado, el año pasado.
Podría levantarme de nuevo y andar mi camino, solo como he venido a este mundo.
Podría encontrarme con alguien de nuevo, y enamorarme y entregarle en administración el vacío de mi pecho.
Podría ser un hombre nuevo.
 Podría, pero no quiero.-"

miércoles, 25 de marzo de 2015

"-Me pregunto a veces, ¿quién hila nuestro destino?, ¿quien teje sus circunstancias?, ¿somos nosotros mismos?, ¿son nuestras elecciones?, ¿nuestras decisiones?.
¿Por que parece a veces que damos pasos en falso?
¿Tienen mis pasos un final cuando se acabe el camino?, ¿uno que no sea dejar de respirar y morir después de haberlo recorrido?.
Ver la lluvia cuando cae, gota a gota, o el sol que se refleja en los charcos.
Las nubes coronar las altas cumbres y el viento agitar las ramas de los árboles.
Ver la aves en el azul del cielo y los caballos correr raudos por las praderas.
Ver los tránsitos lunares y el titilar de lejanas estrellas.
Ver los colores del alba y de la tarde.
Ver mi rostro madurar y envejecer y mis ganas aumentar en la mocedad para declinar en la senectud.
Sentir el hambre empujando en mis entrañas y la sangre fluir por mis venas.
El palpitar de mi corazón alternándose con mi respiración.
Experimentar el agite que trae consigo la emoción o el miedo.
Sentir el dolor y el sufrimiento que trae consigo la enfermedad y el padecimiento.
Tener conciencia del pensamiento y el sentimiento, en constante conflicto de intereses.
Ser un montón de cosas que desplazas por el tiempo, por los años y los días.
Hacernos memoria en la vida de otros mientras existimos. Como una película que alguien más ve.
Tantos pasos dados en tantas direcciones.
Tantas personas visitando nuestro pequeño mundo, trayendo y dejando y algunas veces llevándose alguna porción nuestra.
El ir y venir de nuestra miseria humana, de una grandeza queriéndose equilibrar con la consciencia de sabernos aquí y ahora en el mismo instante que se colapsan y nacen las estrellas.
Somos ésa gota que cae en este inmenso océano, que se sumerge y se funde en las aguas de una relatividad que cruza el tiempo.
Somos ése rayo de luz que cruza el espacio, que se dobla y singulariza en la oscuridad del cosmos.
Somos poco, somos mucho, somos todo, somos nada. ¿somos? o ¿creemos serlo?.-"

domingo, 22 de marzo de 2015

"-Dicen que sus manos florecen de caricias en la primavera.
Que en la negrura de su cabellera se oculta el brillo de un millón de estrellas.
Dicen que su espalda es la geografía de masculinos deseos.
Y que su vientre guarda la promesa de muchos orgasmos en la madrugada.
Dicen que en sus labios, anidan besos que como pájaros se posan en el árbol que florece de amor en mi pecho.
Dicen que no camina, que flota y vuela en el abrazo mágico del entusiasmo y la alegría que dibuja en su sonrisa por las mañanas.
Dicen que sus caderas bailan una sensual danza bajo la blancura de inmaculadas sábanas.
Y que el sexo perfuma su piel, cada vez que le da rienda suelta a la lujuria que le hace repuja en el laberinto infinito que se hace cosmos entre sus piernas.
Dicen que la miel es el sabor de su bendita boca, y que en su pecho se fermenta una sabia materna que no tiene fecha de cosecha.
Dicen que muchas luces hacen fiesta en su mirada, como la más fina y espléndida de las noches estrelladas.
Dicen que cuando camina florecen los senderos con los ecos de sus pasos.
Dicen que su silueta baila con la sombra que proyecta a la luz de la tarde o bajo la luna llena, un tango apasionado y melancólico, que recita poesía en cada lírico movimiento de su cuerpo.
Dicen que el amor que guardas en su pecho tiene dueño, que sus labios los administran otros besos, que ha enajenado el calor de su piel y que una cama ajena es el exilio en el que se goza la juventud de su cuerpo.
Dicen que no tienes nombre, ni apellido, ni nación, ni bandera, que no eres de aquí o allá, que simplemente a donde quiera vas, libre y perfecta como el viento que agita su cabellera.
Dicen que su memoria es lo que escribe cada día, momento a momento, aquí y ahora, una historia sin tiempo.
Dicen que no hay cadenas que logren atarle, ni lazos, ni prisión que puedan retenerle, que es libre, que no le rinde cuentas a nadie.
Dicen tantas cosas de ti mujer, que a ciencia cierta, nadie logra con palabras descifrarte.
Sois el mismo acertijo del destino, que es imposible expresar matemáticamente.
No puede la física ni la química someterte más que a las leyes de los átomos, más ¿como pueden ellas definirte más allá del milagro biológico y cuántico?.
Dicen que te has hecho Dios, universo, singularidad, el principio y el fin de una locura personal.
Un "delirium tremens", una enfermedad mental, que le añades magnificencia a la simpleza de tu propia naturaleza.
Dicen que exageras tu pequeñez y que eso no te hace grande, solo te hace visible, ante la ceguera colectiva, que no ve en ti más que una parte y no la totalidad, que viene a particularizarte en toda tu generalidad.-"

lunes, 16 de marzo de 2015

"-Se apareció así de repente, como si nunca se hubiese ido.
Venía estrenando lozanía en su rostro y un diseño de sonrisa que no pagó la alegría de su ser; su capital nunca estuvo en su alma.
Vino exhibiendo sus cadenas, unas que tenía por todo el cuerpo, ella no las veía, yo las vi en el anillo de compromiso que traía puesto.
Dijo cuando se fue que sería libre, que no le pertenecería jamás a nadie.
Mintió, cambió de jaula, de prisión y carcelero.
Cree que pavoneándose en la bisutería de las cosas y las personas, se hace grande e invulnerable.
Cree que disfrazando su vacío nadie en ella verá la verdad que esconde.
Se hace la fuerte, la indolente, la dura y un montón de cosas que ella solo se cree, para darse aliento, para sobrevivir a la soberbia de todo y de todos.
Camina con paso firme para disimular que el mundo que lleva dentro se le cae a pedazos.
Unos anteojos oscuros ocultan su mirada, ésa con la que asesinaba en el pasado y que ahora no quiere que nadie vea, para que el brillo de sus ojos no siga delatando su tristeza interna.
Vino estrenando dueño, uno al que llama el amor de su vida, así como una vez dijo que era yo, lo mira y le estampa muchos besos en la boca, reafirmando su vasallaje.
Yo guardo silencio y veo que no cubre sus ojos para que no vean su mirada, sino que cubre la ceguera que le impide ver el pozo que cava y el lodo en que se revuelca a gusto, pensando que es libre, siendo una esclava.
Sigue siendo hermosa, gracias a la magia de éstos tiempos, en donde lo plástico endereza la flacidez que le añade el tiempo a tus carnes.
Pero noto entonces que se ha operado todo, menos el corazón, a ése el bisturí ni el botox lo penetran, se ha hecho de piedra, se ha calcificado de la misma superficialidad que recubre al mundo. De la misma artificialidad con que la vida nos engaña a todos, prometiéndonos un espacio en la memoria de los siglos.
Como si la estupidez tuviese ganado ya un espacio y un tiempo en la historia del universo.
Entiendo en ese momento entonces, cuan inútil fueron mis lágrimas, cuanto tiempo perdió mi corazón latiendo cada segundo por ella.
Llegó a mi la revelación tanto tiempo anhelada y que me negara su propio silencio e indiferencia.
No puede un corazón como el mío, ni por azar, ni por designio, estar atado o sujeto de manera alguna, a un corazón artificial, hueco, duro como una piedra. Y cuando menos las piedras al interior de los átomos que la componen vibra.
El de ella claramente era asistido por una máquina que la hizo tan fría como el invierno en el que habitaba con su cuerpo al otro lado del océano.-"
 

"-Muchas cosas guardó mi alma, muchas otras mi boca cuando intentó en vano hilar palabras para oídos sordos e indiferentes.
Mas aún respiraba mis pulmones el aire vacío que me heredaste en tu partida.
El silencio se hizo a un trono en el vacío que ocupó el espacio que allanaste con distancia física.
El tiempo se hizo más lento en su pesada relatividad, entre más dentro te sentía, más lejos tu te ibas, entre más te amaba, más te hacías a la repulsa de lo que fuera mío o se relacionara conmigo.
Y mientras te esperaba mi ser al final de la tarde, tus noches se fueron haciendo a la juerga de las luces de muchas estrellas.
Mi cama se fue haciendo desierto y la tuya se fue llenando de flores, jardín que regaron otros rocíos.
Yo seguí con los ojos puestos en el lejano horizonte, mientras los tuyos se saturaron de callejuelas, esquinas sombrías, olor a río, a paisaje antiguo. Lo nuevo para ti ya huele añejo.
Yo sentí que mis pasos eran más pesados que los pensamientos que acusan mi consciencia.
Tu en cambio olvidaste todas tus culpas, dejaste de cara al suelo tu pasado, sacudiste el polvo del remordimiento abrazando la auto indulgencia y la absolución en los besos de otra solícita boca.
Me quedé entonces con todas las ecuaciones sin resolver, con todos los acertijos no resueltos de ésta existencia, que pasa por demás, como insensata e ilógica.
Las respuestas reposan a tu lado, quizás en el suelo que recibe las ropas de las que te despojan cada noche, mientras las ganas ajenas de un clandestino, te estrujan y empujan sobre un ruidoso colchón desconocido.
Entonces ahora distraigo mi atención con las mentiras que me escupe la radio o la televisión.
Los libros son mi único consuelo y compañía y mi cama la tumba en la que sepulto cada noche mis más queridos sueños.
El insomnio me hace un "zombie", un muerto viviente que no concilia su pasado con su presente para darle un sentido al futuro que se pasa por enfrente pavoneando esperanzas.
Me sigo aferrando a una fe que fracasa en cada decepción recibida.
La soledad va ensanchando sus fronteras y los muros que fabrica se hacen infranqueables, para las pocas personas que logran interesarse en mi locura.
He decidido aceptar mi mala fortuna, a regañadientes y con el ardor que inflama mi pecho de rabia, me abro paso por entre la vida, tragándome todas las ganas de ser como todo el mundo, vacío e indiferente.
Soy una granada que amenaza detonación, una bomba que pronostica destrucción, una que el tiempo pospone en el reloj. 
Así entonces se escribe esta historia, con amagos de lluvia, sol calcinante de medio día, noches nubladas y frías.
Veranos abrazadoramente cortos e inviernos interminablemente fríos.
Este ha sido el adiós de todos los adioses, una despedida larga, un "hasta nunca" de todos los "para siempre".-"